Desde acá, viendo todo esto pienso en mi México lindo y querido, en donde por angas o mangas se va recobrando, poco a poco, el amor a Jesús Eucaristía que, en años anteriores parecía desvanecerse. Orando en los dos templos en donde hoy puede hacer un rato de adoración ante Jesús expuesto en la Custodia, me venían dos preguntas: ¿Asumo como sacerdote misionero el enorme compromiso que significa en este sentido la Eucaristía para hacer la transubstanciación, recibirla y repartirla a mis hermanos? Y luego ua pregunta para todos: ¿Somos capaces como bautizados, de ser para quienes por distintos motivos no pueden acercarse a comulgar, lo que Jesús es para nosotros: Pan que alimenta y alienta, Vino que alegra el corazón, abrazo de Padre tierno y misericordioso, consuelo del Espíritu que nos hace familia y esperanza del cielo que no defrauda?
Al terminar el día, y luego de pasar en mi recorrido a pie a la Catedral de Campo del Ejército Polaco, en el distrito de Śródmieście, en donde en cientos de placas aparecen recordando a los soldados caídos en las guerras, puedo decir, con una mano en el corazón, que la Eucaristía es para nosotros, cristianos, el motor —como dice Madre Inés— de nuestro compromiso en la transformación del mundo. Parecería, a simple vista, que en esta época ensordecida por el materialismo y el hedonismo exagerados, Jesús Eucaristía duerme, pero, en medio de la tormenta, él abre los ojos como en aquel episodio de la barca, porque va con nosotros y es el Piloto. Ahora me voy a descansar porque mañana me espera un día para aprender más y para orar más. Es que, estando solito en este viaje, me encuentro mucho con Dios, con su Madre santísima y conmigo mismo y eso, eso hace mucho bien. Con razón los santos amaban el silencio. ¡Bendecido jueves, fiesta de Corpus Christi!
Padre Alfredo.
P.D. El domingo volveré a celebrar la fiesta de Corpus Christi, porque en Lituania se celebra el domingo como en otras partes del mundo.
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