miércoles, 18 de diciembre de 2019

«NUESTRA SEÑORA DEL ROBLE, PATRONA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY»... Un pequeño pensamiento para hoy

Escribo mi reflexión cada día ordinariamente desde Monterrey, en donde ahora ejerzo mi ministerio sacerdotal y misionero y, en este día, esta arquidiócesis está de fiesta celebrando la solemnidad de nuestra patrona «Nuestra Señora del Roble», por eso esta mañana me viene recordar y compartir con ustedes la historia de la imagen que lleva este nombre. En el año de 1592, fray Andrés de León, un misionero franciscano, colocó una imagen de la Virgen Santísima en el hueco de un roble, para protegerla de las incursiones de los indígenas nómadas y salvajes. Este lugar, conocido con el nombre de «Piedra Blanca», fue el asiento de la primera misión y, cuatro años después, incluyendo 34 familias de labradores españoles que allí acudieron, constituyó el núcleo de la ciudad de Nuestra Señora de Monterrey. El amor inflamado a María y el apego entrañable a la tierra fueron los cimientos de la ciudad que bajo la advocación de la Inmaculada Concepción y Anunciación de Nuestra Señora, fue fundada el día 20 de septiembre de 1596. En cierta ocasión, no mucho tiempo después, una humilde pastorcita oyó que desde un roble la llamaban con toda claridad e insistentemente por su propio nombre. Grandemente admirada por aquello, se acercó llena de curiosidad al lugar de donde tan misteriosa voz procedía. ¡Cuál no sería su sorpresa, al encontrar en la oquedad de un roble silvestre una pequeñita imagen de la Virgen Santísima, que despedía de si sobrenatural fulgor y olor suavísimo, como si se tratara de una inesperada luz celestial a la que formaran cortejo decenas de flores de regalado perfume! El interior del tronco de un roble, le servía a la imagen de nicho y la defendía de las inclemencias del tiempo. Enseguida corrió la pastorcita a contar a sus padres lo ocurrido: «¡Vengan conmigo y verán una cosa prodigiosa que no sé explicar!», les dijo, de acuerdo con la antigua narración del prodigio. 

Los papás acudieron presurosos al lugar y, al contemplar la belleza de la Imagen, rodeada de luz y expidiendo suaves efluvios, le hicieron la inocente ofrenda de sus plegarias y de sus lagrimas. Avisado el señor cura y convencido de la veracidad de esta providencial manifestación, invitó a todos los feligreses para que, en respetuosa y amorosa procesión, condujesen la Imagen mariana a la parroquia. A la mañana siguiente, cuando todos los vecinos se levantaron presurosos, esperando saludar a María, se encontraron con el inexplicable hecho de que la imagen no se hallaba en su lugar. Y al volver presurosos e intrigados al lugar donde había sido hallada, la encontraron en el mismo hueco del roble. Al amparo de la noche se había vuelto a su lugar de origen; lo cual podía fácilmente probarse por tener su manto lleno de zacate y cadillos propios de aquella tierra. Con esta actitud, la Señora del cielo quiso dar a conocer su voluntad expresa de que precisamente en ese lugar se edificase un templo. Y dice la piadosa y verídica historia, que el hecho se repitió tres veces, como para que no hubiera lugar a duda. A la tercera vez, y ante la evidencia de la voluntad de la Virgen María, se reunieron los vecinos y, con su párroco a la cabeza, entre gemidos y plegarias, postrados de hinojos, prometieron a la Santísima Virgen edificar su templo lo más pronto posible y después de haber emitido un juramento, no contentándose con una simple promesa, le rogaron que, mientras tanto, se dignará permanecer en el templo parroquial. 

Esta imagen es la que actualmente se venera en la majestuosa Basílica de Nuestra Señora del Roble —una de las tres basílicas marianas de la ciudad— y se celebra su fiesta patronal hoy el 18 de Diciembre. Yo estoy en la parroquia que lleva el nombre de «La coronación de la Virgen del Roble» cuya fiesta se celebra, recordando la coronación pontificia de la imagen, el 31 de Mayo. Esta solemnidad, en Monterrey, se nos «atraviesa» en medio del Adviento casi llegando a los días de la Navidad, y llega precedida de otras dos grandes fiestas marianas: la Inmaculada —8 de diciembre— y Guadalupe —12 de diciembre—. El Evangelio de hoy (Mt 1,18-24) nos habla precisamente de la maternidad dichosa de María al decirnos el evangelista: «Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo». María siempre nos llevará a Jesús, no sabe otro camino por el cual nos pueda conducir. Pienso en tanta gente que día a día recurre a recibir el sacramento de la reconciliación en esta bellísima basílica en donde siempre y casi a todas horas, un buen número de sacerdotes dispensa el sacramento de la misericordia divina a los pies de la bendita imagen que la pastorcita encontró en el roble. Si son de Monterrey o cuando vengan a Monterrey, no dejen de visitar la basílica de Nuestra Señora del Roble. ¡Bendecido miércoles! 

Padre Alfredo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario