domingo, 22 de abril de 2018

«Escuchar, discernir, vivir»... Un pequeño pensamiento para hoy

La Pascua es un tiempo para entender y celebrar mejor el Misterio de Cristo que sigue vivo en nuestra historia. Cada celebración de estos días con sus textos, oraciones, cantos, lecturas y predicación, nos van conduciendo por la acción del Espíritu Santo a la profundidad de la vida de Jesús que vive en la Eucaristía. Las imágenes que nos hacen entender mejor a Jesucristo en este tiempo litúrgico se multiplican. Hoy, por ejemplo, Pedro, valientemente en la primera lectura (Hch 4,8-12) ante las autoridades, compara a Cristo a la piedra que los arquitectos habían desechado y que se ha convertido en piedra angular. Hoy tenemos el salmo más pascual de todo el salterio, el 117 que dice: «Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna...» y anuncia precisamente lo de la piedra desechada que luego se convierte en principal. Él es el apoyo en donde nos sostenemos todos. El gran fundamento de nuestra fe, de toda nuestra vida cristiana y además, como Juan nos lo recuerda (Jn 10,11-18): el «Buen Pastor». 

«Teniendo un Hijo único, lo hizo el Padre Hijo del Hombre —dice san Agustín— para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios». Y este regalo es el que celebramos cada domingo en torno al Buen Pastor que vine a darnos vida en la Eucaristía. La garantía de nuestra salvación está en el Corazón de Jesús Eucaristía, que, como Buen Pastor, sigue dando su vida por sus ovejas. Nos amó y se entregó por nosotros (Ef 2,4) y ahora vive inmortal y glorioso. Cada año, en el IV domingo de Pascua, leemos, en pasajes distintos, el capítulo 10 de Juan y pedimos por las vocaciones. El Papa nos da un mensaje vocacional. Este año el Santo Padre destaca que hay que escuchar, discernir y vivir la llamada del Señor. Jesús conoce a quien llama. Le escuchamos para conocerle mejor; su conocimiento es creativo y personalizador a la vez. La escucha de Jesús nos convierte en hombres nuevos y verdaderos, porque su conocimiento implica donación personal, compromiso, presencia, comunión de vida... (cf. 1 Jn 1, 3; Jn 14, 19). En realidad, la escucha al Señor que, como Buen Pastor nos acompaña dando su vida, es primordial para poder seguirle y serle fiel en cualquier vocación. 

El Papa insiste también en el tema del discernimiento. Hemos oído muchas veces a Jesús decirnos: «Yo soy el Buen Pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre» (Jn 10,14-15). La relación interpersonal se da solamente después de hacer un discernimiento que sitúa al creyente en la órbita de conocimiento y amor existente entre el Padre y el Hijo. Reconocer a Cristo y a su Iglesia en la realidad escondida de su ser, solamente puede ser un don del Pastor que dio su vida para que sus ovejas lleguen a ese encuentro personal con el Padre, y ese don que llamamos fe, se adquiere con el discernimiento. Es luego de discernir y optar por seguir a Cristo, que el discípulo–misionero del buen Pastor, responde al llamado viviendo y dando la vida, tratando de imitar al Maestro. No será nunca suficiente admirar las virtudes de Cristo como Buen Pastor, si nosotros no vivimos realmente preocupados por escucharle, discernir y vivir en él. En este domingo del Buen Pastor todos debemos hacer el propósito de hacer de nuestra vida una vida generosa y comprometida, ——religiosa y socialmente— con el mundo en el que vivimos. Si no lo hacemos así, no estaremos celebrando cristianamente el domingo del Buen Pastor. Pidamos a la Santísima Virgen que nos lleve siempre al corazón de Cristo, la «Piedra Angular», el «Buen Pastor». Yo me aprovecho de este día de las vocaciones para pedirles una oración por mí y mis hermanos sacerdotes, por todos los consagrados y por quienes están en proceso vocacional. Ayer me enteré de que en Puebla asesinaron a otro sacerdote. Grande la misión que nos ha encomendado el Señor, y muy frágiles en muchas ocasiones nuestras fuerzas y nuestro ser. Pero me alienta Jesús en la frase que siempre ha motivado mi vocación: «A mí nadie me quita la vida, yo la doy porque quiero» (Jn 10,18). ¡Feliz domingo del Buen Pastor! 

Padre Alfredo.

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