viernes, 30 de septiembre de 2022

«Ay de ti»... Un pequeño pensamiento para hoy


Las ciudades de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, situadas al nordeste del lago de Tiberíades, delimitan el territorio de Israel en el que más se afanó Jesús predicando la Buena Nueva. Esas ciudades recibieron mucho... Serían ricas de grandes riquezas espirituales si hubiesen querido escuchar pero no lo hicieron, según nos narra el Evangelio de hoy (Lc 10,13-16). Si se las compara a las ciudades paganas de Sodoma, Tiro y Sidón, éstas son unas pobres ciudades que no han tenido la gracia de oír el Evangelio: pues bien, una vez más, Jesús se queda con éstas, prefiere las pobres a las que son soberbias y no reconocen su acción evangelizadora. ¡Qué misterio, el de la libertad humana! Podemos decir «no» a Dios... El mensaje evangélico no se impone por la fuerza, tan sólo se ofrece. El Señor respeta totalmente la libertad humana. ¡Qué gran responsabilidad para nosotros que nos sabemos discípulos–misioneros de Cristo!

Lo que le sucedió a Cristo le pasa también a su comunidad eclesial, desde siempre: son muchos los que llegan a la fe y se alegran de la salvación de Cristo. Pero otros muchos se niegan a ver la luz y aceptarla. No nos extrañe que muchos no nos hagan caso. A él tampoco le hicieron, a pesar de su admirable doctrina y sus muchos milagros. La libertad humana es un misterio. Jesús asegura que el que escucha a sus enviados —a sus discípulos–misioneros— le escucha a Él, y quien les rechaza, le rechaza a Él y al Dios que le ha enviado. Ése va a ser el motivo del juicio. No valdrá, por tanto, la excusa que tantas veces oímos: «yo creo en Cristo, pero no en la Iglesia». Sería bueno que la Iglesia fuera siempre santa, perfecta, y no débil y pecadora como es —como somos—. Pero ha sido así como Jesús ha querido ser ayudado, no por ángeles, sino por hombres imperfectos.

Hoy, nosotros, tenemos que evaluar nuestra actitud frente al Reino, porque hemos sido elegidos por gracia. No tenemos mérito alguno para ser escogidos. Pero tenemos que responder a este llamado de Dios con altura y con responsabilidad. Es una exigencia y debemos cumplirla. Dejemos el juicio a Dios. Nosotros anunciamos a tiempo y a destiempo el Reino de Dios con todos sus valores. No perdamos el tiempo, ni las oportunidades que nos ofrece la vida para que la soberanía de Dios se a una realidad en los corazones y las conciencias que todas las personas. El Reino nos urge, nos llama, tiene que ser tarea de todos, pero iniciativa única de Dios. Dispongámonos, con ayuda de María Santísima, a ser obreros del Reino con alegría y con disponibilidad, pero también con mucha apertura, para que otros accedan a él, con la libertad y la alegría de verdaderos hijos e hijas de Dios. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 29 de septiembre de 2022

«Los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy en la Iglesia celebramos a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. El Evangelio ilumina con el pasaje de la liturgia de la palabra de la misa la realidad de la existencia de los ángeles (Jn 1,47-51). El Catecismo de la Iglesia católica afirma: «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (n.° 328). El nombre de «ángel» no es nombre de naturaleza, sino de oficio, de función. Por su naturaleza es «espíritu», por su función es «ángel» (cf. San Agustín: Psal. 103, 1, 15).

La palabra «ángel» proviene del latín angelus, que significa «mensajero de Dios». El latín proviene del griego ἄγγελος ángelos, que es una traducción del hebreo mal’ākh, que significa «mensajero», «delegado» o «embajador». Cuando se trata del término «arcángel», la palabra incluye el prefijo «arco», que se usa para denotar algo como «jefe» o «principal». Un «arcángel», por lo tanto, es un «mensajero principal» de Dios. Los arcángeles reciben los mensajes más importantes que deben entregarse a los humanos. Tal fue la tarea de san Gabriel, por ejemplo, cuando le dio la noticia a María de que ella iba a dar a luz al Mesías. A san Miguel lo encontramos en la sagrada Escritura sobre todo en el libro de Daniel, en la carta del apóstol san Judas Tadeo y en el Apocalipsis con su función de defendernos de las garras del enemigo. San Rafael se nos presenta, sobre todo en el libro de Tobías, como el ángel a quien está encomendada la misión de velar y curar.

Hoy es un buen día para ver y agradecer lo que los arcángeles hacen por nosotros también. Ellos tienen un papel importante en nuestro camino hacia la salvación y hay que preguntarnos: ¿Cuál es mi relación personal con los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael? Acostumbrémonos a encomendarnos a los arcángeles y honrémoslos para que no dejen de asistir a la Iglesia como defensa y protección, como alegre anuncio de la presencia de Dios en nuestras vidas y como luz que sana nuestros ojos. Agradezcamos a Dios el don de estos poderosos amigos e invoquémosles como protectores celestiales, juntamente con aquella que es Reina de los Ángeles, para nuestro bien y el de toda la Iglesia. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

«Sin excusas»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy miércoles 28 empieza en la parroquia el novenario de preparación para la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario en el cual los 9 sectores territoriales de la comunidad parroquial se harán presentes todos los días para participar en la Santa Misa que a las 7 de la tarde de cada día será presidida por un sacerdote invitado. El tiempo ha corrido muy de prisa y cuando menos esperamos ya estamos inmersos en esta celebración que nos llena de gozo al poder reunirnos a celebrar la fe luego de que ha pasado lo más duro de la pandemia y podemos re-encontrarnos y celebrar bajo la mirada amorosa de María esta su fiesta en la advocación de Nuestra Señora del Rosario. Les invito, a los de cerca, a acompañarnos presencialmente y, a los de lejos, a seguir las Misas de manera virtual cada día del novenario en la página de Facebook de la parroquia que aquí les dejo: https://www.facebook.com/NtraSraDelRosarioSanNicolas

Dentro de este novenario, seguiremos, en este pequeño pensamiento, reflexionando sobre el Evangelio que cada día nos ofrece la Liturgia de la Palabra de la Misa. Hoy lo hacemos en torno al pasaje de Lc 9,57-62 que toca el tema del seguimiento incondicional de Cristo. Jesús exige una unión incondicional con él y una superación de todo lo natural. La tierra no es el espacio de Jesús. Él camina hacia la resurrección pasando por la muerte y aquellos que queramos seguirle debemos estar conscientes de que nos apuntamos al mismo destino. Jesús, encarnación del Amor, no tiene lugar en una tierra de odio, no tiene casa, ni ciudad, ni pueblo. Él es la entrega total, el que camina a Jerusalén, el Hijo del hombre, cuya patria no es la tierra sino el cielo. La cercanía del Reino que nos ofrece Cristo exige la superación de todos los deberes, aun los más sagrados. La urgencia del Reino es tal que ya no queda tiempo, ni para despedir a los familiares. Para seguir a Jesús no se puede apartar la mirada de la meta. No valen para el Reino los que dan importancia a lo que dejan. Solamente valen aquéllos que llenan su alma con su destino de servicio y de entrega. El seguir a Jesús exige el «en seguida» y el «totalmente». (Mt 4. 20; Ga 1. 16; 1 Co 9. 24ss.).

Muchos de los que aspiraban a ser seguidores de Jesús en los relatos evangélicos, nunca pasaban de la buena intención. Hoy sucede lo mismo. La mayoría se rezaga en el camino; les interesa de alguna manera el llamado de Jesús, pero las preocupaciones inmediatas perturban el caminar tras el Señor. Para el que quiere, siempre habrá excusas. Pero el que quiere seguir a Jesús, encontrará siempre la manera de resolver los pendientes para ponerlo a Él en el primer lugar. Las exigencias dirigidas a los discípulos fueron efectivas en el pasado y hoy conservan todo su vigor. El llamado requiere decisión, entrega y responsabilidad. Sólo los seres humanos dispuestos a ser libres se incorporan a la comunidad de discípulos y emprenden el camino del Maestro. Pidamos a María Santísima que nos ayude a responder con un «sí» inmediato a la llamada de Jesús a seguirle. ¡Bendecido miércoles y los esperamos en nuestro novenario!

Padre Alfredo.

martes, 27 de septiembre de 2022

«Los hijos del trueno»... Un pequeño pensamiento para hoy


Con el pasaje que el Evangelio de hoy nos propone para la Misa (Lc 9,51-56), empieza toda una larga sección, propia de san Lucas, a la que los estudiosos del tema llaman «el viaje a Jerusalén». En Lc 9,51 se nos dice que «Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén», y este largo viaje durará diez capítulos del Evangelio, hasta Lc 18,14. Ha llegado para Jesús la hora de ser llevado al cielo. Ha terminado su predicación en Galilea, y todo va a ser desde ahora «subida» a Jerusalén, o sea, hacia los grandes acontecimientos de su muerte y resurrección. De paso va a ir adoctrinando a sus discípulos sobre cómo tiene que ser su seguimiento.

El pasaje nos muestra también el primer acontecimiento relevante que se presenta en este viaje cuando Jesús envía mensajeros por delante. Éstos tienen que atravesar territorio samaritano y no les reciben bien —porque los samaritanos no pueden ver a los judíos, sobre todo si van a Jerusalén—. La reacción de Santiago y Juan es drástica: «¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?» Jesús les tiene que corregir, y duramente. 

Esa acción me hace pensar en cómo actuamos nosotros cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien: ¿somos tan violentos como los «hijos del trueno», Santiago y Juan? ¿Reaccionamos así cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra? La violencia no puede ser nuestra respuesta al mal, hemos de actuar con la paciencia que Jesús aplica en esta y en otras muchas ocasiones. Pidamos, por intercesión de María Santísima, que todo rasgo de violencia se aleje de nuestro corazón. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 26 de septiembre de 2022

«Servir con alegría»... Un pequeño pensamiento para hoy


Para nuestro señor Jesucristo el servir es cosa grande: porque servir al más despreciado de los hombres, es servir a Dios... y es imitarle. El destino personal de Jesús ha estado en contradicción total con lo que los hombres sueñan habitualmente. El Reino que Él anuncia, no es como los reinos de este mundo, es un Reino el servicio, de la entrega, de la generosidad y de la atención aún a aquellos de los que sabemos que no vendrá ninguna recompensa aquí en la tierra.

Hoy Jesús, en el Evangelio (Lc 9,46-50), recalca esto con un ejemplo sencillo: «El que reciba a este niño —un niño que puso en medio de todos— en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande». El niño era, en la sociedad de su tiempo, el miembro más débil, indefenso y poco representativo, era el que servía a todos los de casa, por eso a ése le pone Jesús como modelo.

El llamado de Jesús pone de manifiesto que las aspiraciones de todo discípulo–misionero no deben imitar las aspiraciones de los seguidores de los fariseos. Éstos sólo buscaban el reconocimiento y la popularidad manipulando a la gente para ganar posición social. El discípulo–misionero de Jesús no se debe montar en ese tren, sino que, siguiendo el ejemplo del niño sirviente, se pondrá en el último lugar para servir y animar a los hermanos. Sólo la actitud de servicio le dará una nueva dimensión al ser humano. Pidamos a María Santísima que nos eche una manita con su ayuda y protección para ser siempre servidores al estilo de Jesús. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 25 de septiembre de 2022

«Lázaro y el rico epulón»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy escribo lentamente y consulto muchos datos para hacer mi reflexión en torno al Evangelio de este domingo (Lc 16,19-31) que nos presenta el pasaje de Lázaro y el rico epulón que muchos de nosotros conocemos. El tema pone el dedo en la llaga de una situación terrible que cada vez se hace más dolorosa en la humanidad y que no podemos hacer a un lado. Es claramente evidente —no se puede tapar el sol con un dedo— el gran abismo que en nuestra sociedad materializada y atrapada por el consumismo exagerado, existe entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Así lo afirmaba ya hace muchos años el documento de Puebla (Documento de Puebla n. 31 en 1979). Hoy sabemos que el 10% de la población del planeta tiene el 76% de la riqueza del mundo y que la mitad de la población mundial posee sólo 1% de la riqueza. Hay que leer con detenimiento este pasaje del Evangelio de hoy que nos abre los ojos a una realidad, no podemos ser egoístas si es que queremos alcanzar la salvación y llegar a contemplar al señor cara a cara.

Hay datos que nos dicen que los 10 hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna desde el inicio de la pandemia y que, al mismo tiempo, los ingresos del 99 % de la humanidad empeoraron a raíz del Covid-19. Hay pruebas evidentes de que esta crisis del Covid-19 ha exacerbado las desigualdades entre los ricos y el resto de la población. La desigualdad económica causa la muerte de una persona cada 4 segundos por falta de alimento o medicinas, sobre todo. Si los 10 hombres más ricos gastasen un millón de dólares diarios, agotar su riqueza conjunta les llevaría 414 años y si estos hombres perdieran el 99,999 % de su riqueza mañana, seguirán siendo más ricos que el 99 % de las personas del planeta. Los hombres más ricos del mundo son, en primer lugar, Elon Musk, fundador de Tesla y del servicio espacial SpaceX, con una fortuna de 258 millones de dólares. A él le sigue Bernard Arnault, quien posee un conglomerado de importantes marcas como Louis Vuitton. En el tercer puesto está Jeff Bezos, fundador de Amazon. Luego Bill Gates, creador de Microsoft. Y en el quinto lugar, Larry Page y Serguéi Brin, creadores de Google... 

Nosotros, por supuesto, nunca figuraremos en esa lista, pero no nos falta honra, casa vestido y sustento —lo pedimos siempre a la Divina Providencia— pero eso no quiere decir que podamos pasar por el mundo sin mirar al que tiene menos y necesita más y quedarnos cruzados de brazos. El rico epulón —cuyo nombre no figura en el relato, pero sí el de Lázaro— eso hizo y no se dio la oportunidad de ver más allá de la puerta de su casa. Pidámosle a nuestro Dios siempre misericordioso y compasivo, que no esquivemos las situaciones de pobreza a nuestro alrededor. No es casualidad que el nombre de Lázaro signifique: «El Señor ha ayudado». Ese es un recordatorio para nosotros, en esta parábola, de que ninguna persona pobre es invisible para Dios. Cada persona necesitada que topamos en la calle y aún a veces hasta en nuestro círculo familiar o de amigos, es conocida por su nombre y amada por Dios. ¿Cuál es la última vez que, al hacer una caridad, preguntaste a esa persona por su nombre? Que María Santísima nos ayude a abrir siempre los ojos ante el necesitado de dinero, de escucha, de atención. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 24 de septiembre de 2022

«Acompañar a Cristo con la cruz»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el Evangelio de hoy (Lc 9,43-45) Nuestro Señor Jesús hace nuevamente un anuncio sobre su muerte —ya lo había hecho hablando también de su resurrección—. Hoy se vuelve a llamar «Hijo del Hombre», apuntando a su mesianismo final, como Señor y Juez del universo. Los discípulos han sentido admiración, por los gestos milagrosos y por la profundidad de las palabras de Jesús. Pero el Jesús servidor, el Jesús que se ciñe la toalla y lava los pies a los discípulos, el Jesús entregado a la muerte para salvar a la humanidad, eso no lo entienden tan espontáneamente. 

Igual que mucha gente de nuestro tiempo, aquellos primeros discípulos del Señor pensaban sólo en el consuelo y el premio, no en el sacrificio y la renuncia para seguir a Jesús. Tal vez, que no hubiera dicho aquello de que «el que me quiera seguir, tome su cruz cada día» (Mt 16,24). Pero bien sabemos nosotros que ser seguidores de Jesús pide radicalidad, no creer en un Jesús que se pueda hacer a la  medida. Ser colaboradores suyos en la salvación de este mundo también exige su mismo camino, que pasa a través de la cruz y la entrega. Como tuvieron ocasión de experimentar aquellos mismos apóstoles que ahora no le entienden, pero que luego, después de la Pascua y de Pentecostés, estarán dispuestos a sufrir lo que sea, hasta la muerte, para dar testimonio de Jesús.

A la luz de esto nos debemos dar cuenta de que no podemos amar nuestra vida de tal forma que nos apeguemos a ella y tratemos de evitarle todo el sacrificio y esfuerzo que se exige a quien quiera no sólo anunciar, sino ser testigo de la Buena Nueva del amor de Dios para todos. Quien quiera colaborar para que el Reino de Dios se haga realidad entre nosotros, debe aprender a renunciar a sí mismo, a no querer conservar su vida sin sembrarla en tierra para que muera y surja una humanidad nueva en Cristo. La fecundidad que viene del Espíritu de Dios en nosotros requiere que muramos a nuestros egoísmos y a nuestras visiones cortas de la vida, y que comencemos a dar nuestra vida para que otros tengan vida, y la tengan en abundancia. Y esto porque desde la cruz, Él asoció a su Redención nuestras penas, dolores, sacrificios, entrega, e incluso nuestra muerte aceptada por Él y por su Evangelio. Con María sigamos el camino unidos a Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

lunes, 19 de septiembre de 2022

«Iluminar»... Un pequeño pensamiento para hoy


Muchos católicos de hoy tienen una cierta tendencia a privatizar la fe, a vivirla de una manera oculta y aislada de la vida social. Hoy en el Evangelio (Lc 8,16-18) con un ejemplo muy claro —la luz— nos invita a hacer lo contrario, a no guardar la vivencia de la fe sino a manifestarla a los demás, para que, como dice la beata María Inés Teresa, «todos le conozcan y le amen». Jesús nos invita a dar testimonio ante los demás y vaya que esto es importantísimo. ¡Qué efecto evangelizador tiene el que un político, o un deportista, o un artista conocido no tengan ningún reparo en confesar su fe católica mostrándola al mundo entero! Si todos los católicos manifestáramos al mundo el gozo de nuestra fe, con signos creíbles, como se dice coloquialmente: «¡Otro gallo nos cantara!»

El Señor quiere que seamos luz que ilumine a los demás. No tiene que quedar oculto lo que la Palabra nos dice cada día, debe hacerse público. Si actuamos así, será verdad lo de que «al que tiene, se le dará», porque la Palabra multiplica sus frutos en nosotros. Y al revés, al que no le haga caso, «se le quitará hasta lo que cree tener» y quedará estéril. Uno de los frutos mejores de la Palabra de Dios que leemos, estudiamos y reflexionamos es que se convierta en luz dentro de nosotros y también en luz hacia fuera. Para eso tenemos contacto con la Palabra: para que, evangelizados nosotros, evangelicemos a los demás anunciando la Buena Noticia de la verdad y del amor de Dios. Lo que recibimos es para edificación de los demás, no para guardárnoslo. Como la semilla no está pensada para que se quede enterrada, sino para que germine y dé fruto.

Vivimos en una maravillosa era digital y podemos evangelizar por las redes de mil maneras. ¿Qué haces con esta reflexión sobre la Palabra de Dios que cada día te comparto en WhatsApp, en Facebook o en mi blog padrealfredo.blogspot.com? ¿Qué tipo de publicaciones llenan tu muro en tus redes sociales? ¿Qué mensajes envías a tus seres queridos? ¿Qué haces aparte de asistir a Misa los domingos para fortalecer tu fe? El papa san Juan Pablo II decía: «La fe se fortalece dándola? Pide insistentemente a María Santísima que ella te aliente a ser un misionero de tiempo completo que, empleando todos los medios que están al alcance, ilumine con la Palabra de Dios y los sacramentos la vida de cada día. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo. 

domingo, 18 de septiembre de 2022

«La parábola del administrador sagaz»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy empiezo compartiéndoles que mi hermano Eduardo Antonio —mi único hermano pues sólo somos dos— y mi cuñada María Gloria hoy cumplen 35 años de casados. Pidan por ellos que en la Santa Misa renovarán sus votos matrimoniales. Como marca la tradición, este aniversario de bodas está representado por un elemento que, en este caso, se trata del coral. Los corales se caracterizan por vivir en comunidad para extenderse y formar grandes colonias marinas con el fin de subsistir mediante la convivencia. Por ello, son el paradigma ideal de un matrimonio que ha formado su propia familia y que convive y sale a flote mediante la firmeza, la compasión y el amor que se extiende a la descendencia. En el caso del matrimonio de mi hermano tres hijas y dos nietos. Si un matrimonio cumple 35 años de casados quiere decir que ya ha recorrido un largo camino superando obstáculos y compartiendo alegrías y penas, siempre ayudados por el cariño, el amor y el respeto. ¡Muchas felicidades Lalo y Yoyina!

Ahora los invito a ir al Evangelio de hoy (Lc 16,1-13) que nos presenta una parábola que nos habla de un administrador que gozaba de plena libertad y responsabilidad, que se aprovecha de su condición pero que dentro de lo que hace hay una enseñanza que nos deja material para una reflexión ante la situación crítica que todos vivimos: Servir a Dios y no ser esclavos del dinero. Con Jesús ha llegado el Reino de Dios: ¿qué posición tomamos nosotros ante la interpretación de esta parábola? Yo encuentro cinco frases que me dan materia para reflexionar y las comparto aquí: 1. «Los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz». 2. «Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo». 3. «El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes» 4. «No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo» y 5. «No pueden ustedes servir a Dios y al dinero».

Ciertamente que no se puede poner al mal administrador de la parábola como un ejemplo de vida, pero sí hay que ver que se trata de un hombre que ha sabido coger el toro por los cuernos y en el último momento ha sabido obrar audazmente, con sagacidad y con decisión. Hay que leer bien la parábola y captar la exigencia de la hora también para nosotros. Porque todo, en esta vida, está en juego. Aquí vemos a un hombre que ha sido capaz de cambiar de vida antes de que sea demasiado tarde; no ha dejado pasar la oportunidad sin «convertirse» y no pensar más ya solamente que él puede sacar tajada para sí mismo. En medio de su situación de falla, piensa en los demás. Con esta parábola Jesús quiere interpelar seriamente a sus oyentes y a todos nosotros. Todos nos encontramos, como el administrador, ante situaciones críticas, ante situaciones en las que siempre hay que elegir. ¿Cuál es nuestra decisión y nuestra capacidad de respuesta? Con Jesús ha llegado el Reino de Dios, ¿qué posición tomamos nosotros? Que María Santísima, siempre fiel y entregada de lleno a hacer la voluntad de Dios nos ayude. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 17 de septiembre de 2022

«La parábola del sembrador»... Un pequeño pensamiento para hoy


La parábola del sembrador es de las más conocidas en el evangelio, pues se encuentra en los tres evangelios sinópticos (Mt 13,2-9, Mc 4,1-9 y Lc 8,4-8). Hoy la liturgia de la palabra nos presenta la versión de san Lucas que de hecho ya he comentado en años anteriores. En el mensaje de esta parábola, Jesús nos enseña cómo la semilla de la palabra al ser plantada en el corazón del hombre tiene efectos diferentes en muchas personas. Lo más relevante en esta parábola, es ver cada uno de los terrenos en donde la semilla cae, que simbolizan el corazón del hombre en quien fue sembrada la palabra y cómo se desarrolla.

Me detengo ahora a ver el tipo de personas que el pasaje describe como las de «corazón bueno y recto» que son las que «retienen la palabra y dan fruto con perseverancia». Esto nos enseña que si queremos que la palabra de Dios de fruto en nuestras vidas, tenemos que tener un corazón sencillo y una mente abierta para escuchar, comprender, asimilar y poner en práctica la palabra de Dios, aferrándose fuertemente a ella. Así que es importante que en nuestra vida haya mucha oración, para entender, tener paciencia y atesorar la palabra en nuestros corazones con el deseo de guardarla en el corazón —como María— y hacerla vida.

Vivamos abiertos a la palabra de Dios, alimentemos nuestro corazón hasta el grado de hacerlo buena tierra y, unidos al sembrador que sale a sembrar, hagamos fructificar esa semilla pues el mundo en que vivimos necesita alimentarse del pan de nuestra vida cristiana, del pan de nuestra fe. Seamos campo de cultivo al servicio del Reino de Dios y de esta humanidad hambrienta del verdadero pan de vida que no lo va a encontrar en ninguna otra parte. Que María, que es la primera en escuchar la Palabra y ponerla en práctica nos ayude. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.