lunes, 29 de octubre de 2018

CARTA DE LOS PADRES SINODALES A LOS JÓVENES...


Los Padres sinodales, al terminar la Misa de clausura del Sínodo de los Obispos ayer 28 de octubre de 2018, dirigen una carta a los jóvenes de todo el mundo dándoles una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días, reunidos para escuchar la voz de Jesús, «el Cristo eternamente joven», los padres sinodales han escuchado, estudiado y hablado en nombre de la Iglesia encabezados por el Vicario de Cristo con el tema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Comparto con mucho gusto el texto que nos dejan en esta carta como preámbulo para el documento final que, seguramente, es de una gran riqueza no solo para los jóvenes, sino para toda la Iglesia y el mundo, según he podido empezar a leer.

«Conocemos sus búsquedas interiores, sus alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que les inquietan. Deseamos que ahora puedan escuchar una palabra nuestra: queremos ayudarlos en sus alegrías para que sus esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguros que están dispuestos a entregarse con sus ganas de vivir para que sus sueños se hagan realidad en su existencia y en la historia humana.

Que nuestras debilidades no los desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder su confianza. La Iglesia es su madre, no los abandona y está dispuesta a acompañarlos por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo.

Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, ustedes deben ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia.
 
Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de ustedes y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos–misioneros.

La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de su entusiasmo. Háganse compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida.

Son el presente, sean el futuro más luminoso.

Roma, 28 octubre 2018»

No hay comentarios:

Publicar un comentario