lunes, 8 de junio de 2026

«ESCONDIDO EN EL CONFESIONARIO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Cómo resuenan en mi corazón unas frases del mandato que da Dios a Elías en la lectura de la misa de hoy lunes (1 Re 17,1-6): «vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer». Y es que a la luz de esto y tan lejos de casa, no puedo olvidar que soy misionero, misionero de Cristo por mi congregación religiosa y misionero de la misericordia, enviado por el Papa. Esta condición me hace vivir desinstalado... para algunos —incluso sacerdotes cercanos— como alguien errante, sin techo ni hogar; sin pertenencia, y tal vez sin un compromiso fijo en algún lugar. Quien no conoce la vida del misionero, le reprocha que no sea alguien estable y que asuma un compromiso fijo que lo ancle. Recuerdo que desde casi recién ordenado sacerdote, la madre Teresa Botello, sucesora de nuestra fundadora en el gobierno de las misioneras clarisas, me presentó ante un grupo de cardenales y obispos en Roma, en un evento de la universidad Lateranense y les dijo: «este es el padre Alfredo, ciudadano del mundo». Por eso me siento siempre conducido por la mano de Dios y seguro de qué como Elías, si atiendo a su voz que me envía, nunca me faltaba nada.

Hoy sigo en Lituania, en esta bellísima ciudad de Vilnus, conocida como la ciudad de la misericordia porque aquí se encuentra la casa —que todavía no conozco— en la que vivió Santa Faustina Kowalska y la imagen original de la divina misericordia ante la que ayer pude orar pidiendo por todos. Esta imagen es la auténtica, pintada en 1934 por Eugeniusz Kazimirowski, bajo la supervisión directa de la misma santa y su confesor, aunque es más famosa la que está en Cracovia que fue pintadas después de la muerte de Faustina. Pero en estos días estoy más bien «escondido» en la parte de atrás de donde se desarrolla el congreso o en mi confesionario asignado en Catedral para escuchar en inglés, en italiano y en español, a quienes buscan la misericordia de Dios... ¡aunque quisiera hablar todas las lenguas del mundo para seguir dispensando el perdón! No puedo olvidar al Papa Francisco, cuando, en Santa María la Mayor, recién instituido —como ya lo he platicado muchas veces— al darme la bendición, para irme a África me dijo con insistencia: ¡Confiesa mucho confiesa mucho... perdona mucho! Por eso el Señor suele «esconderme» en los confesionarios. 

Por otra parte, y más adelante, la lectura dice que los cuervos le llevaban a Elías pan y carne por la mañana y que él bebía con tranquilidad del torrente de agua. ¿Con qué dinero viaja un misionero? A veces hasta los más cercanos me cuestionan y uno que otro, sin saber cómo vivo, quisiera hacer alguna auditoría especial. Andando en las encomiendas misioneras vivo con lo que me dan por aquí y por allá. Duermo a veces en los mejores lugares y otras en estaciones de trenes, aeropuertos o centrales de autobuses. Me alimento, como hoy, de alguna ensalada de una tienda de conveniencia, como a veces con alguna familia que me invita y otras veces en restaurantes «de caché» siempre cosas que no me hagan daño. Traigo a veces suficiente money y otras veces rasco por aquí y por allá. Viajo muchas veces en la última clase de los aviones, en trenes de segunda y camiones de tercera y una que otra vez, gracias a boletos regalados o a millas acumuladas en un mejor asiento. algo que no me haga daño y ciertamente el señor llega de una manera maravillosa. ¿Se pueden imaginar que ayer en el congreso me tocó salmón y ensalada? El misionero vive de la misericordia anunciando el perdón y denunciando el pecado. Por eso Dios cuida de él de una manera sorprendente, como cuidó de Elías. Qué hermoso que de este congreso quede en todos por lo menos una chispita de la Divina Misericordia. Seguro la Virgen nos ayudará porque ella, por lo menos en mi caso, no se me despega nunca. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

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