sábado, 5 de septiembre de 2026

«Misioneros desde nuestro bautismo»... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Cuánto se nos ha hablado de que si no tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y quehacer nada tiene sentido! Leyendo el Evangelio de hoy (Lc 6,1-5) vuelvo a recordar esto porque no debemos perder de vista que la religión no solo son normas y leyes, formas externas y ritualismos que debemos de cumplir, sino dejar entrar a Dios en el corazón para hacerlo eso: ¡el centro de nuestro existir! No solamente los escribas y fariseos de valían de la religión para tranquilizar su conciencia mientras hacían de sus vidas espacios de egoísmo, soberbia y vanidad. ¡Qué diferente de esto es la vida de los santos y de los beatos que pasaron por el mundo dejando las huellas de Cristo! El cumplimiento de la ley por parte de los santos, los beatos y tantos venerables, se entiende desde su mirada con un tinte espiritual y moral especial, donde los mandamientos divinos reflejan el carácter santo de Dios y sirven como guía para su vida y la de nosotros, que buscamos imitarles.

Al contrario de estos hombres empecinados en las leyes por sí solas, la gente santa nos grita con su vida, sus obras y sus escritos: ¡Somos libres en Cristo! Me da gusto que esto coincida con un día muy especial que hemos vivido con más de 500 padres de familia, maestros, enfermeros y demás personal del sector salud de Surabaya, Madiun y otros lugares cercanos. En un ambiente de familia en la fe, vivimos una mañana que nadie queríamos que se terminara y en la que nos adentramos en el compromiso misionero que brota de nuestro bautismo acompañados por la vida y el ejemplo de la Beata María Inés Teresa como mujer contemporánea portadora de la fe. ¡Qué mañana tan sensacional! Jesús, obviamente, fue el centro de nuestro encuentro; Él es el que va marcando la pauta de lo que somos y de lo que podemos hacer como misioneros en el entorno de nuestra vida diaria. ¿Qué nos detiene para ser misioneros del diario vivir? ¿Por qué no podemos ejercer la tarea sencilla de escuchar, de acompañar, de animar, de alentar a vivir la fe a quienes no la han recibido o la han perdido? 

Esta mañana me llamó mucho la atención la pregunta de una chiquilla como de unos ocho años que, cuando la moderadora invitó al auditorio a hacer algunas preguntas, la niña interpeló con esto, sencillo y profundo a la vez: —¿Cómo hago para que mi papá no vaya a misa únicamente en las bodas y en los velorios? Yo quiero ser misionera en mi casa. Cristo, el Señor del sábado, nos invita a vivir diario con Él centrándonos en lo que es lo fundamental del seguimiento: el amor, la misericordia, la invitación, la escucha y por supuesto: el servicio. Pienso en María santísima, y en cómo ella, sencilla y humilde, nos puede ayudar. María se sometió a los mandatos de la Ley de Moisés, como el rito de la purificación tras el nacimiento de Jesús, la peregrinación a Jerusalén y seguro otras cosas más, pero no hizo de la Ley su centro ni se valió e ella para beneficio propio; pensó en nosotros para darnos vino bueno, el vino del amor y la misericordia de su Hijo Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

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