martes, 2 de junio de 2026

«Cracovia me recuerda la importancia de valorar la historia»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy el pensamiento no tiene nada de pequeños. Desde ayer estoy en Cracovia por primera vez en mi vida y no puedo escribir poco. Confieso que siempre soñé con conocer la tierra de mi queridísimo papa San Juan Pablo II, cuya cercanía en mis años de estudiante y de joven sacerdote me fue tan provechosa. Hoy con ayuda de Lorena, una chica española maravillosa y muy preparada, pude echarle un vistazo a la ciudad, sobre todo al casco antiguo, que es uno de los pocos lugares de Europa Central donde su trazado histórico se conserva prácticamente intacto. El lugar es fascinante por el castillo de Wawel, situado sobre la colina en donde está la cueva del dragón y desde donde se contempla una vista maravillosa de la ciudad con su impresionante río Vístula. Caminamos más de dos horas y media contemplando la inmensa y variopinta catedral, la Universidad Jaguelónica, una de las más valoradas de Europa y fundada en 1364 por el rey Casimiro III el Grande y en donde estudiaron Copérnico y San Juan Pablo II. Lorena me hizo recorrer más de 1,000 años de historia caminando hasta la plaza central para adentrarnos en el centro comercial techado más antiguo del mundo conocido como «La Lonja de los Paños», de donde mis queridas amigas Angie, Kathia y Lucía no hubieran salido con las manos vacías. De allí pasamos a admirar la basílica de Santa María, con el regalo de escuchar al trompetista que desde lo alto de una de las dos inmensas torres toca cada hora una melodía muy especial con un final trunco, que recuerda el arrebato de los nazis en las deportaciones hechas en esta ciudad que, por diversos motivos, no fue nunca bombardeada en la Segunda Guerra Mundial. El recorrido matutino lo terminé en la puerta de San Florián, la única entrada a la ciudad antigua  que se conserva original para luego ir al museo Czartoryski, donde pude admirar la famosa pintura de Da Vinci «La Dama del armiño».

Luego de comer en un «Bar de leche» —pequeños restaurantes típicos, decorados como casitas antiguas en donde cocinan abuelas y venden comita típica muy sana y sustanciosa— continué el recorrido al barrio judío de Kazimierz  para recorrer con calma, con ayuda de Jairo, un guía excepcional, esos lugares que hablan de aquella famosa película «La Lista de Schindler», pasando por el cementerio judío, varias sinagogas, plazas y lugares emblemáticos, incluido el famoso monumento de «Las Sillas Vacías», una impresionante obra de los arquitectos polacos Piotr Lewicki y Kazimierz Łatak, financiada, entre otros, por el director cinematográfico Roman Polanski para representar,  en el centro neurálgico del gueto de Cracovia —que llegó a albergar a más de 15,000 judíos— el lugar donde se hacía la selección de personas para su deportación a campos de exterminio. Las pertenencias son representadas por 33sillas grandes y 37 pequeñas, distribuidas en la plaza de los Héroes del Holocausto. El diseño de este lugar, con el que terminé prácticamente mi recorrido de la tarde luego de tres horas en las que recordé que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después, está inspirado en las memorias del farmacéutico Tadeusz Pankiewicz, quien documentó cómo, durante las deportaciones de 1941 a 1943, los nazis amontonaban los muebles y pertenencias de los judíos en esta misma plaza antes de llevárselos presos justificando cada deportación de una manera impresionante para acabar con todos. Las sillas representan la pérdida, la ausencia y el trágico destino de miles de personas cuya historia quedó grabada para siempre en este lugar que me ayudó a echar un vistazo y a meditar en el tremendo final de las vidas de tantas personas como San Maxilinao Kolbe y Santa Edith Stain —Santa Teresa Benedicto de la Cruz— en Auschwitz, a donde sabía que no podría ir. 

Ante todo esto y con el cansancio natural, al llegar a mi cuarto en la noche me pregunto: ¿Unas cosas vividas hace tanto sirven de algo en el mundo actual tan disperso y tan falto de aprecio por la historia? Y voy al pasaje de san Pedro en la primera lectura de hoy (2 Pe 3,12-15a.17-18)  para meditar cómo nos aconseja afrontar la espera de la venida del Señor de la Historia con palabras que siguen siendo actuales. Literalmente nos dice que... «no les arrastre el error de esa gente sin principios» ¿A caso hoy no estamos bombardeados por mensajes sin ningún tipo de principios y valores haciendo a un lado la historia? Poder, riqueza, violencia contra el otro, fama, éxito social...  Mensajes atrayentes que nos apartan de lo verdaderamente importante: Dios y su presencia junto al hombre en la tierra a lo largo de siglos y siglos. Mientras esperamos al Señor debemos valorar la historia y el paso por el mundo de todos nuestros hermanos que han dejado huella. Definitivamente las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras están siempre de plena actualidad, y seguirlas es la mejor manera de conseguir un mundo mejor que valore el pasado y proyecte, con ello, un futuro mejor.  Todos tenemos la oportunidad de ayudar a que el Reino de Dios quede grabado en el paso del hombre en tantas partes del mundo, y lo haremos a través de nuestras obras y de nuestra actitud como ciudadanos en medio de la sociedad en que vivimos dejando vestigios de fe, de valentía, de solidaridad. Recorrer la historia, como lo he hecho yo hoy en Cracovia, nos recuerda que en la vida no todo es blanco o negro, que hay una inmensa gama de grises y para todos, gracias a todos, hay lugar en este viaje de paso a la eternidad. Dios debe ser el centro de nuestra vida, nuestro pilar, pero vivimos en distintas sociedades en las que debemos cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos, dejando claro que nuestra conciencia deberá estar por encima de las injusticias de los hombres sabiendo que las cosas del alma están por encima de las del mundo. Ser buen cristiano implica ser buen ciudadano y amar la historia sin reñir con ella. Que María nos acompañe en el diario e histórico caminar. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario