Es tradición que después de la misa de esta festividad se tenga una procesión y hoy no fue la excepción... ¡y vaya que caminamos! En poco más de dos horas y haciendo estaciones en tres altares elegidos de entre las 28 iglesias históricas del centro, recorrimos el casco antiguo de la ciudad —declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1994)
y pude constatar que Vilna es realmente una de las capitales más limpias, verdes y seguras de Europa. Su Casco Antiguo está muy conservado y destaca por el impecable cuidado de sus calles empedradas, sus fachadas históricas y sus numerosos espacios naturales. Además de una pulcritud impecable, gocé viendo el cielo sin contaminación alguna y sendos parques integrados por todas partes. ¿Por qué los europeos, aunque tiene fama de que no se bañan, tienen la mayoría de sus ciudades impecables? De verdad, en toda la procesión no se vio ni un papel tirado y mucho menos amontonadero de basura...eso sí, hay botes de basura por doquier... ¡igualito que en mi rancho!
Pues nada más y nada menos que, en este fantástico marco europeo, me tocó volver a celebrar esta festividad instituida por el Papa Urbano IV en 1264, encomendándole a Santo Tomás de Aquino un oficio completo, algunos de cuyos himnos y antífonas han pasado a la historia de la liturgia como la expresión teológica más alta de este misterio inefable de la Eucaristía, como el «Tantum Ergo» y el «Adoro te devote», que se pueden escuchar en Youtube. Y, aunque ya comenté el jueves sobre la solemnidad, quiero ahora recordar cómo el descubrir las raíces últimas, culturales y religiosas de este sacramento de la Iglesia, que se retrae a la última cena de Jesús con sus discípulos, nos sirve para hacer comunidad y nos centra en lo que debemos ser: «una copia fiel de Jesús», como decía la beata María Inés. Que María Santísima nos lleve a la Eucaristía, porque todo el deseo de la Madre es llevar a los hijos que Dios le ha dado al conocimiento total de Cristo. Y creo que no tenemos un conocimiento total de Cristo hasta que no descubramos plenamente lo que es la Eucaristía. ¡Bendecido domingo!
Padre Alfredo.
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