viernes, 26 de junio de 2026

«¿CÓMO ACTUAMOS ANTE LAS PRUEBAS?... Un pequeño pensamientop para hoy


Después de una visita relámpago a nuestra querida Casa Madre, cuna de la espiritualidad inesiana, por una junta de suma trascendencia en el camino de la obra de Madre Inés, voy, acompañado de Sylvia —coordinadora mundial de Van Clar— de regreso a «La Sultana del Norte». Antes de compartir mi reflexión aprovecho para decir que hay quienes me dicen que por qué a Monterrey no le digo «Selva de Cemento» como a la Ciudad de México. La verdad ese título lo merece únicamente mi querida CDMX porque nació cuando yo estaba e misión en esta bellísima tierra azteca. Monterrey es mi tierra natal, y es una megalópolis que quiero mucho y que de por sí, han de dispensar, tiene los edificios más altos de América Latina y montones de emblemáticos espacios de la arquitectura moderna. Me gusta más para ella el título de «La Ciudad de las Montañas», un poco menos afrentoso que el tradicional. 

Pero bueno, quiero volver más bien centrarme en el texto de El texto del segundo libro de los Reyes —capítulo 25, versos del 1 al 4— en el que, situándolo dentro de un contexto más amplio como es todo el capítulo 25 e incluso todo este libro completo, encontramos que no se trata de un libro histórico, aunque los hechos que se relatan en él sean hechos históricos, sino más bien de una reflexión teológica que muestra el significado espiritual de los hechos acaecidos. ¿Por qué esto? La historia de la Salvación que camina a la par de todo el resto de acontecimientos de la humanidad, se lee a la luz de la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel. Los hechos que se narran son consecuencia del comportamiento del pueblo que ha sustituido al Dios de la Alianza por una serie de dioses a su medida. La infidelidad y la idolatría son los pecados que han roto la Alianza con Yahvé, y que, hasta la fecha, son la causa de la ruina del hombre.

En el texto de hoy, el rey de Babilonia sitia Jerusalén, Sedequías rey de Judá, había desoído las advertencias y el modo de proceder propuesto por Jeremías, es apresado y torturado. Dentro de este mismo período se destruyen los símbolos del poder religioso y político:  el templo construido por Salomón y el palacio real. Casi nada queda del reino de Judá. La mayoría de sus habitantes sufre el exilio en Babilonia, durante 70 años, pero el invasor «dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores», quisa olvidados por ser de poca importancia. Eso hizo que ellos mantuvieran viva la promesa del pacto de Dios. El pueblo exiliado se fue purificado a través de los años fuera de su tierra. El pueblo fue entendiendo la dolorosa consecuencia de alejarse de Dios. Los judíos en el exilio aprendieron una lección y por eso lo traigo a colación. Porque nosotros, en las diversas pruebas que experimentamos en la vida, como las de aquel pueblo... ¿Cómo actuamos? ¿Crecemos en las pruebas? ¿Nos comportamos con el valor de los que se quedaron? Que la Virgen nos ayude. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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