lunes, 16 de diciembre de 2019

«Los caminos del bien y la bondad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Una de las santas a las que la Iglesia celebra hoy 16 de diciembre, es santa Adela, una devota mujer que fue hija del rey Rodolfo de Borgoña en Italia. Aunque de la vida de Santa Adela no se conocen muchos detalles, se cree que nació en el 931 y que a una edad muy joven contrajo matrimonio con el rey Lotario. La mujer, que se habría quedado huérfana de padre cuando tenía seis años, tuvo que enfrentarse de nuevo a la muerte cuando el rey falleció de manera temprana. Una situación que dejó a la santa viuda con tan solo 19 años y una niña pequeña. Al negarse a contraer de nuevo matrimonio con el hijo del rey Berengario, éste la encerró en una celda, despojándola de todas sus posesiones. En esas condiciones, la santa no perdió la fe en ningún momento y gastó su energía y su tiempo en la celda orando. Habría hallado una forma de salir de prisión cuando el capellán de su iglesia consiguió unos planos del castillo donde estaba presa, logrando finalmente la libertad tras un enfrentamiento entre las fuerzas de Berengario y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otón I de Alemania. 

Tras estos acontecimientos, Santa Adela se casó con el emperador y juntos se marcharon a vivir a Roma, recibiendo allí el título de emperatriz. Durante el tiempo en que reinó Otón, Adela se dedicó a asistir a los más desfavorecidos y a construir templos, una etapa en la vida de la santa que tendría un final amargo al ascender al trono su hijo, que acabó echándola de palacio. Aunque, debido a varios reveses de la vida, la santa volvería a tomar el mando años después como regente hasta que su nieto alcanzase la mayoría de edad nunca perdió su vida de fe y de oración junto a la práctica de la caridad. En ese período, y en su calidad de reina, fundó varios monasterios y contribuyó a la evangelización de aquellos que todavía no habían recibido la palabra del Señor, retirándose en los últimos días de su vida a un monasterio. Murió en olor de santidad a las puertas del segundo milenio, en el año 999. La historia señala que, a lo largo de su vida, una gran ayuda que tuvo para su vida interior fue la dirección espiritual, pues tuvo grandes directores que la fueron guiando por los caminos del bien y la bondad acrecentando en su corazón no la sabiduría del mundo, sino la de Dios. 

Precisamente en el Evangelio de hoy (Mt 21,23-27), nos muestra que no es la sabiduría de los hombres la que vence, sino el auxilio del Espíritu Santo. Algunas veces tenemos temor de enfrentar críticas de nuestros compañeros de trabajo, o salir en defensa cuando se ataca la Iglesia, los sacramentos, la vida espiritual, etc. Hay que recordar que Jesús prometió la asistencia en los momentos dificultes en los que se pone en juego nuestra vida cristiana o la verdad. Tenemos que aprender a confiar en la acción de Dios en todo momento, como santa Adela, siendo auténticos en nuestro testimonio cristiano. Dios estará siempre con nosotros porque él no acostumbra abandonar a nadie. Qué importante es tener lo ojos abiertos y la sensibilidad dispuesta para entender y comprometernos con las cosas de Dios aún en medio de los sufrimientos y vicisitudes de este mundo. Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser un signo del amor, de la ternura y de la misericordia del Señor para nuestros hermanos, convirtiendo así a la Iglesia en un signo creíble del amor del Señor en medio del mundo. ¡Bendecido lunes! 

Padre Alfredo.

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