martes, 31 de diciembre de 2019

«El último día del año 2019»... Un pequeño pensamiento para hoy

El tiempo es la medida de lo perecedero, de lo fugaz, de lo que pasa. El tiempo es la medida de nuestro rápido paso por este mundo de camino hacia la eternidad de Dios. El tiempo mide el transcurrir de nuestra vida que, por un acto de amor creativo, comienza y corre en este mundo hasta desembocar en la eternidad de Dios, donde ya no existirá el tiempo y todo será plenitud. Hoy se termina un año, y cada vez que cerramos un ciclo, es bueno ver hacia atrás para evaluar cómo ha sido el transcurrir de este período de tiempo. Y es bueno también mirar hacia adelante, para ver cómo quisiéramos que transcurran los días que el Señor de la vida y del tiempo nos concederá. Pero cada día que pasa, debemos ser conscientes de que el único espacio de tiempo que podemos vivir es «el hoy», el presente. Los santos vivieron intensamente el presente, sin dejar de mirar en el horizonte el destino final, la patria eterna y hoy no es la excepción para hablar de alguno de ellos. 

Hoy, que es el último día del año, celebramos a San Silvestre I, el XXXIII Papa de la Iglesia católica, entre el 31 de enero de 314 y el 31 de diciembre de 335. Este Santo Padre ejerció su pontificado en la época en la que Constantino decretó la libertad para los cristianos, dando alto a las persecuciones. El emperador Constantino le regaló a San Silvestre el palacio de Letrán en Roma, y desde entonces estuvo allí la residencia de los Pontífices. Silvestre no desaprovechó nunca «el hoy» y entregándose arduamente pudo realizar muchas cosas a favor de la Iglesia. Él fue el primero en ceñir la tiara, o triple corona pontificia y algunos historiadores le atribuyen la institución oficial del domingo como Día del Señor, para recordar la Resurrección. Se sabe que durante su Pontificado se reunió en el Concilio de Nicea (año 325), el importantísimo Concilio en el cual los obispos de todo el mundo declararon que quien no crea que Jesucristo es Dios, no es católico. Allí compusieron el Credo de Nicea. Algunos historiadores dicen que a San Silvestre le correspondió el honor de bautizar a Constantino, el primer emperador cristiano. En fin, este Santo Padre hizo muchas cosas teniendo a Cristo siempre como centro de su vida. 

El Evangelio de hoy nos invita a contemplar a Jesús (Jn 1,1-18), en Él está toda la gracia y el amor de Dios en el hoy, en el ayer y en el mañana; y esta gracia y amor los hemos visto en su hacerse hombre, en su carne. Sólo en la vida concreta de este Jesús podemos encontrar la gloria de Dios, el sentido de todo. Podemos dar gracias por el año 2019 que acaba, por la salvación que Dios nos ha continuado dando; y pedir perdón por lo que hay de «anticristo» en nosotros (1 Jn 2,18-21), porque somos anticristos cuando tenemos criterios de «mentira», criterios que no son los de Jesús, criterios que siempre nos tientan por aquí y por allá. Pidamos a María Santísima la gracia de abrir bien los ojos cada día para vivir en el presente lo que el Señor quiere, así podremos recordar un pasado hermoso y animarnos a construir un futuro mejor. Les invito a cerrar este 2019 con una sencilla oración: «Señor, dueño del tiempo y de la historia, tu misericordia es infinita, lo descubro en las bendiciones que he recibido a cada paso. Gracias por este año del 2019 que me has regalado, ayúdame a aprovechar cada día del 2020 cuya llegada es inminente. Señor asísteme con tu gracia para que valore altamente el tiempo y la vida que me das para construir contigo una historia de amor, de crecimiento, de solidaridad, de perdón. Ayúdame a vivir cada día que me regalas como un escalón que me acerque más a ti y a mis hermanos. Amén. ¡Bendecido martes, el último de este año y muy feliz y santo año 2020! 

Padre Alfredo.

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