lunes, 14 de septiembre de 2026

«Besar la cruz para establecer la paz»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


En Indonesia —que en estos días es mi casa— hoy se preconiza a Cristo crucificado con la fiesta de «La Exaltación de la Santa Cruz» que en México celebramos el 3 de mayo. Especialmente en Bandung, la capital de la provincia de Java Occidental, en done está la «Gereja Katolik Paroki Salib Suci» —Parroquia de la Santa Cruz—, un templo católico histórico vinculado a la presencia de la Orden de la Santa Cruz —Canónigos Regulares de la Orden de la Santa Cruz, OSC—. La presencia de estos religiosos, conocidos en algunos países como «crucíferos» se remonta al 9 de febrero de 1927 con la llegada de los tres primeros misioneros holandeses: el P. Jacobus Hubertus Gomans, el P. Yohannes de Rooy y el P. Marinus Nilessen quienes arribaron a las entonces Indias Orientales Neerlandesas y establecieron su centro de actividades en Bandung. En un país de mayoría musulmana, no podemos pensar en festividades de la Santa Cruz asociadas a la cultura popular o la construcción como ocurre en América Latina. La comunidad católica de la zona se concentra en una fiesta dando gracias a Dios por la redención de Cristo que une a todos los habitantes del mundo como un solo pueblo receptor de la salvación a pesar de las fronteras que el hombre multiplica dada vez más.

Cuando Juan Pablo II visitó estas islas del sudeste asiático, allá por 1989, voló de Indonesia a Timor Oriental, que en aquel entonces era una provincia indonesia. Al aterrizar en la isla —una zona bajo un fuerte conflicto y ocupación militar en ese momento—, Juan Pablo II besó una cruz colocada en la tierra y la apretó contra el suelo en lugar de besar, como ordinariamente lo hacía en los viajes, directamente el suelo. Este acto fue ampliamente interpretado como un símbolo de amor, respeto y profunda cercanía con el dolor y los padecimientos de una población que sufría por la búsqueda de una independencia pacífica que se alcanzó 2002. Aquel gesto de San Juan Pablo, de un simple beso a una cruz, trajo como consecuencia una relación entre Indonesia y Timor Oriental que hasta el día de hoy es sorprendentemente cordial, positiva y pragmática, con grandes ventajas políticas y de imagen internacional para las dos naciones.

El mensaje teológico del sufrimiento de Cristo en la Cruz todo lo abraza. San Juan Pablo II explicó, en aquella ya lejana visita, que el sufrimiento de los pueblos encuentra sentido en la Cruz de Cristo, la cual no es un símbolo de derrota permanente, sino el camino hacia la resurrección y la reconciliación. Exhortó a los habitantes a no responder al odio con odio y a ver la cruz como un recordatorio de que las fuerzas del amor y la justicia terminan venciendo las pruebas más difíciles. Este gesto histórico dejó claro al mundo que los cristianos no adoramos ni exaltamos una cruz vacía, sino en ella al crucificado. Pero hay que explicarlo nuevamente con acciones concretas como esta de aquel beso inolvidable, porque occidente ha hecho muchas veces de la cruz «un adorno» en los cuellos, muñecas y orejas de creyentes y no creyentes y eso distorsiona el amor. No exaltamos la cruz en la fiesta de hoy, sino al crucificado a cuyo pie estaba su Madre, la Magdalena, Juan y deberíamos estar cada uno de nosotros. Pidamos a la Virgen que nos ayude a comprender. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

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