jueves, 29 de agosto de 2024

«En el martirio de Juan el Bautista»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Oración Colecta de hoy, en la misa de la memoria del martirio de Juan el Bautista, nos invita a luchar con valentía para hacer que prevalezca siempre la verdad. Y es que Juan el Bautista fue un hombre de palabra no solamente en el momento de su martirio, sino desde que con gallardía, pregonaba que había que convertirse por que el mesías anhelado estaba por llegar.

En nuestros días, cuando el ideal de comunión y fraternidad universal proclamado por Jesús se ve cada vez más socavado por un orden mundial que crea cada vez más injusticia y privación de derechos y hace verlo cada día más lejano, tratar de identificar «profetas valientes» en nuestro mundo o en nuestra Iglesia es cada vez más difícil. Hoy se busca, incluso dentro de la Iglesia, el protagonismo, la autoreferencialidad, el acomodo. Juan el Bautista, el profeta valiente. viene a interpelarnos... ¿qué nos falta para saber defender la verdad? ¿qué nos falta a los católicos de hoy en las diversas vocaciones en las diversas esferas de la sociedad para proclamar la verdad.

Hay que dejarnos interpelar por Juan el Bautista, porque todos, sin excepción, tenemos la obligación de cumplir la misma misión profética de Cristo en nuestras vidas. Y si es necesario, pagar el precio, como hizo Juan el Bautista. Que nada ni nadie nos tenga enredándonos en ideologías de modas pasajeras... Como dice la beata María Inés: «la única realidad eres tú Jesús» y él es la Verdad. Que este santo varón, junto a María, interceda por nosotros. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 28 de agosto de 2024

«En mi cumple número 63»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cuando uno cumple años, pasando ya uno más de los llamados «de la tercera edad» y con pronósticos de salud que desde recién nacido a los 9 meses y tres semanas auxiliado por los llamados «fórceps» que tanto se usaban en los años cincuentas y setentas, con el cordón umbilical enredado dos veces y la membrana de las vías respiratorias midiendo la mitad de lo que debe ser... no deja de ser una hazaña y una gran bendición del Señor. Yo nací así, hace 63 años, siempre con el recuerdo de que, según me cuentan, mi madre luchaba entre la vida y la muerte en el quirófano y mi padre, rogando la intervención de Nuestra Señora del Guadalupe, rezaba llorando en el cuarto de la maternidad Conchita esperando el milagro de que tanto la madre como el bebé se salvaran. Aún conservo en mi cabeza, que tenía forma de piloncillo al nacer, las marcas de los dichosos fórceps. Nací, además de la colección de achaques, con la hiperactividad que todos conocen unida a la desatención característica de las personas con algo de TDAH, pero en un ambiente lleno de Dios que se convirtió en el nido de mi vocación sacerdotal, religiosa y misionera.

En este día venturoso para mí y para muchos, la Iglesia celebra a san Agustín, el santo al que tanto apreció mi padre y cuyo nombre quería agregar a la letanía que me identifica en mi credencial del INAPAM como Alfredo Leonel Guadalupe y que gracias a la recomendación del juez al registrarme no añadió. De otra manera me hubiera llamado Alfredo Leonel Guadalupe Agustín... ¡ni la realeza de Europa lleva tanto nombre! El caso es que desde pequeño me he identificado con san Agustín, porque, como expresa la madre Martha Gabriela: «¡Dicen que todos nos parecemos a san Agustín, ya sea antes o después de su conversión!

La Oración Colecta de esta memoria de san Agustín nos invita a experimentar una sed de Dios tan grande como la tuvo el santo, que lo buscó por mar y tierra hasta que lo encontró en su presencia de Dios amor, Dios misericordia, Dios perdón y que lo llevó a una vida de plenitud en santidad. Con esto me viene a la mente una de las oraciones más famosas de san Agustín que toca el tema precisamente de la santidad a la que todos somos llamados y que hoy podemos rezar: «Sopla en mí, oh Espíritu Santo, para que también mi obra sea santa. Atrae mi corazón, oh Espíritu Santo, que amo solo lo que es santo». ¡Grande tarea nos deja san Agustín, no solamente a los que nacimos en este día sino a todos! Que él, junto a María, la Madre del Amor hermoso, Reina de los santos interceda por nosotros. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 27 de agosto de 2024

Oración, ayuno y lágrimas de una madre... Un pequeño pensamiento para hoy


La figura de santa Mónica siempre ha sido muy importante para mí, pues tengo mucho aprecio por las mamás que, abnegadas y llenas de fe como ella, mujer de oración, alcanzan la conversión de sus hijos. Los casos que conozco son innumerables y no dejo de alentar siempre a las que viven estos procesos que les acarrean a veces cortos o largos años de espera para ver volver a sus hijos a la fe. Hoy la Iglesia la celebra y en la Oración Colecta la recuerda contemplando las lágrimas que derramó rogando por la conversión de su hijo, el famosísimo doctor de la Iglesia Agustín de Hipona, a quien celebraremos mañana.

Una de las escenas más impresionantes de la vida esta santa mujer narra que Mónica no dejó de orar, ayunar y llorar por la conversión de su hijo Agustín. Un obispo, que había sido antes un hereje le dijo: «Tu hijo está actualmente obstinado en el error, pero ya vendrá la hora de Dios... estate tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas». La respuesta del obispo y el recuerdo de la visión eran el único consuelo de Mónica, pues Agustín no daba la menor señal de conversión. Años más tarde, Agustín, en Milán, conoció al gran obispo san Ambrosio, que años más tarde lo bautizó. Mónica pudo ver, entonces, los frutos de sus oraciones, ayunos y lágrimas. Años después los dos, madre e hijo, serán canonizados.

Si todas las mamás cristianas comprendiesen la importancia de su misión, de sus oraciones, de sus ayunos, de sus lágrimas, como santa Mónica, pasarían mucho tiempo en oración secreta, para presentar a sus hijos a Jesús, implorar su bendición sobre ellos y solicitar sabiduría para cumplir correctamente sus deberes sagrados. Cuántas mamás de hoy, con sus hijos pequeños, dejan pasar de largo tantas oportunidades que tienen de formarlos en la fe, atrapadas por la mundanidad que impera en nuestra sociedad. Toda oportunidad para modelar la disposición y los hábitos de sus hijos es irrepetible y no se debe dejar escapar. Pidamos a santa Mónica y por supuesto a María Madre, que interceda por todas ellas y vean el fruto de su ser de madres en la fe viva de sus hijos. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 26 de agosto de 2024

Incansables, como san Junípero Serra... Un pequeño pensamiento para hoy


Recordando el día de hoy a san Junípero Serra, el apóstol evangelizador de California, la Oración Colecta nos invita a contemplar la inefable misericordia de nuestro Dios y a pedirle que nuestros corazones estén todos unidos a él por intercesión de este fraile maravilloso que, incansablemente, recorrió en la época del 1700 gran parte del territorio mexicano hasta llegar a las tierras cálidas de la Baja California y la costa oeste de los Estados Unidos para evangelizar a los nativos e integrar a su cultura a los españoles que, como él, iban llegando del viejo continente.

Fray Junípero se preocupó siempre de que la imagen de Cristo, como Unigénito del Padre llegara a todos y eso, eso debe ser también para nosotros un anhelo a alcanzar. Todos hemos recibido, desde nuestro bautismo, una especial condición de discípulos–misioneros que nos hace no quedarnos con los brazos cruzados ante la ausencia de Cristo en muchos corazones. No podemos quedar indiferentes ante tanta ausencia de Dios que nos va dejando un mundo vacío, unas vidas sin sentido, jóvenes y adolescentes, incluso, sin ilusión de vivir, sin sueños qué realizar. Si este fraile franciscano se aventuró a pie y a caballo para llevar la Buena Nueva, qué no podremos hacer nosotros que tenemos, entre otras cosas, los medios electrónicos que nos permiten accesar a las redes sociales y compartir en ellas el gozo de la fe que nos hace «uno» con Cristo.

El ejemplo de misioneros incansables, como él, nos debe animar a no dejar pasar ninguna oportunidad para compartir la riqueza de la fe que Cristo nos ha traído. En la canonización de san Junípero Serra, el 23 de septiembre de 2015, el papa Francisco expresó unas palabras que deben quedar grabadas en nuestros corazones. El papa exclamó: «No queremos que la resignación sea el motor de nuestra vida, ¿o lo queremos?; no queremos que el acostumbramiento se apodere de nuestros días, ¿o sí? Por eso podemos preguntarnos, ¿cómo hacer para que no se nos anestesie el corazón? ¿Cómo profundizar la alegría del Evangelio en las diferentes situaciones de nuestra vida? Jesús lo dijo a los discípulos de ayer y nos lo dice a nosotros: ¡vayan!, ¡anuncien! La alegría del evangelio se experimenta, se conoce y se vive solamente dándola, dándose.» Que san Junípero, junto con la Virgen santísima a quien tanto amó, intercedan por nosotros. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 25 de agosto de 2024

HOMILÍA EN MI 35 ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN SACERDOTAL...

Queridos hermanos, queridas hermanas:

Quiero empezar mi extensa y anestesiante homilía con unas palabras sobre el sacerdocio que, a lo largo de mi caminar vocacional, me he topado en varias ocasiones y que ciertamente en mucho me retrata a mí y a mis hermanos sacerdotes.

El escrito es anónimo y data de muchos años. Dice así: Si el sacerdote es gordo, lo quieren flaco. Si es feo, no les agrada. Si es guapo, es una lástima que esté allí. Si es alegre y chistoso, lo quieren serio. Si es negro, lo quieren blanco. Si es muy simpático, lo critican por eso. Si es muy observante, lo llaman puritano. Si fuma, es un vicioso. Si no fuma, es poco hombre. Si canta mal, sobra tema para burlarse. Si canta muy bien, es un hombre vanidoso. Si es suave, lo quieren de más carácter. Si es serio, lo critican de áspero. Si predica mucho, es un rollero. Si predica poco, no se prepara bien. Si habla en voz alta, regaña. Si lo hace en tono natural, nadie lo puede oír. Si tiene coche grande, anda buscando lujos. Si tiene un carro pequeño, no tiene aspiraciones. Si visita a sus feligreses, le gusta el chisme. Si se queda en la parroquia, no se interesa por la gente. Si es sedentario lo quieren movido. Si practica algún deporte es que le gusta lucirse. Si no sabe de deportes, sabrá Dios en qué se entretenga. Si solicita ayuda, es un dinerero. Si no organiza eventos sociales, no sabe hacer vida parroquial. Si los organiza, es que quiere ser el centro. Si se tarda al confesar, le gusta enterarse de todo. Si despacha rápido en la confesión, rehuye a los problemas. Si es puntual en misa, seguro su reloj está adelantado. Si empieza tarde la misa, hace perder el tiempo a todos. Si arregla la iglesia, está malgastando el dinero. Si no le hace nada a la iglesia, no cuida la Casa de Dios. Si es joven, le falta experiencia. Si es viejo, ya debería retirarse...

Pero, si no hubiera sacerdotes... ¿quién pudiera traer a nuestra existencia a Cristo el Pan de Vida en la Eucaristía? 

El 4 de agosto de 1989, hace 35 años, fui ordenado sacerdote en la Basílica de Guadalupe de esta ciudad de Monterrey por el señor obispo Rafael Bello Ruiz, de feliz memoria. En aquel entonces tenía 27 años y la verdad nunca me imaginé que llegaría a la llamada «tercera edad». Recuerdo que casi recién ordenado, luego de que había celebrado aquí mismo, en este templo del que años después fui el primer párroco, mi primera misa al día siguiente de mi ordenación, un sacerdote cercano celebró sus bodas de plata y yo pensé... con lo achacoso que soy, a ver si llego. ¡Pues nada, aquí me tienen celebrando estas bodas de coral! 

La sociedad llama bodas de coral a los aniversarios de 35 años debido a la durabilidad que tienen los corales en el océano, su resistencia y fortaleza. Yo entiendo esto desde la misericordia de Dios, pues a lo largo de todos estos años, han sido no pocas las veces en que este coral ha sido reparado por la ciencia y sobre todo por la gracia. Por eso he querido celebrar con todos ustedes esta Santa Eucaristía, de tal manera que a luz del misterio pascual, el don tan extraordinario que aquel dichoso día he recibido se renueve, se fortalezca y recobre la unción propia del Espíritu de Dios. Consciente que sin los auxilios divinos que proceden de su benevolencia, la vocación sacerdotal puede perder el vigor y la frescura que le son propios. 

El Evangelio de este domingo, día de san Juan María Vianney, el santo cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes y en especial de los párrocos, me ofrece tres pautas en torno al sacerdocio para compartir con ustedes una breve reflexión que luego de este preámbulo ya no pinta que sea breve, pero que creo que vale la pena, incluso en el contexto del año sacerdotal que estamos celebrando en esta querida arquidiócesis de Monterrey en donde con motivo de los 350 años de las apariciones del Sagrado Corazón a santa Margarita María de Alacoque, la parroquia del Sagrado Corazón —la de las bodas y quince años, en el centro— ha sido elevada a santuario sacerdotal.

Aquí van los tres aspectos que quiero compartir:

1. El primero: «El sacerdocio, es fruto de la oración y entrega de Jesús, el Pan de Vida». No cabe duda que la entera vida de Jesús se distinguió por una vida de oración y de servicio. Especialmente en los momentos claves de su ministerio, Jesús mantenía un dialogo siempre íntimo con el Padre del cielo que le llevaba de inmediato a la acción. En la oración, Jesús vive un contacto ininterrumpido con el Padre para realizar hasta las últimas consecuencias el proyecto de amor por los hombres siendo él mismo, alimento para todos. En este sentido podemos afirmar que el sacerdote debe ser, como dice la beata María Inés Teresa, «otro Cristo en la plenitud sacerdotal». Otro Cristo que se hace alimento para todos. Por eso, en el momento de la consagración, resuenan en su corazón, en este clima íntimo de oración, con una fuerza tremenda, las palabras: «Tomen y coman, todos de él porque este, es mi cuerpo».  Los sacerdotes hoy estamos llamados a ser «pan», como Cristo y un pan que se reparte incluso hasta en las últimas migajas. 

2. El segundo aspecto: «El sacerdocio, tiene una misión muy específica: la apostolicidad para repartir el pan». El evangelio narra que el Señor llamó a doce, y les dio el nombre de apóstoles. Este nombre corresponde al arameo shalihá y significa: «el que recibe una misión determinada». En este caso la misión es triple: que le acompañen; que se sepan enviados por él a predicar la doctrina del reino y, que ejerzan el poder compartido por Cristo para expulsar los demonios. El sacerdocio no puede ni debe entenderse de otra manera, ni con una misión diferente. 

3. Finalmente el tercer aspecto: «El sacerdocio, tiene una metodología: la imitación de cercanía de Cristo, Pan de vida eterna». Para los sacerdotes este es el método que debemos emplear: salir de la intimidad con el Pan de Vida al terminar la celebración de la santa misa, convencidos de que somos portadores de ese Pan para todos en una Iglesia de puertas abiertas. Nunca debemos dejar ir a la gente con las manos vacías sin haberles dado el pan, el pan de la palabra, el pan de la eucaristía, el pan de la sonrisa, el pan de la atención, el pan de la escucha. Muchas veces quizá no podremos decir nada o hacer algo, sin embargo, bastará con solo sonreír. A lo largo de estos 35 años, salvo los periodos de enfermedad, estoy siempre en la puerta del templo a la entrada para recibirlos y a la salida para despedirlos. Estoy convencido que, si los sacerdotes no seguimos este camino estaremos lejos de poder hacer vida lo que realmente el Señor quiere. 

Pero... ¿saben qué?, no he terminado aún, pues me falta un poco más por decir. Durante todo este peregrinar como sacerdote, he tenido la oportunidad de estar muy cerca de tres papas: san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. En ellos he podido encontrar el modelo para ser pan partido y repartido, aunque soy consciente de que mucho me falta. El Papa Francisco, que en 2016 me nombró Misionero de la Misericordia dice: «Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos… Teniendo la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino» (cf. EG, 127).

Queridos hermanos y hermanas, durante estos 35 años, en el templo, en la calle, en el gym, en el coche, en el avión; aquí en muchas partes de México, en Costa Rica, en Estados Unidos, en Sierra Leona, en Roma y en muchos otros rincones del mundo, he podido constatar que las cosas son así. Un sacerdocio sin fijar la mirada en Jesús el Pan de Vida, termina abandonando la genuinidad del mensaje evangélico. Un sacerdocio sin alegría y sencillez, pierde la razón de su quehacer. Un sacerdocio sin cercanía, se desvincula del método que el Señor nos ha marcado.

Les pido que me ayuden a darle gracias a Dios por este don, y que continúen sosteniéndome con su oración. 

Se que tanto en el mundo, como en la Iglesia y en nuestro instituto de Misioneros de Cristo pasamos ahora por momentos muy difíciles que nos invitan a no desfallecer. Sepan que mi ministerio sacerdotal sin el sostén de su oración se volvería pesado, se pondría en riesgo —a pesar de que soy, en algunos aspectos, un viejo lobo de mar— expuesto muchas veces a la desventura, a la enfermedad y al fracaso.

Que a todos los sacerdotes y por supuesto a los seminaristas, nos ampare la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María, la Dulce Morenita del Tepeyac que, junto con santa Teresita el Niño Jesús —quien se hace presente de alguna manera cada día— nunca me ha dejado, para que con su protección nos veamos libres de abandonar y perder la genuinidad de nuestra vocación. Aquí, en este templo hermoso que luego de tantos años me ha vuelto a recibir como párroco, la mismísima Guadalupana, vestida ahora de Nuestra Señora del Rosario, nos dice: «Hagan lo que él les diga».

Padre Alfredo.

4 de agosto de 2024.

sábado, 22 de junio de 2024

En la fiesta de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento...

Yo creo que imaginan el gustazo que me da llegar a este día en que la Iglesia celebra a la beata María Inés Teresa del Santísima Sacramento, a quien muchos de nosotros, de cariño le decimos: «nuestra madre». El recuerdo de su mirada transparente vuelve a mi mente y a mi corazón y sobre todo el testimonio de su vida que marcó mi vida y sobre todo mi camino vocacional hacia la misión sin fronteras. Esta maravillosa mujer que, en las diversas etapas de su vida como seglar y como religiosa fue una enamorada del Evangelio, se nutrió desde el día de su primera comunión de la eucaristía caminando siempre de la mano de la Virgen María en su advocación de Guadalupe, con quien mantenía profundos diálogos que parecía interminables y la llevaban más a buscar las mil y una formas de que todos se encontraran con Cristo.

La Oración Colecta de esta celebración, se dirige al Padre de misericordia recordando que en la beata nos ha dado un modelo de ardor misionero para la extensión del Reino de Cristo y le pide que nos conceda que por su intercesión y siguiendo su ejemplo, podamos nosotros también proclamar el Evangelio con sencillez y alegría hasta los confines de la tierra. La sencillez y la alegría, fueron siempre dos aspectos que brillaron en la madre María Inés. Con su caridad evangélica, gracias a estas dos características, llegó a todos. Dejando atrás su hogar, su familia, la comodidad de su entorno familiar, respondió a la llamada a salir, a hablar de Cristo dondequiera que fuera para que todos le conozcan y le amen. Ella decía que esta era su única recompensa.


No cabe duda de que la santa madre Iglesia no se equivoca al seleccionar la figura imitable de hombres y mujeres que, como la beata María Inés, hayan gastado su vida en conquistar el mundo para Cristo. Estamos llamados a salir con el mismo celo, el mismo ardor, la misma sencillez y alegría, pero también con su sensibilidad, su respeto por los demás, su deseo de compartir con ellos esa palabra de gracia (cf. Hch 20,32), que tiene el poder de edificar y llevar a todos hacia la Eucaristía bajo la mirada de María. Que con la Guadalupana, la beata María Inés nos recuerde el día de hoy que todos somos discípulos–misioneros y que no hay tiempo que perder porque «urge que Cristo reine» (1 Cor 15,25). ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 21 de junio de 2024

En el día de san Luis Gonzaga...


La Oración Colecta de hoy, está tomada de la misa de san Luis Gonzaga, el joven religioso jesuita que murió a los 23 años y que es patrono de la juventud cristiana. Él, dejando atrás todas las perspectivas que le ofrecía su ascendencia familiar, porque era muy rico, quiso dejarlo todo y se entregó a Dios siendo muy joven entregando su vida con fama de santidad. Viviendo la caridad cuando los jesuitas atendían a los damnificados por una epidemia que afectó a Roma el año 1591. El joven hermano Luis, cargando enfermos a sus espaldas y atendiéndolos en todo, contrajo la fiebre de aquella epidemia asumiendo su condición con un espíritu de penitencia que le alcanzó la santidad. 

Luis ciertamente murió joven... y muchos de nosotros le sobrepasamos en años y años. Pero, al ver estas figuras de jovencitos santos como él, uno puede preguntarse: ¿cuál es la verdadera «juventud»? ¿De qué depende ser «joven»? ¿De la corta edad o de qué…? La sociedad actual nos muestra que hoy hay jóvenes «momificados» y, a la vez, hombres y mujeres muy mayores llenos de vitalidad. Según el Papa Francisco, «ser joven, más que una edad, es un estado del corazón». Creo que si san Luis Gonzaga hubiera vivido más años, seguro disfrutara del mismo espíritu de inocencia y penitencia que le llevó a la santidad a tan corta edad.  Un ejemplo de estos es san Juan Pablo II, quien al final de su vida se presentaba como «un joven de 84 años». Él mismo afirmó en alguna ocasión que «los viejos son los que no tienen proyectos». Y, de hecho, cuando este Papa santo murió, tenía la agenda de trabajo llena hasta seis meses después de su fallecimiento.

Elevemos a Dios la oración de este día de san Luis Gonzaga, pensando especialmente en esa gente joven que hoy está, como digo, «momificada» sin encontrar sentido a la vida y gusto por abrazar la cruz: «Dios nuestro, autor de los dones celestiales, que uniste en San Luis Gonzaga una admirable inocencia de vida con la virtud de la penitencia, concédenos, por sus méritos e intercesión, que si no lo hemos seguido en la inocencia, lo imitemos en la penitencia». Con María, encomendemos a toda la juventud y con ella, los que estamos en Monterrey, demos gracias por la tregua que nos llega en medio del temporal que las tormentas nos acarrean. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

domingo, 16 de junio de 2024

Bendición de las medicinas…

Señor mío, tú qué has dado la inteligencia al hombre
para que pueda penetrar los secretos de la naturaleza,
bendice, te ruego estas medicinas que debo 
tomar para mi salud,
te pido que estas medicinas sirvan para mí bien
y que no dejen ninguna consecuencia
negativa en mi cuerpo.
Te lo pido a ti, Señor mío y Dios mío,
al cual pertenece el reino y la gloria,
por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 15 de mayo de 2024

«Maestros católicos, humildes y sencillos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Aunque toda tarea y acción es digna y es importante en la vida de una sociedad, mucha gente considera que el sacerdote, el médico y el maestro, que se ocupan de las personas de una manera muy directa en cuanto a su realización, desempeñan las dos funciones más excelsas que hay en el mundo. Hoy celebramos el día del maestro, y por ello quiero compartir algunas consideraciones en torno a esta vocación de servicio que abarca a personas de todo tiempo y lugar, de toda clase y condición. La educación es una obra tan excelsa, que los santos padres y los autores más ínclitos que se han ocupado de ella, la definen como una magistratura, una paternidad y un apostolado.

Hoy que es día de San Isidro labrador, haciendo referencia a él para pedir su intercesión, la Oración Colecta señala dos de sus virtudes que, aunque él no fue maestro, las creo del todo necesarias para todo docente. Se trata de la humildad y la sencillez. Todos recordamos, en lo profundo de nuestra memoria, a aquel educador, profesor o maestro que dejó huella en nosotros. Pero esta impronta no se debía tanto a lo que decía como al modo humilde y sencillo en que se relacionaba con nosotros, a la pasión con la que explicaba, a la impresión que nos causaba su persona o a la confianza que depositó en nosotros. Era su humanidad la que dejó huella en la nuestra, fue su corazón servicial el que tocó el nuestro, el que hizo vibrar nuestras cuerdas con la longitud de onda de las suyas. Este maestro nos educó desde el corazón.

Agradezcamos al Señor la oportunidad que nos da para recordarles en este día y rogarle al Señor, por intercesión de María santísima, Madre del Maestro, que aumente el número de maestros católicos que no hagan a un lado sus convicciones religiosas para que dejen la huella de Cristo en los alumnos. La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento decía que la tarea del maestro es fundamentalmente la de formar a Cristo en el alumno. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

P.D. Felicito e manera especial a mi queridísima profesora Magda Yolanda Villarreal Fernández, mi formidable maestra de matemáticas en secundaria, con quien mantengo contacto hasta la fecha. A mis hermanas Misioneras Clarisas que están en los colegios de nuestra Familia Inesiana ya todos mis amigos y amigas que con gozo, compromiso, humildad y sencillez, realizan esta tarea.

sábado, 11 de mayo de 2024

«Abundar en buenas obras»... Un pequeño pensamiento para hoy


El deseo de abundar en buenas obras debe ser siempre un impulso para todo bautizado. Eso es lo que hoy nos invita a pedir a Dios la Oración Colecta de hoy, de manera que tendamos a lo más perfecto y así vivamos en plenitud el misterio pascual. Los bautizados no podemos olvidar la importancia de las buenas obras que podamos realizar, aún en medio de una sociedad que busca crear un «evangelio light», un evangelio que no cuestione, que no corrija, que no se ponga en contra de los criterios mundanos.

Muchos católicos de hoy dicen que la misericordia de Dios hace que no te tienes que negar a nada, que no se necesita hacer cambios en la vida, que lo único que se tiene que hacer es recibir a Cristo como Salvador y que cada quien haga como pueda, que no se necesita entonces hacer obras buenas sino solamente creer. Tal vez la teología protestante lo vea de esta manera, sobre todo en algunas sectas de moda, pero sabemos que no puede ser así... El apóstol Santiago nos deja escrito esto: «Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta» (Sant 2,26). De tal manera que la fe sin obras es una fe muerta, porque la falta de obras revela una vida que no ha sido cambiada o un corazón que espiritualmente está muerto. La fe se demuestra por las obras que hacemos. La forma como vivimos revela lo que creemos y si la fe que decimos tener, es una fe viva.

La fe es un encuentro con Jesucristo, con Dios, y por eso de allí nace el deseo de hacer obras buenas que prolongan y extienden en el tiempo y en el espacio la misericordia de Dios. Por eso una fe sin obras, una fe que no te implique, que no te lleve a realizar buenas obras, no es fe. Solo palabras y nada más que palabras. Pidamos, por intercesión de María, que nos pone el ejemplo con su delicadeza en las Bodas de Caná, que estemos atentos para no dejar pasar las ocasiones en las que podamos hacer buenas obras. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.