El trabajo es una parte necesaria de la vida en la tierra que brinda el medio de proveer para toda familia. Dios requiere que los padres y las madres de familia provean para sus hijos. El padre y la madre, como compañeros iguales, en una sociedad en constante desarrollo, están obligados a ayudarse el uno al otro.
El privilegio de trabajar es un don, el poder trabajar es una bendición y el amor por el trabajo es un reflejo de la gratitud que debe estar grabada en el corazón. Desde el inicio de la creación, según narra el libro del Génesis, el Señor le mandó a Adán que cultivara la tierra, ejerciera dominio sobre las bestias del campo y se ganara el pan con el sudor de la frente.
Jesús, en el Evangelio, es conocido como el hijo del carpintero y él mismo aparece como carpintero —«tekton» en griego, que se traduce también como obrero—. De esta manera se entiende que él pasó la mayor parte de su vida en la tierra como artesano en Nazaret, lo que convierte al trabajo en una actividad bendecida y un medio de santificación.
Es evidente que Cristo no pudo haber trabajado solo, junto a él y a José su padre en la tierra, debe haber habido otras personas que, como ellos, desempeñaban un trabajo determinado que les llevaba a asociarse libremente por razón de sus ocupaciones, a fin de que se les garantizaran todos los bienes a los que el trabajo debe dirigirse. La unidad, la solidaridad, la asociación, es uno de los derechos fundamentales de la persona, del derecho del hombre en cuanto sujeto propio del trabajo que «dominando» la tierra —por usar palabras bíblicas— cabalmente por medio del trabajo; quiere al mismo tiempo que en el ambiente de trabajo y en la relación con éste, la vida humana en la tierra «sea verdaderamente humana» y «cada vez más humana» como afirmaba el recordado San Juan Pablo II.
Los sindicatos, ustedes lo saben bien, tienen una historia bastante larga. Pienso que cada uno de ustedes tienen claros los deberes que comporta ser miembro de un sindicato y que son de una enorme importancia. El sindicato les ayuda a velar por la necesidad de que queden plenamente garantizadas la dignidad y eficiencia del trabajo humano a través del respeto de todos los derechos personales, familiares y sociales de cada hombre, el cual es agente de trabajo. En este sentido dichos deberes tienen un significado fundamental para la vida de toda la sociedad y en concreto, en este caso, de nuestro municipio para el bien común de todas las familias.
En este encuentro con ustedes, que en los últimos años el Buen Dios me ha permitido tener para expresar el acompañamiento que la fe quiere dar a cada uno y a cada una, deseo además de saludarlos, invitarlos a orar juntos, a dar gracias al Creador y a pedirle que los siga guiando por la justicia y el amor, dejándose guiar por el bien de San Nicolás. Les invito a que de forma libre, quienes gusten se pongan de pie y me acompañen desde lo más hondo de su corazón con la oración que muchos, desde nuestras distintas confesiones cristianas conocemos y nos une en una especie de sindicato de los hijos de Dios: Padrenuestro...
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