viernes, 7 de septiembre de 2018

«Vino nuevo, odres nuevos para ser fieles»... UN pequeño pensamiento para hoy

El camino de seguimiento de Cristo, supone siempre discernimiento, fidelidad, perseverancia y una formación continua, sea la vocación específica que sea la que se haya elegido. Los misterios de Dios Padre, han sido entregados a todo fiel discípulo–misionero de su Hijo Jesús que se deje guiar por el Espíritu Santo para que, por medio suyo, como enviado, lleguen en actitud de servicio desinteresado a todos. Esto nos lo recuerda san Pablo en la primera lectura de la Misa: «Procuren que todos nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios» (1 Cor 4,1-5). Cada día —y esto es indiscutible— el cristiano de hoy, que como decía Karl Ranher, «debe ser un místico o no subsiste», enfrenta una situación espiritual en la que creencias de aquí, de allá y de acullá, se atraviesan en la vida de todos. ¡Qué fácil es ahora ver una especie de ensalada espiritual en muchos corazones que, absorbidos por espiritualidades a veces completamente ajenas u opuestas al cristianismo, se empeñan por vivir pensando que ahí está encerrados los misterios de Dios! Es la tendencia del New Age, que sutilmente va vaciando los Templos no solo del cristianismo sino de las otras grandes religiones y va llevando esa mescolanza de ideas al egoísmo del hombre actual, que, aparentemente movido en masas por el consumismo, no tiene espacio más que para ese diocesillo personal que se ha fabricado, que, en el fondo, es él mismo. 

San Pablo nos habla hoy de «fidelidad» y por eso remachaca a sus oyentes que su conciencia no le reprocha nada (cf 1 Cor 4,4) pero que es Dios quien le habrá de juzgar (ibídem). Es que Pablo se sabe servidor de Cristo y no tiene otra cosa que enseñar que no sea lo que procede de él. En su doctrina no hay mezcla alguna que pueda confundir o engañar y por eso él sabe que las críticas y autocríticas humanas pueden ser válidas, beneficiosas y hasta necesarias a veces, pero son relativas. Por eso Pablo, siempre fiel a Cristo, no para aquí, sigue hablando y dice que Dios «pondrá al descubierto las intenciones del corazón y dará a cada uno la alabanza que merezca» (1 Cor 4,5). Es Dios quien juzgará siempre nuestro proceder porque él es el único que puede hurgar en lo más profundo de nuestro corazón, porque él, él sí que es fiel. La fidelidad es una virtud que no es que esté muy de moda hoy, más bien parecería que para algunos es objeto de burla, pero, aún en medio de este ambiente de «infidelidad» que nos rodea, nosotros sabemos que no somos dueños ni protagonistas lo que predicamos. Los cristianos predicamos una palabra que no es nuestra, sino de Dios. 

Abrazar con fidelidad la Palabra, es ser fiel a Jesús, aunque eso comporte cambios importantes en nuestra vida y en nuestra conducta, porque para hablar del Señor y de los intereses del Señor, hay que recordamos que somos solamente «administradores y servidores». No se trata sólo de «saber» unas cuantas verdades respecto a él que aprendimos desde el catecismo, sino de cambiar nuestro estilo de vida y llevar el mensaje de la Buena Nueva con alegría interior. En el Evangelio de hoy Jesús se compara a sí mismo con «el Novio» y a nosotros con «los amigos del Novio» (Lc 5,33-39). Estamos de fiesta al predicarlo. La fidelidad al Señor Jesús no nos pide que hagamos algunos pequeños cambios de fachada nada más , que remendemos un poco el traje viejo, o que aprovechemos los odres viejos en que guardábamos el vino anterior. La fe en Cristo pide un traje nuevo y unos odres nuevos. Jesús viene a romper moldes. Lo que Pablo llama "revestirse de Cristo Jesús" (Rm 13,14; cf. 2 Co 5,17) no consiste pues en unos parchecillos rabones y una manita de gato. ¿Se nos nota la fidelidad al Señor? ¿O vivimos tristes, como si no hubiera venido todavía el Salvador o le fuéramos infieles? ¿Se mantiene firme o se tambalea nuestra fidelidad? De esto nos puede enseñar la Virgen María, que, desde que tenía al Señor en su seno le fue fiel y siguió fiel hasta morir o dormirse en el Señor para ser asunta al cielo. ¡Qué rápido se va cada semana para mí... no se si para los estudiantes esclavizados a los libros, la tableta o la laptop también! Pero lo cierto es que el tiempo como agua de estos chaparrones tremendos que están inundando México por aquí por allá. ¡Bendecido viernes! 

Padre Alfredo.

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