martes, 3 de diciembre de 2019

Yohana Nuwa, una religiosa enamorada de la misión... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo XXXIV

Hoy quiero recordar a la hermana Yohana Nuwa, una misionera clarisa que en poco tiempo, cuatro meses, me dejó ver la hondura y la longitud de su corazón misionero mientras estábamos en la misión de Sierra Leona en África. Allá conocí a esta extraordinaria monjita que me platicó que se sentía la mujer más feliz del mundo porque desde que sintió las ansias misioneras, quizo ir a África y se lo pidió a nuestra beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento desde que la vio por primera vez.

María Yohana Nuwa nació en Boawae, Flores, Indonesia, el 7 de junio de 1954, fue la segunda hija del matrimonio del profesor Johanes Nuwa y de Theresia Nau. Tuvo, como ella siempre lo manifestó con gratitud, una muy buena formación católica desde pequeña junto con sus 8 hermanos. 

Recibió el sacramento de Bautismo al mes de que nació, en la Catedral de Ende. Su fe se fortaleció con el sacramento de la confirmación que recibió el 15 de Junio de 1970 en Bajawa.

Inteligente y estudiosa, Yohana estudió la normal en educación graduándose en 1972 en Boawae. Dos años después, en 1974, el 5 de mayo ingresó a la comunidad de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento en Taman, Madiun y allí mismo inició su postulantado. El 22 de junio de 1975, en esa misma casa en la que fue recibida, inició su Noviciado y profesó sus votos de castidad, pobreza y obediencia el 22 de junio de 1977 en la Casa de Biliton, en Madiun, allí en su natal Indonesia. Ya como religiosa de votos temporales ayudó en el Hospital Santa Clara de esta comunidad y empezó luego a estudiar enfermería en Surabaya en el año de 1978.

Yohana concluyó su formación básica como enfermera general en Madiun en el año de 1982 y al año siguiente ya era reconocida como una excelente enfermera en el Hospital Santa Clara de Madiun. El 30 de junio de 1985 en Wudu, uno de esos bellos y paradisiacos lugares de Indonesia en donde están asentadas desde hace muchos años nuestras hermanas Misioneras Clarisas acompañadas por Van-Clar, Yohana hizo sus votos perpetuos consagrándose para siempre al Señor y continuó con la especialidad en Ginecología y Obstetricia que había iniciado antes de sus votos perpetuos, obteniendo su certificado de graduación en el año de 1987 en Jogyakarta, en la misma Indonesia para continuar ejerciendo tan delicada profesión. 

En 1993 llegó a la comunidad de Wudu, en la isla de Flores como enfermera y partera y en 1996 fue designada como encargada del archivo médico del Hospital Santa Clara, uno de los más importantes de Indonesia, hospital que fue fundado en vida de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento por iniciativa suya y súplica de la comunidad. 

El 22 de junio del año 2002, en la casa de Biliton, Madiun, allá mismo en su país natal, celebró llena de gratitud sus Bodas de Plata, 25 años de entrega fiel y generosa al Señor y de inmediato fue enviada a México, recibiendo con ello el regalo de estar en la casa Madre en donde la beata María Inés inició la obra que a ella le había llenado el corazón con el espíritu misionero que la misma Madre Fundadora imprimió en todas las naciones en donde la Familia Inesiana está presente.

Luego fue destinada a Irlanda para prepararse y estudiando inglés y llegar por fin a su anhelada misión en Sierra Leona. Su sueño se cumpliría en aquellas tierras del África, donde ella estuvo muy feliz desde el 2003 hasta el 2009 en que, debido a lo deteriorado de su estado de salud, hubo que enviarla de regreso a su tierra natal, pues fue en África precisamente en donde se desarrolló de manera galopante la enfermedad que la llevó al encuentro definitivo con el Creador.

En medio de su sufrimiento y siempre con la sonrisa —a veces muy notoria y otras muy discreta—que la caracterizó, Yohana, trasladada para ese entonces a la comunidad de Jakarta, ofrecía siempre sus dolores y sufrimientos por la salvación de las almas y en especial su querida misión de África, como lo había aprendido desde sus primeros días de su caminar en la vida religiosa en su natal Indonesia. Allí fue operada varias veces pero ya su organismo estaba prácticamente invadido por el cáncer. 

Yohana se distinguió siempre por su alegría y su sonrisa imborrable, aún cuando tenía ya habitualmente de compañera al cáncer. En la última etapa de su vida dio gracias a la superiora regional como representante de su superiora general, sobre todo por la oportunidad de trabajar en su querida misión de África en donde dejó sembrados seis años de su vida viviendo cada día con una alegre entrega que contagiaba hasta al más desanimado y sembraba la devoción especial que ella tenía a la Madre de Dios, modelo de servicio y de entrega a la voluntad de Dios. 

Ella siempre mostró su amor a la vida religiosa e incluso en medio del sufrimiento siguió siendo esa alma alegre, pacífica y pacificadora que unía a la comunidad a su alrededor. Varias veces, pidiendo perdón según ella por su poca entrega, manifestó entre bromas y risas cuando los dolores se lo permitían, una inmensa gratitud por el gran amor que sentía de parte de la congregación de misioneras clarisas y exclamaba: «Yo también quiero mucho a esta grande familia Inesiana: hermanas Misioneras Clarisas, Padres Misioneros de Cristo, Vanclaristas y demás» y le pedía a Dios que cuando la llamara le concediera estar rodeada de sus hermanas misioneras clarisas en su convento.

El Lunes, 30 de septiembre 2013 a las 02.15 a.m. Dios la llamo, y ella estaba muy tranquila, las hermanas y familiares estaban alrededor de ella.

El Esposo Divino la recibió serenamente en su presencia a las 2:15 madrugada del día 30 de septiembre de 2013, después de un largo sufrimiento de cáncer con metástasis por casi todas partes. En su agonía las hermanas misioneras y algunos miembros de su familia de sangre la acompañaron con alabanzas, oraciones y cantos a Dios y, susurrando en su oído jaculatorias y la fórmula de la renovación de los votos que diariamente hacía.

Yo me quedo con el hermoso recuerdo de los días, pocos en realidad, que compartimos en África y me quedo sobre todo con su sonrisa, su mirada serena y el amor que a cualquiera que llegara a esas tierras le inyectaba para entregarse en la misión.

Descanse en paz la hermana Yohana Nuwa.

Padre Alfredo.

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