El Evangelio de hoy (Mateo 22,34-40), apenas a unos días —el lunes pasado— de haber celebrado la independencia de este maravilloso país, ilumina esta reflexión que comparto con mis 13 lectores. Porque hablar del alcance de una independencia es pensar en la solidaridad de un pueblo que, puesto en marcha, es hablar del alcance del Amor. Sí, el Amor con mayúsculas, que es Dios que, en el caso de la independencia que hace 81 años alcanzó esta nación, cuida de las garantías de libertad de sus hijos. Muchos misioneros pioneros como el jesuita holandés Frans van Lith transformaron la educación en estos lugares a principios del siglo XX. Otro, por amor a Dios y a todos, crearon escuelas abiertas a todas las etnias y religiones, formaron líderes que posteriormente organizarían el camino a la independencia y el nuevo Estado. Fueron aquellos misioneros, llenos de amor por Indonesia, quienes comprendieron pronto que la Iglesia no sobreviviría si seguía siendo europea.
En 1940, poco antes de la independencia, el Papa Pío XII nombró a Albertus Soegijapranata como el primer obispo nativo de Indonesia, quien con su testimonio de vida, desgastándose en el amor, fue un puente hacia la libertad. Impulsó a miles de jóvenes católicos a unirse a las milicias independentistas de Sukarno y trasladó su sede episcopal a Yogyakarta —la capital revolucionaria— para acompañar físicamente al gobierno republicano asediado. La Santa Sede, atenta a los informes de los misioneros que constataban la irreversibilidad del movimiento nacionalista, actuó con rapidez. En 1947, el Vaticano se convirtió en uno de los primeros Estados en reconocer oficialmente la independencia de Indonesia, ayudando a garantizar la libertad religiosa en un país de abrumadora mayoría musulmana, alejando a la Iglesia de los privilegios coloniales y forzándola a encarnarse en la cultura local. Esta historia de independencia nos deja ver que el amor a Dios y a los hermanos no puede separarse nuestro ser y quehacer como bautizados. Que María nos ayude a vivir amando. ¡Bendecido viernes!
Padre Alfredo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comenta aquí: