viernes, 13 de abril de 2018

«GAUDETE ET EXULTATE»... La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco!


Acabo de terminar de leer a media mañana la tercera exhortación apostólica de Francisco —como le gusta al Papa que le llamen—. Se trata de un documento fechado el 19 de marzo de 2018, solemnidad de san José y publicado el 9 de abril y con el tema del llamado a la santidad en el mundo actual, cuestión que está en el corazón del pontificado del Santo Padre desde el comienzo.

El Papa, apenas iniciando el texto, aclara que no quiere hacer un «tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación», sino «hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades» (GE 2). Y en este sentido espera que sus «páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad» (GE 177)... ¡Y vaya que lo logra!, por lo menos en mí, porque me ha encantado todo lo escrito para aprovecharlo en mi proceso de conversión como tema de meditación y crecimiento espiritual.

La Exhortación es una guía para alcanzar la santidad en nuestro tiempo. Expone, con sencillez, que la santidad debe buscarse en la vida ordinaria y entre las personas que nos están cerca, no en modelos ideales, abstractos o sobrehumanos. El documento consta de 177 números distribuidos en cinco capítulos: El Llamado a la santidad, Dos sutiles enemigos de la santidad, A la luz del Maestro, Algunas notas de la santidad en el mundo actual, y Combate, vigilancia y discernimiento. Entre otras cosas, me gustan las referencias que hace a vidas de santos de ayer y de hoy; en especial a mi querida amiga santa Teresita del Niño Jesús, recordando su camino hacia la santidad. Se que el Papa lleva consigo sus escritos durante sus viajes apostólicos y canonizó a los papás de ésta, la santita predilecta de Madre Inés. Habla del Cura de Ars y del cura Brochero; de Teresa de Calcuta, de san Ignacio y otros más, mezclándolos con los papás que crían con tanto amor a sus hijos, con los hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, con los enfermos que ofrecen sus vidas, con las religiosas ancianas que siguen sonriendo. Así, nos enseña el valor de la santidad «de la puerta de al lado» (GE 6), de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad» (GE 7).

En medio del documento, se detiene con calma en cada frase de las bienaventuranzas en el texto de san Mateo y las comenta, presentando así una santidad simplemente evangélica, sine glossa y sin excusas: «El Señor nos dejó bien claro —afirma— que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas» (GE 97). Y así rehúye una espiritualidad abstracta que separa la oración de la acción o que, por el contrario, nivela todo a la dimensión mundana. El Papa es consciente de que esta santidad hay que vivirla en medio de un mundo globalizado en el que se manifiesta una gama de riesgos y límites que hay que esquivar: «la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual» (GE 111). Nos habla, en esta linea, del peligro del gnosticismo, creyendo que porque sabemos algo o podemos explicarlo con una determinada lógica, ya somos santos, perfectos y el pelagianismo que lleva a algunos a someter la vida de la gracia solamente a las estructuras humanas (GE 33).

En fin, esta exhortación del Papa Francisco es un documento que anima a todos los cristianos a dejar que los valores de la santidad, sean los guías de nuestras vidas ante los riesgos, desafíos y oportunidades que presenta el mundo actual luchando contra las adversidades y asechanzas del enemigo y haciendo siempre un buen discernimiento. Vale la pena leer estas páginas que hablan de una santidad que no supone necesariamente los grandes milagros y la veneración en los altares. Un valioso escrito que muestra que la santidad es la opción comprometida por Dios en cada una de nuestras vidas; un compromiso y sacrificio lleno de amor y alegría, que es la clave para la fructificación de un mundo más justo y cercano a Dios en donde la primera que nos muestra como debe ser este caminar en la santidad, es la Virgen María.


Padre Alfredo.

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