viernes, 6 de julio de 2018

«¡Sígueme!»... Un pequeño pensamiento para hoy



Aquí me tienen, una madrugada más en el aeropuerto de mi Selva de Cemento. Esta vez para volar rumbo a Tijuana y seguir por carretera la carretera hacia Oceanside, sede del precioso monasterio benedictino «Prince of peace», en donde mañana tendremos la profesión religiosa de nuestro querido hermano y amigo Fr. Saulo López. Unido a esto está el regalazo de encontrarme con los miembros de la Familia Inesiana que peregrinan allá en California, a muy queridos amigos y a mamá, quien a estas horas ya está allá acompañando a Lucha la mamá de Saulo y al resto de los familia para compartir el gozo de la consagración de un hombre que, dejándolo todo, ha decidido entregarse de lleno al Señor según la regla monástica de San Benito. Ahora, como consagrado, Saulo, después de un tiempo de formación inicial en el postulantado y noviciado buscará seguir encarnando nuestra religión en los actos más concretos de la vida cotidiana de un monje que, en castidad, pobreza y obediencia, ve pasar las manecillas del reloj orando y trabajando por la Iglesia y por cada uno de los miembros de la Iglesia y del mundo entero.

Mucha gente se pregunta montones de cosas en torno a la vida de un monje. YO comparto solo algunas de las preguntas que, sobre ellos, me han hecho a lo largo de mis años: ¿Qué hacen estos hombres encerrados en un monasterio? ¿En que ocupa su tiempo un monje? ¿De qué viven los monjes? ¿No es aburrido saber que vas a vivir para siempre en el mismo lugar? ¿Qué comen los monjes? ¿Sirven de algo los monasterios? ¿Los monasterios son como una pieza de museo?... ¡Claro que no podré ahora responder! Varias veces he estado en este bellísimo monasterio situado en lo alto de un monte y con una vista preciosa al mar. Solo puedo decir que en las diversas ocasiones que he tenido la oportunidad de convivir con los monjes en la celebración de la Santa Misa, en el rezo de la Liturgia de las Horas y en los diversos espacios de la vida monacal que con ellos he podido compartir, he descubierto a Jesucristo siempre vivo como un hermano mayor del monasterio. Aquel de quien los monjes están siempre enamorados y a quien siguen sin anular su propia personalidad, pues en medio del silencio que allí reina, es fácil distinguir el temperamento, la raza, el carácter de cada uno de estos maravillosos «hombres de negro» que a imitación de San Benito y bajo la mirada protectora de la Virgen mantienen un «sí» que estoy seguro sostiene mi vocación y la de muchos más.

Para nada me parece casualidad que la liturgia de la palabra de este viernes nos deje ver la valentía del profeta Amós (Am 8,4-6.9-12), el hombre que, con su sola presencia, Denuncia la falta de amor en un mundo cargado de cosas materiales y falto de corazón. Tampoco me sorprende que el Evangelio de hoy hable de la vocación de Mateo (Mt 9,9-13), porque de alguna manera así ha sido la vocación de Saulo. La vocación de este hombre, que no es ya un jovencito que no ha vivido, es, como la de Mateo, una vocación muy significativa. En el Evangelio Jesús elige a un hombre que sabe de negocios —recaudador de impuestos— y Saulo también hace poco tiempo relativamente, era un hombre de negocios. Jesús, como a aquel publicano, le dará mañana un voto de confianza, sin pedirle confesiones públicas de conversión pero que con sencillez él nos ha compartido desde aquel encuentro con la beata María Inés Teresa en una medallita con reliquia que Rosy su hermana le entregó y le hizo exclamar a Dios: «Señor, ven y encuentra algo santo en mí»... Mateo siguió a Jesús inmediatamente, dejándolo todo. Saulo ha querido hacer lo mismo y mañana participaremos de su «sí» y bueno, como suele suceder, se me acaba el papel y se llega la hora de volar. Les invito a que desde hoy hasta mañana, oremos mucho por este hombre generoso y su comunidad de «Prince of peace» en Oceanside, para que el «sí» de María impregne el corazón de quien mañana le dirá igual «sí» al Señor que sigue pasando y llamando diciendo: «¡Sígueme!». Feliz y bendecido viernes para todos.

Padre Alfredo.

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