Escribiendo a Timoteo (“ Tim 3,10-17), Pablo le dice: «Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia... [...] permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús». Mantenerse firmes en la fe dentro de una sociedad secular que poco a poco va sacando a Dios de la vida ordinaria puede ser un desafío, pero es posible seguir, cultivando una vida espiritual profunda y viviendo con propósito manteniendo firme el hilo conductor de la fe. Occidente, a diferencia de Oriente, se va desligando de la práctica de la religión. Incluso aquí, en la católica Polonia, destacan, en esta hermosa ciudad capital de nombre Varsovia, los grandes rascacielos, los más grandes de la unión europea, con sendos letreros de bancos en la parte superior, como gritando a todo el continente que el dios que impera es el «dios dinero». También aquí se siente, en las iglesias, retacadas en las misas diarias de estos días, la ausencia de adolescentes y jóvenes, que, seguramente seducidos por los nuevos principio doctrinales de incontables ideologías, se olvidan del Dios verdadero y lo van convirtiendo en el Dios desconocido.
Aunque históricamente más del 90% de la población se identificaba como católica, debido a tantas cosas que la historia de esta nación puede explicar con calma, las cifras, según me platican, han cambiado. En años recientes hay una considerable disminución en la práctica religiosa, especialmente entre los adolescentes y los jóvenes. Según los datos demográficos y del Instituto de Estadísticas de la Iglesia Católica de esta nación, si bien cerca de un 71% de los ciudadanos se identifica como católico, la asistencia los domingos y a la misa de entre semana ha bajado mucho, motivada por críticas sociales, escándalos institucionales y la secularización de la sociedad que es una cuestión global. Polonia no ha sido inmune a las escalofriantes tendencias continentales y de hecho, mundiales. Al igual que en otras naciones, los padres se preocupan cada vez menos por la educación religiosa de sus hijos. Todos sabemos que si la transmisión religiosa no tiene lugar en la casa, escuela o en la iglesia, se crea un vacío. En algunos círculos, conocer a una persona de fe profunda y devota se ha vuelto improbable. Los ambientes urbanos, jóvenes y bien educados están en gran medida secularizados. Pero hay una esperanza... en ello pensaba ayer tarde en que el sacerdote predicaba con gran efusividad y yo, lógicamente no entendía nada. La ausencia de fe no significa un vacío espiritual. Los no creyentes no carecen de convicciones; simplemente tienen una multitud de puntos de vista y entre todo eso está el Dios olvidado, el Dios hecho a un lado que en cualquier momento y sin que menos lo piensen, se puede hacer encontradizo. Que Nuestra Señora de Częstochowa, patrona de Polonia y llamada con cariño «la Virgen Negra» cuide de la fe de sus hijos y ayude a quienes han de dejarse alcanzar por su Hijo Jesús... yo mientras tanto empaco para continuar mi peregrinación a Lituania. ¡Bendecido viernes!
Padre Alfredo.
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