domingo, 14 de octubre de 2018

«Sueños»... Un pequeño pensamiento para hoy


Cada domingo, los católicos nos reunimos alrededor del altar para celebrar nuestra fe. Celebramos el amor de Dios, que se nos da en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía, según nos indica la Instrucción General del Misal Romano. Tanto la Palabra, como la Eucaristía, se hacen, cada ocho días en especial, alimento para nuestras vidas. Cada domingo comulgamos el Cuerpo de Cristo, pero primero, es necesario escuchar la palabra de Dios y dejar que llegue hasta el fondo de nuestra vida. Es la palabra de Dios la que nos cambia, la que nos llama y nos hace capaces de seguir a Jesús. Muchos de ustedes saben que me encanta leer, y leer no solamente la Biblia, sino todo lo referente a ella y muchas otras cosas más. Entre mis lecturas favoritas, por muchos años, han estado los libros del cardenal Carlo María Martini, quien por muchos años fuera arzobispo de Milán, hasta que murió el 31 de agosto de 2012. Un gran hombre, un gran jesuita, eminente biblista y excelente obispo; un gran regalo para la Iglesia y para el mundo del que mucho aprendí y sigo aún aprendiendo al leer sus obras, algunas de las cuales he comentado en el blog —lecturaymusicaparaelalma.blogspot.com—. 

Hace unos años, allá por los 90´s, en el transcurso de uno de los sínodos sobre Europa, tuvieron mucho eco lo que él llamó «mis tres sueños». Uno de sus sueños que se refería a la Palabra de Dios viene ahora a mi mente al leer de nueva cuenta la partecita tan corta de la carta a los Hebreos que la Liturgia de la Palabra nos pone hoy como segunda lectura (Heb 4,12-13): «Sueño que la Biblia se convierta en el libro del futuro para el continente europeo, especialmente para los jóvenes». Junto a esto, me viene también el recordar unas palabras de la teóloga española Dolores Aleixandre, esa religiosa del Sagrado Corazón, teóloga y licenciada en filología bíblica que soñó también algo que tiene que ver con la mesa de la palabra y nos dice: «Sucederá aquel día que en la Iglesia se escucharán con alegría las voces nuevas de los que llevaban tantos siglos de silencio: la voz de los pobres y la voz de los pequeños, la voz de los que saben amar, la voz de las mujeres, la voz de los laicos». En su reflexión, Dolores Aleixandre nos invita, desde la Palabra de Dios, a «soltar lo accesorio» y buscar lo esencial, el Evangelio y la «buena nueva» que, a la luz de la Palabra, la visita de Dios permanente en nuestras vidas, nos trae y dice: «Quiero “místicos en la plaza” o en el café, más “expertos en humanidad” cercanos de la gente». El Papa Francisco, en una de sus audiencias (23 de octubre de 2013) decía a la multitud: «No tengamos miedo a ser santos. Todos estamos llamados a la santidad, que no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu, en confiar en su acción que nos lleva a vivir en la caridad, a realizar todo con alegría y humildad, para mayor gloria de Dios y bien del prójimo». 

Estos días, en Roma, se celebra el «Sínodo sobre los jóvenes». En la homilía de la Misa de apertura, el Papa Francisco, pidió poner este tiempo de gracia bajo la materna protección de la Virgen María y exclamó: «Que ella, mujer de la escucha y la memoria, nos acompañe a reconocer las huellas del Espíritu para que, “sin demora” (cf. Lc 1,39), entre los sueños y esperanzas, acompañemos y estimulemos a nuestros jóvenes para que no dejen de profetizar. Y es que, como dice esta lectura de hoy que junto al libro de la Sabiduría (Sap 7,7-11) y al Evangelio de Marcos (Mc 10,17-30) constituyen el alimento de la Palabra que hoy domingo recibimos: «La Palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón» (Heb 4,12). Esta afirmación del autor de la carta a los Hebreos es una buena síntesis del papel de la Palabra en la vida del discípulo–misionero de Cristo y, por tanto, en la vida de la comunidad (en la liturgia). A nosotros, como también a la comunidad a la que iba dirigida la carta, la Palabra debe estimularnos a tener una existencia cristiana según Jesús nos a tantos jóvenes «amodorraos» que fueron bautizados, que de pequeñitos fueron al cetcismo, que hicieron su Primera Comunión y que se han esfumado de la escena eclesial. El Papa Francisco sueña con que esa Palabra, que siempre la tenemos a nuestro alcance (en la lectura pública y particular de la Biblia que los jóvenes ahora pueden traer en su Smartphone). Me quedo con unas palabras suyas que pronunció en el 2014 y que me invitan a soñar a mí también y a seguir orando por el éxito de este Sínodo y por tantos y tantos jóvenes que «un poco adormilados» en la vivencia de su fe, son esperanza del futuro de la Iglesia: «No es posible oír esta Palabra y permanecer en el propio lugar, quedarse bloqueados en las propias costumbres. Ella nos empuja a vencer el egoísmo que tenemos en el corazón para seguir con decisión aquel Maestro que ha dado la vida por sus amigos». ¡Bendecido domingo celebrando a siete nuevos santos en la Iglesia: San Pablo VI, San Óscar Romero, San Francesco Spinelli, San Nunzio Sulprizio, Vincenzo Romano, Santa María Katharina Kasper y Santa Nazaria Ignacia March Mesa! 

Padre Alfredo.

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