domingo, 29 de diciembre de 2019

«La Sagrada Familia»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cada 29 de diciembre la Iglesia celebra la memoria de Santo Tomás Becket, el santo que de hombre de Estado pasó a ser mártir por amor a Cristo y a la Iglesia. Fue Canciller del soberano inglés Enrique II y elegido obispo de Canterbury hubo de afrontar a su amigo el rey para defender la verdad y la libertad. Fue asesinado en la Catedral de esa ciudad el 29 diciembre 1170. Pero, este domingo especial, Santo Tomás deja cancha libre a la Fiesta de la Sagrada Familia, pues el Calendario dispone que el siguiente domingo a la Navidad se celebre esta solemnidad dedicada a Jesús, José y María. Dios quiso compartir con nosotros todo. Vino a vivir nuestra misma vida, quiso existir visiblemente en medio de nosotros y además, para que no faltara nada, para que no tuviéramos ninguna duda de su encarnación, quiso nacer, crecer y madurar en medio de una familia modelo. Una familia que, con la única arma del amor, nos invita a dar cabida y potenciar el gran amor que Dios nos tiene. 

En este mundo nuestro en el que el tema de la familia es tan mencionado y a la vez está tan golpeado, la liturgia nos muestra cuál es el modelo de todas las familias cristianas: Jesús, José y María, la familia de Nazaret. Si hay algo que forma parte indispensable de nuestra existencia en este mundo es la familia. La familia ha sido y sigue siendo una célula fundamental en la sociedad, pues de la familia se recibe la educación primera y más importante, en ella se forja la personalidad; en la familia, de ordinario, se encuentra el apoyo cuando se atraviesa por alguna necesidad, y en familia se celebran los acontecimientos más importantes de la vida. Pues del mismo modo que para cualquier persona humana la familia es importante, Dios, al tomar la condición humana, quiso nacer también en una familia. Escuchamos en el Evangelio de hoy (Mt 2,13-15.19-23) la responsabilidad de María y de José como padres de Jesús en su vida diaria y oculta en Nazaret. 

Es hermoso imaginar cómo Jesús, desde su nacimiento, iría educándose y creciendo de la mano de María, su madre, y de san José. De ellos aprendería tantas cosas, como cualquier niño, y sus padres irían formando poco a poco la naturaleza humana de Jesús. Dios nace y se educa en una familia, como cualquier persona, pues Dios se hizo hombre con todas sus consecuencias. Que Jesús, José y María nos ayuden a cuidar de esa gran institución en la que hemos nacido. Se suele decir que una cosa no se valora hasta que no se pierde. Que, nosotros, sepamos dar gracias a Dios por esa gran escuela, universidad, taller y semillero de valores —religiosos, sociales, culturales...— que son nuestras familias. Sólo así, lejos de ser «clones» de una sociedad interesada y caprichosa, seremos hombres y mujeres con raíces profundas, con criterios propios y con luz personal. ¡Bendecido domingo, día de la Sagrada Familia! 

Padre Alfredo.

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