lunes, 5 de marzo de 2018

«El baño salutífero de Naamán»... Un pequeño pensamiento para hoy


Entre los muchos profetas, hombres de Dios que aparecen en el Antiguo Testamento y anuncian la Palabra, advierten al Pueblo de correctivos de Dios si se apartan de La Ley, y lo animan a fiarse sólo de Dios en unos momentos históricos amenazadores hay dos especialmente importantes: Elías y su discípulo Eliseo, que ocupan capítulos enteros de "Los Reyes", de manera que se suele hablar del "ciclo de Elías" y el "ciclo de Eliseo" como partes fundamentales de estos libros. En el fragmento que la liturgia nos presenta hoy (2 Re 5,1-15), Eliseo, que es uno de los profetas que más milagros hacía en sus tiempos, cura a un personaje sirio, general y hombre importante de la corte, enfermo de una especie de lepra. El relato de hoy, en la primera lectura, es literariamente muy complejo, lleno de símbolos que hoy nos pasan casi desapercibidos. La esencia del relato es una incitación al pueblo a reconocer que el poder de Dios es mucho mayor que el poder de los falsos dioses extranjeros y, por tanto, una exhortación a confiar en Él con Fe y a obedecerle. Fe es obedecer, aunque lo que se nos pida parezca una tontería, algo fuera de sentido, como muestra este pasaje.

El profeta Eliseo le encarga a Naamán que se lave siete veces en el Jordán para quedar limpio de su enfermedad. Naamán se enoja pensando que saldría el profeta en persona a recibirlo, que invocaría el nombre del Señor su Dios y que tocando con sus manos su lepra lo curaría, pero obedece con fe y va a un río que, hasta la fecha, es relativamente de modestas dimensiones (La anchura media del río es de 27 a 45 m y su profundidad de 1,5 a 3,5 m.) y en algunas partes fangoso. Pero bueno, al leer y reflexionar esta lectura vemos que lo menos importante es el río y el número de veces que uno tenga que bañarse. Lo importante es hacer lo que Dios quiere y como Dios quiere ya que siempre queremos salirnos con nuestra voluntad aun cuando intentemos cumplir la voluntad de Dios. La inserción de este pasaje bíblico en Cuaresma nos viene muy bien para valorar lo que el ayuno, la oración y la limosna nos pueden alcanzar, a pesar de ser prácticas sencillas y nada espectaculares. Naamán es un escogido -como lo somos cada uno de nosotros-. A pesar de su disgusto, da un brillante ejemplo al humillarse y someterse de todo corazón a lo que le dice el profeta. Se bañó en el Jordán y experimentó que tan sólo con confiar en la palabra y el poder de Dios y con obedecerle con fe, se alcanza la curación. Naamán, un pagano, sale del salutífero baño del río Jordán purificado de la lepra del cuerpo y sobre todo de la de su corazón incrédulo. Se ha convertido, ha cambiado, es una persona nueva.

Nosotros no siempre sabemos ir más allá de las apariencias que nos esconden el misterio. Jesús aplica ese pasaje a su actualidad y comenta que "nadie es profeta en su tierra" (Lc 4,24-30) haciendo ver a su gente que esta Palabra de Dios que han escuchado se aplica en el aquí y ahora. El Señor achaca a los fariseos que no han sabido captar los signos de los tiempos. Eliseo limpió no a un leproso de Israel, sino a Naamán, el sirio, un pagano. Jesús, con esto, no da a entender claramente que los beneficios de Dios no están reservados exclusivamente a unos cuantos. La Iglesia es misionera por naturaleza (Ad gentes 1), y como tal, es enviada a todos. Dios ama a los paganos, a los gentiles. El baño purificador de Naamán en las aguas del Jordán trae a nuestro recuerdo, gracias también a este Evangelio, el sacramento del Bautismo, de gran actualidad en la Cuaresma y la Pascua. Estas lecturas de hoy nos recuerdan que urge que, casi a mitad de la Cuaresma, hagamos caso de las insistentes llamadas de Dios a la conversión y al cambio en nuestras vidas para re-estrenar nuestro bautismo en Pascua.  En la Vigilia Pascual, con los símbolos de la luz y del agua, pediremos a Dios que renueve en nosotros la gracia del Bautismo y renovaremos las promesas bautismales. Y la Cuaresma -no debemos olvidarlo- es preparación y camino para participar mejor con Cristo en su paso a la existencia de resucitado. Hoy me quedo con unas preguntas: ¿Me dejo interpelar por la Palabra? ¿se está notando que voy haciendo un camino con Jesús hacia la Pascua? Pidámosle a María santísima que nos ayude a valorar cada una de las prácticas de la Cuaresma, por sencillas e insignificantes que perezcan, y a vivirlas con fe y obediencia pensando en la alegría de la Pascua. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

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