HERMANA ESTELA GONZALEZ ALMARÁS... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo
El 11 de abril de este 2022 falleció la hermana Misionera Clarisa Estela González, una misionera que pasó gran parte de su vida consagrada en los Estados Unidos y a quien conocí en 1984 y seguí viendo en múltiples ocasiones hasta hace 4 años. En estas líneas quiero compartir con ustedes, basado en la crónica de su vida que hacen nuestras hermanas cuando una de ellas fallece, algo de su vida.
La hermana Estela, cuyo nombre completo es María Estela Guadalupe González Almaraz, nació en Monterrey, Nuevo León, México el 11 de diciembre de 1940 y fue miembro de una familia católica en donde aprendió los valores de la vida cristiana que supo siempre desarrollar en su vida consagrada y en los que su familia de sangre vive hasta la fecha. Tengo el gusto de conocer a dos de sus hermanas yen especial a su sobrino sacerdote Anuar, un buen amigo que ejerce su ministerio como párroco en la arquidiócesis de Monterrey.
Estela ingresó a la comunidad de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 19 de marzo de 1960 en Cuernavaca Morelos, México, en donde se encuentra la Casa Madre de la comunidad y en donde fue recibida por la Madre Teresa Botello Uribe —fiel colaboradora de la madre fundadora y de feliz memoria también— y allí mismo, el 27 de febrero del año siguiente, 1961, inició su etapa de noviciado para luego profesar los votos de pobreza, castidad y obediencia de manera temporal el 15 de agosto de 1963. Tanto su inicio de noviciado, como su profesión perpetua, las hizo ante la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fundadora y superiora general de la congregación.
Inmediatamente después de hacer su profesión temporal, fue enviada los Estados Unidos en donde desde 1965 hasta 1975 fue maestra en la escuela de la parroquia de Santa Bárbara. De 1975 a 1982 fue maestra de primaria en la escuela Nuestra Señora Auxilio de los cristianos en Los Ángeles, California y a partir de 1984 fue directora de la misma hasta que en 1994 recibió su cambio a la ciudad de Roma, Italia para colaborar en diversas actividades de casa —tarea a la que la beata María Inés llamaba «vida de Nazareth».
Yo la conocí cuando era directora de la escuela de Nuestra Señora Auxilio de los cristianos. Recuerdo que en mi primer visita a Los Ángeles ella me enseñó la escuela con lujo de detalles y con el amor que le caracterizaba a las encomiendas que le daban. Le dio mucho gusto saber que yo era su paisano y que era amigo de su hermana Cecy. Yo en ese entonces me disponía a continuar mi formación como novicio en Roma, Italia. Esa vez compartí con ella y con la comunidad de esa casa de Los Ángeles que ya no existe, un día de visita que dejó, como siempre que visito a mis hermanas Misioneras Clarisas, una gran enseñanza y el gozo de compartir el gozo de vivir la vocación a la vida consagrada.
En el año de 1996, la hermana Estela se incorporó a la comunidad de Misioneras Clarisas en Monterrey, Nuevo León su tierra natal, para colaborar en el Colegio Isabel La Católica. Allí también la traté en varias ocasiones. En el año 20000 regresó nuevamente a la escuela Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos y permaneció allí hasta el año 2009 cuando se cerró la comunidad de los Ángeles y fue asignada a la comunidad de Sylmar allí mismo en California, para realizar diversos trabajos de traducción de español al inglés. Allí también hizo mucho apostolado, pues se dedicó a la catequesis de adultos.
Fue una hermana muy culta, muy educada, muy humilde y sencilla. Podemos decir que fue un alma que contagiaba de alegría a quienes estaban a su alrededor gracias a su carácter y a su perene alegría. En todos los lugares de misión se distinguió por ser una mujer muy trabajadora, generosa y responsable en todo lo que se le encomendaba, aunque gran parte de su vida la dedicó a la enseñanza de la niñez y la juventud. Sus compañeros maestros, los padres de familia y los diversos colaboradores la querían mucho por las «puntadas» que se le venían. La expresión «puntada», se utiliza en Monterrey para referirse a una frase coloquial como comentario o acción ingeniosa, divertida o inesperada.
Precisamente, en Monterrey, muchas exalumnas del colegio Isabel La Católica recuerdan a Estela por su destacada colaboración en la coordinación del departamento de inglés, donde, en inglés o en español, no perdía la oportunidad de dar buenos consejos, de estar al pendiente de la vida de fe de quienes colaboraban con ella dejando en todas las almas un mensaje de paz en una alegre convivencia.
Ciertamente, a pesar de ser tan ocurrente y amena, era una mujer de carácter fuerte y decidido que empleó para salir adelante en todo lo que se le pedía, combinando esto con su nobleza de corazón, sencillez y espontaneidad, cosa que le ayudó a conquistar muchos corazones y a dejar en ellos «el dulce olor de Cristo» (2 Cor 2,15).
Las hermanas más jóvenes de las Misioneras Clarisas que en sus últimos años convivieron con ella, contaban que las llenaba de alegría y les dejaba un testimonio de amor y gozo por su consagración de vida que transmitía por medio de su sonrisa siempre auténtica.
Mientras le fue posible enseñó a las hermanas y en especial a un servidor en mis años en California, lo que ella había aprendido como docente. Como sacerdote, a la hora de la predicación, pude aplicar mucho de eso. En especial recuerdo como con sencillez me enseñaba incluso las «bad words» en inglés, para que los jóvenes de la parroquia no me agarraran en curva con el uso de esas palabrotas, que solo me sabía en español como buen regio.
Como sacerdote, conocí mucho de lo que había en su corazón de mujer consagrada. Manifestaba siempre un profundo amor a Nuestro Señor y fielmente se esmeraba por no descuidar sus deberes como religiosa manteniéndose siempre fiel en su vida sacramental y en sus unión a Jesús eucaristía, especialmente en las horas de adoración al Santísimo Sacramento. Gustaba mucho de rezar el santo rosario de escuchar diversas reflexiones.
Ya mayor y habiendo sido alcanzada por la enfermedad, ofrecía todo y sufría las consecuencias de la enfermedad con paciencia. En su enfermedad fue dócil y humilde a las indicaciones que le daban los médicos y las hermanas responsables del cuidado de su salud. La diabetes fue su compañera por varios años y a pesar de que se fue agravando, se esforzaba por estar en todos los actos de comunidad. Su sobrino sacerdote, el buen Anuar, que vive en Monterrey, pudo viajar para verla en sus últimos días y agradecerle tantas y tantas oraciones que por él hacía.
Su salud empezó a declinar a partir del año 2019, cuando tenía que ser constantemente internada en el hospital o en casas de convalecencia para recibir una mejor atención médica. En todo momento fue atendida por las hermanas a quienes recibía siempre con la alegría y sencillez que la caracterizaban. Así fueron sus tras últimso años de vida hasta que el domingo 3 de abril del 2022, en medio de la pandemia que azotaba al mundo, avisaron a las hermanas del hospital Católico de San José de la ciudad de Burbank en california, que su estado de salud era delicado. El día 11 por la mañana tuvo una muy leve mejoría y por la tarde de ese mismo día le empezó a bajar considerablemente la presión arterial y le faltó el oxígeno.
Acompañada de familiares y hermanas de la comunidad, mientras rezaban con ella y cantaban a la Virgen el canto «Un día yo iré, al cielo patria mía» abrió sus ojos y miró hacia arriba sin parpadear y con una mirada llena de luz. Después del canto rezaron con ella la coronilla a la divina misericordia y se le fueron cerrando los ojos lentamente hasta quedar como dormida.
Confiamos en que la hermana Estela, por su vida hecha donación con alegría, haya entrado en la luz gozosa de Dios, en la casa del Padre y, con su ejemplo de vida, sintámonos nosotros llamados a trabajar para que nuestra vida sea realmente luminosa como la de ella, llena de la luz del amor, de apertura, de atención a los demás, porque solamente así habrá merecido la pena —ante Dios, ante los demás hombres, ante nosotros mismos— haber vivido.
Padre Alfredo.
Este video que se muestra a continuación, muestra a la hermana Estela en sus últimos años de vida. ¡Vale la pena verlo!
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