viernes, 27 de julio de 2018

EL PAPA PROPONE UN SENCILLO EXAMEN DE CONCIENCIA...


El examen de conciencia se hace antes de la confesión para decir después al confesor todos los pecados que se han recordado. El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad, pero sin angustias. La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a Dios. No se trata de atormentar el alma, sino de dar a Dios cuenta filial.

Esta serie de preguntas sencillas que hace el Papa Francisco, ayudan a hacer un buen examen de conciencia procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha. 

Estas son las preguntas que el papa Francisco propone para examinarse y hacer una buena confesión:

EN RELACIÓN A DIOS:

¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? 

¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta? 

¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? 

¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? 

¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? 

¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? 

¿Me rebelo contra los designios de Dios? 

¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

EN RELACIÓN AL PRÓJIMO:

¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? 

¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? 

¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? 

¿Soy envidioso, colérico, o parcial? 

¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? 

¿Incito a otros a hacer el mal? 

¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? 

¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? 

¿Honro a mis padres? 

¿He rechazado la vida recién concebida? 

¿He colaborado a hacerlo? 

¿Respeto el medio ambiente?

EN RELACIÓN A MÍ MISMO:

¿Soy un poco mundano y un poco creyente? 

¿Como, bebo, fumo o me divierto en exceso? 

¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? 

¿Cómo utilizo mi tiempo? 

¿Soy perezoso? 

¿Me gusta ser servido? 

¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? 

¿Nutro venganzas, alimento rencores? 

¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

Padre Alfredo.

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