lunes, 13 de julio de 2026

«En el día internacional del TDAH»... Un pequeño pensamiento para hoy


El mundo celebra hoy el día internacional del TDAH —Trastorno de déficit de atención e hiperactividad—. Oficialmente el TDAH es un trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades con la concentración, la atención y el control de los impulsos que afectan la vida diaria de la persona. Por lo tanto se trata de un neurotipo diferente. En esencia, la persona que tiene este cerebro divergente se rige por un sistema operativo distinto al del Cerebro Estándar con algunas características que superan a otras. La ciencia estima que hay entre un 2.5 y un 4.4% de personas con esta divergencia. Las personas con TDAH son sumamente distraídas; a veces «viven en la luna» y tienen dificultades para seguir órdenes porque parece que no escuchan cuando se les habla. Son muy inteligentes, generalmente con coeficientes muy altos, pero son desorganizados a morir y nunca saben dónde han dejado sus cosas, pierden todo y son descuidados. Tumban, empujan, quiebran, chocan con los muebles y con frecuencia saltan de una tarea a otra sin terminarla, ya que evitan situaciones que implican un nivel constante de esfuerzo mental.

Una persona con déficit e hiperactividad es impulsiva porque actúa de forma inmediata, sin reflexionar, sin pensar en las consecuencias o en el riesgo o el peligro, ni para sí mismos, ni para los demás. Inquietos con las manos o los pies, poco están sentados en las situaciones que lo requieren hacen todo con mucha pasión. Siempre activos hasta en los lugares en que es inapropiado y hablan y hablan de forma excesiva respondiendo antes de ser formulada completamente una pregunta. Tienen dificultad para esperar su turno y frecuentemente interrumpen conversaciones o temas de estudio y debate. En los deportes destacan por una excesiva actividad motora porque siempre están en continuo movimiento, corren, entrenan mucho, saltan... Con todo esto podemos pensar con certeza que la oración en una persona con TDAH y en general su vivencia de fe y práctica de la religión, puede ser un poco diferente a la de un católico neurotípico. En la Iglesia hay más de un santo neurodivergente aunque ningún santo ha sido reconocido oficialmente como tal. Quienes me conocen de cerca saben que cada día algo tiene que ver conmigo Santa Teresitas del Niño Jesús —o yo con ella—. Descubrí desde hace muchos años, que a veces le costaba concentrarse en la oración y recurría a pequeñas oraciones para superar este obstáculo. También era conocida por su sensibilidad y por haber luchado contra la escrupulosidad en su infancia. Otros santos que, al leer su biografía, me llaman la atención por algo relacionado con esto son San José de Cupertino, San Juan María Vianney —el santo cura de Ars— y Santo Tomás de Aquino.

Aunque los días especiales que el mundo mundial hace sobre enfermedades, trastornos y demás, creados para combatir el estigma social y educar sobre la prevención y acompañamiento de todo esto, no coinciden con las celebraciones de la Iglesia. Me parece una «diocidencia» —coincidencia— que este día internacional del TDAH pueda ser iluminado por el Evangelio de hoy que nos dice que hay que cargar con la cruz que nos toca (Mateo 10,34 al 11,1). Exigirnos una vida auténticamente evangélica, supone afrontar y enfrentar la presencia de cualquier «defecto de fábrica en nosotros». Jesús no ha venido a traer paz sino guerra. ¡Qué extraño suena esto en labios de Jesús, el Príncipe de la paz! Pero son palabras suyas que iluminan para no instalarnos y querer que el mundo cambie para que estemos a gusto quienes tenemos alguna divergencia. El seguimiento de Jesús no puede encontrar impedimento, aunque provoque sufrimiento y trabajo al doble. No es extraño que un cerebro divergente traiga consigo malentendidos, incomprensiones, rechazos. El discípulo no puede llevar una vida distinta a la de su maestro y convertida en un «muro de las lamentaciones» escudándose una y otra vez. En la escala de valores del cristiano no pueden darse razones ajenas al Evangelio. A veces el dolor pasa por nuestra vida. No es definidor de una vida, pero en él puede haber algo de verdad. Etty Hillesum Hillesum, aquella joven intelectual, pensadora y escritora judía neerlandesa, mundialmente conocida por el profundo testimonio que dejó en sus diarios y cartas sobre los horrores de la ocupación nazi en Ámsterdam y que murió asesinada a los 29 años en el campo de concentración de Auschwitz dijo algo que merece la pena señalar en este día para animar a quienes sufren por este trastorno que parece «chistoso» pero que, ciertamente causa dolor: «El dolor no es el lugar de nuestros deseos sino el de nuestra verdad». Con un cerebro neurotípico o con uno divergente la vida es real, es esta que nadie puede arrebatarnos, ni el pecado, ni la depresión, ni la soledad, ni la incomprensión, porque tiene «sabor a cruz» y eso nos acerca al Señor. Que María nos ayude a pasar las cuentas del rosario, aún con distracciones y a mirar a su Hijo en el Sagrario, aunque el vuelo e una mosca nos desconcentre para ser como él dando la vida con amor. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 12 de julio de 2026

«LA FUERZA DE LA PALABRA DE DIOS QUE TRANSFORMA LA VIDA»... Un pequeño pensamiento para hoy


El libro de Isaías tiene una parte conocida como el Deuteroisaías —de los capítulos 40 al 55— que termina con un capítulo de altos contenidos teológicos que nos muestra «la fuerza de la palabra de Dios que cambia la historia», El texto de la primera lectura de este domingo (Isaías 55,10-11), forma parte de ese capítulo; sus imágenes, los símbolos que se usan, ponen de manifiesto esta teología sobre la fuerza de la Palabra de Dios con su dimensión creadora y transformadora. La teología bíblica nos muestra que Isaías y su comunidad de discípulos, inspirados por Dios, marcaron la religiosidad de su época y por eso su mensaje sigue siendo para nosotros un mensaje de suma importancia. En este texto, nos encontramos con la singularidad de que la Palabra de Dios, como la lluvia y la nieve, no vuelven a lo alto sin empapar primero la tierra; así pasa con la Palabra de Dios, que se hace presente por medio de sus profetas.


Cuando el profeta, que vivía en una tierra que dependía del agua que marcaba la diferencia entre la hambruna y la cosecha, dice que la palabra de Dios es como esta lluvia o esta nieve, no está recurriendo a la poesía abstracta. Está diciendo: «lo que Dios dice es tan real, tan vital, tan irreversible en sus efectos como el agua sobre la tierra seca». Los corazones, es decir, las personas, reciben lluvia y nieve espirituales de la palabra de los profetas que interpretan la voluntad de Dios en la historia personal y comunitaria y van marcando el ser y quehacer de quien quiere seguir a Dios. Este pasaje, de una sencillez maravillosa, es una promesa de la gracia activa y transformadora de Dios, iluminando nuestros proyectos humanos conectándolos con el cumplimiento de la voluntad divina en nuestra historia de salvación. Así como no se ve el agua obrando bajo la superficie, muchas veces no se ve la palabra de Dios obrando en una vida. Y, sin embargo, en algún momento, el trigo brota. En algún momento, algo germina.

Nosotros sabemos que la Eucaristía es esa palabra bajada del cielo, salida de Dios y ofrecida en sacrificio a cuantos en esta vida tienen hambre y sed de justicia, de amor y hambre y sed de Dios. Así como el agua da vida a las plantas, la Palabra de Dios que leemos en comunidad cada domingo y en general cada día en misa sana, corrige y da propósito a nuestras vidas. Esta Palabra salva, anima, consuela, juzga las injusticias y el poder mal aplicado. Esta Palabra, llega además de muchas formas y maneras a nuestra vida mostrándonos que Dios actúa en la historia. El mundo, la sociedad, las instituciones de justicia y de altas decisiones no debemos hacer oídos sordos a pasajes como éste que nos lleva a reflexionar y preguntarnos: ¿Es mi corazón una tierra receptiva a esta Palabra, o está seca y endurecida? Vivamos así, a la escucha y profundización de la Palabra encontrando el sentido de lo que somos y hacemos de la mano de María la Madre Dios. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

jueves, 9 de julio de 2026


El evangelio de este jueves (Mateo 10,7-15) nos invita a echarle un vistazo a la segunda parte del envío de los discípulos. El evangelista nos muestra las instrucciones concretas de cómo realizar la misión partiendo de un mandato bastante claro: «Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos». Según los grandes letrados judíos de aquellos tiempos faltaba mucho para que el Reino llegara. La llegada del Reino, enseñaban, dependía de su esfuerzo. Para los fariseos, por ejemplo, el Reino llegaría sólo cuando la observancia de la Ley fuera cumplida a la perfección. Con Jesús los discípulos perciben la llegada del Reino de otra forma. Dice que el plazo ya está vencido (Mc 1,15). Cuando dice que el Reino está cerca.

El pasaje nos presenta algunos de los signos de la presencia de este Reino anunciado que se concretizan ante todo en gestos definidos que son realizados gratuitamente: «Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente». Esto quiere decir que los discípulos tienen que acoger dentro de la comunidad a todos aquellos que han sido excluidos de la comunidad. No deben llevar nada para el camino: «No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven el morral para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento». O sea que los enviados deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada llevando sólo la paz (Mc 10,13), muestra que confía en la gente. 

Así, anunciar el Reino, hasta nuestros días, no consiste, en primer lugar, en impartir doctrinas, sino en tratar de vivir de forma fraterna compartiendo la Buena Nueva que Jesús nos trajo: Dios es Padre, y nosotros somos todos hermanos y hermanas. Jesús nos vino a traer una cosa totalmente nueva. Vino a rescatar unos valores comunitarios que son fáciles de hacer a un lado: la hospitalidad, el compartir, la comunión alrededor de la mesa, la acogida de los excluidos. Luego de esta reflexión me viene una pregunta: ¿Cómo entender hoy la recomendación de no llevar nada por el camino cuando se va en misión? Hay que dejarse mirar por Jesús en la Eucaristía y él nos hablará con aquellas mismas instrucciones adecuadas a los tiempos de hoy... no hay duda. Que María nos mantenga atentos a escucharle. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

miércoles, 8 de julio de 2026

«Discípulos y apóstoles»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El domingo pasado, en el rezo del ángelus, el Papa León nos recordó que «en la esclavitud, Cristo es liberación; bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza y en la hora del pecado, Cristo es perdón». Esta —dijo el Papa— es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre. Hoy el evangelio (Mateo 10,1-17) nos narra aquel momento en el que Jesús, de entre sus discípulos, eligió a 12 para ser sus apóstoles. Este es, por así decir, un momento clave de la Iglesia que con él, va a recorrer un camino, un camino de discipulado, pero también un camino de misión. 

Me parece un buen día para reflexionar en que ser discípulo y ser apóstol no son dos cosas excluyentes, sino dos etapas del mismo camino espiritual. Un discípulo es un aprendiz que sigue las enseñanzas de Jesús, mientras que un apóstol es un enviado con la misión de compartir y predicar esas enseñanzas. Con razón el Papa Francisco hablaba mucho de nuestro compromiso de ser discípulos–misioneros, es decir discípulos y apóstoles.

Cierto que primero es necesario ser discípulo —aprender, formarse y cultivar una relación con Cristo— para luego poder ser apóstol —un misionero que lleva ese mensaje al mundo—. Todo bautizado está llamado a vivir ambas facetas: nutrirse de la fe y dar testimonio activo en su entorno. El Señor eligió a doce apóstoles de entre sus muchos discípulos para capacitarlos, darles autoridad y encomendarles la misión de continuar su obra y expandir su mensaje tras su partida. A nosotros también nos ha elegido. ¿Eres consciente de la tarea que tienes como discípulo–misionero de Cristo? Con María de la mano es posible llevarlo a cabo. ¡Bendecido miércoles, día de regresar al calorón de Monterrey!

Padre Alfredo. Ver menos

martes, 7 de julio de 2026

«La cosecha es mucha y los obreros pocos»... Un pequeño pensamiento para hoy

Estoy seguro de que todos hemos escuchado las palabras finales del evangelio de hoy (Mt 9,32-38): «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos». Este año, en la arquidiócesis de Monterrey en donde habitualmente vivo —aunque desde ayer y hasta mañana estoy en Guadalajara— estamos celebrando un año especial rogando por las vocaciones a la vida sacerdotal y pidiendo por los sacerdotes y sus familias. Ha pasado ya la mitad del año y no sé si estaremos poniendo algo de nuestra parte para solucionar el problema de la escasez tan marcada de sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos. ¿Conoce alguien de mis 19 lectores alguna familia donde se anime a los hijos a ser sacerdotes?

Tenemos un clero claramente envejecido en lo físico y en lo mental... ¡y sin relevos! Un amigo sacerdote me decía: «Todos mis amigos de la infancia ya están jubilados y yo, a mis casi 65 años, apenas recibiendo una nueva encomienda para levantar una parroquia que va a comenzando... ¡que Dios me ayude! Yo me emociono por que la parroquia que me tienen encomendada, cuenta con más de 200 jóvenes en los grupos de la pastoral de adolescentes y de jóvenes, entre ellos muchos varones pero... ¿cuántos de esos se cuestionan si tienen vocación sacerdotal? Muchos de ellos son parejas que parecen enamorados y allí mismo encuentran novia. Alcanzo a ver que además, con la mala fama que tenemos los padrecitos, el sacerdocio está lejos de ellos. Los invito a vivir el proceso vocacional y me cambian la plática, aunque muchos son muy buenos, participan en la liturgia, se confiesan seguido, no faltan a misa y algunos hasta entre semana van. 

Jesús pide al Padre que mande obreros a su mies y a nosotros nos toca mantenerlas en el campo donde son necesarios los sembradores y segadores. A veces nos falta orar más por esa intención. El Señor —como decía Benedicto XVI— no dijo que en primer lugar hubiera que hacer una campaña publicitaria para promover las vocaciones... ¡Lo primero es «rogar» al dueño de la mies! Estoy promoviendo mucho nuestro próximo encuentro para varones que quieran conocer de cerca la vocación sacerdotal... no va ninguno apuntado. No es atractivo. El ser sacerdote no atrae y les aseguro que esta vocación es maravillosa. Me ha dado 37 años de felicidad estableciendo el reino y colaborando para que todos conozcan y amen a Dios. ¿Habrá algún interesado en vivir el retiro si no creo que haya jóvenes que me lean? Que la Virgen, Madre de las vocaciones, no nos deje. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo. 


domingo, 5 de julio de 2026

«”Modo party” y “modo rest”»... Un pequeño pensamiento para hoy


Vivimos en un mundo marcado por la prisa, la exigencia constante y el peso de innumerables preocupaciones que terminan agotando la mente y el corazón. La Palabra de Dios nos invita este domingo a detenernos, mirar hacia nuestro interior y preguntarnos si hemos olvidado qué significa descansar y dónde buscamos realmente nuestro descanso. Como señala Byung-Chul Han, uno de los filósofos contemporáneos que más ha influido en mi pensamiento y en el de muchos católicos, vivimos en una «sociedad del cansancio» porque hemos perdido la capacidad de descansar. Ya no necesitamos una imposición externa como en el tiempo de la esclavitud: muchas veces somos nosotros mismos quienes nos exigimos sin medida. La mayoría no es explotada por un jefe o un dictador, sino que se explota voluntariamente a sí misma, convencida de que se realiza como persona a través de un esfuerzo agotador. La presión por ser cada vez más productivos y exitosos provoca cansancio extremo y enfermedades neuronales que no dejan espacio para la pausa. El hombre y la mujer de hoy han caído en la trampa diabólica de la sociedad del rendimiento que es el creer que nuestro valor depende de lo que producimos y que, por eso, no podemos detenernos. ¡No hay tiempo ni permiso para descansar!

Corremos sin medida, trabajamos sin freno, producimos en exceso y nos exigimos sin descanso. Pero ¿qué ocurre cuando el cuerpo, la mente y el alma ya no pueden más? Hoy, en el Evangelio (Mt 11,25-30) Jesús nos invita a descansar. No nos ofrece una simple pausa ni una evasión de los problemas, sino algo mucho más profundo: la paz que nace cuando dejamos de sostener la vida únicamente con nuestras propias fuerzas y aprendemos a abandonarnos en las manos de Dios. El cansancio del mundo actual es peligroso, porque nace de la autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. El Señor nos recuerda que la humildad evangélica consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré». Pero, ¿cómo descansar en esta sociedad del rendimiento, que cada vez se convierte más en una sociedad del dopaje, donde el ser humano termina clamando desde la derrota del cansancio que provoca ansiedad, depresión, angustia, burnout y otros males neuronales? ¡Qué difícil es, incluso en medio de un mundial de futbol, abrir espacio para la quietud, la calma y la serenidad del alma! Los Fan Fest quieren mantener a todos en «modo party» que agota más. 

Es necesario detenernos, limpiar la mirada y reconocer que no podemos vivir de manera deshumanizada debido a la patética necesidad de un activismo desmedido. Necesitamos descansar con Jesús para recuperar lo verdaderamente humano. Nuestros tiempos, tan parecidos en muchos aspectos a otros momentos de la historia, no piden quietismo. No fuimos creados para la inercia. Pero sí para una militancia sensata, alimentada por la interioridad y el silencio: dos pilares que generan lucidez y ayudan a contrarrestar el estruendo del mundo. Dios es calma y quietud, Él, al terminar la Creación, descansó, según nos narra el libro del Génesis y nunca es tarde para aprender a descansar. Pienso en María en casa de Isabel, donde seguramente encontró momentos de descanso, y le pido que me acompañe también en mis ratitos de reposo. ¿Cómo descansas tú? ¿Qué te hace entrar en «modo rest»? ¿Lees, caminas, rezas, escribes, paseas en bicicleta, te sientas a contemplar, tomas un buen café o una taza de té? ¡Bendecido domingo y sin llegar al desenfreno sigamos disfrutando del futbol, que gane quien rece más y se prepare mejor, como decía mi buen amigo Osvaldo Batocletti!

Padre Alfredo.

sábado, 4 de julio de 2026

«Danzón n.º 2»... Una obra maestra de Arturo Márquez

El «Danzón n.º 2» es una obra musical para orquesta sinfónica compuesta por el destacado músico mexicano Arturo Márquez, (n. Álamos, Sonora, 20 de diciembre de 1950) que ya he dicho en varias ocasiones, es mi compositor mexicano favorito y ya he hablado varias veces, con diversas obras, de él, solo que me faltaba detenerme con detalle en esta fastuosa composición. Sin duda alguna puedo decir que de sus composiciones, la que más veces he escuchado y que más me gusta es ésta.

La obra fue estrenada con gran éxito el 5 de marzo de 1994. Influenciada por el danzón, los ritmos populares y la música mexicana de concierto, es la más destacada de la serie de nueve piezas tituladas así de las cuales ya he hablado en general, y se convirtió en una pieza recurrente en la interpretación de orquestas sinfónicas de México y el mundo. El gobierno mexicano en su vigésimo aniversario reconoció a «Danzón n.º 2» como la segunda obra de música mexicana de concierto más famosa, sólo por detrás del Huapango de José Pablo Moncayo. Críticos como Aurelio Tello lo califican como «uno de los rostros más profundamente genuinos de la actual música mexicana».

La mejor forma de acercarse al Danzón No. 2 de Arturo Márquez es a través de un texto de su puño y letra, que dice así: «La idea de componer el Danzón No. 2 surgió en 1993 durante un viaje a Malinalco con el pintor Andrés Fonseca y la bailarina Irene Martínez, ambos expertos en bailes de salón y con una especial pasión por el danzón, la cual me transmitieron desde el principio y también en posteriores excursiones a Veracruz y al Salón Colonia en la colonia Obrera del Distrito Federal. 

A partir de estas experiencias empiezo a aprender sus ritmos, su forma, sus contornos melódicos a base de escuchar las viejas grabaciones de Acerina y su Danzonera, y dentro de mi fascinación capto que la aparente ligereza del danzón es sólo una carta de presentación para una música llena de sensualidad y rigor cualitativo que nuestros viejos mexicanos siguen viviendo con nostalgia y júbilo como escape hacia su mundo emocional, el cual afortunadamente aún podemos ver en el abrazo que se dan música y baile en Veracruz y en los salones de la ciudad de México. 

Danzón No. 2 es un tributo a ese medio que lo nutre. Trata de acercarse lo más posible a la danza, a sus melodías nostálgicas, a sus ritmos montunos, y aun cuando profana su intimidad, su forma y su lenguaje armónico, es una manera personal de expresar mi respeto y emotividad hacia la verdadera música popular. El Danzón No. 2 fue compuesto gracias a un encargo de la Dirección de Actividades Musicales de la UNAM y está dedicado a mi hija Lily».

Debido a su carácter rítmico y su asociación con el danzón, las audiencias asociaron paulatinamente la pieza a un ánimo festivo que predomina en las diversas interpretaciones de esta obra alrededor del mundo. 

Padre Alfredo.

Disfruta escuchando:


«DE ODRES Y REMIENDOS»... Un pequeño pensamiento para hoy


La lectura del pasaje evangélico de este día (Mateo 9,14-17), nos deja ver que la doctrina de Jesús es algo totalmente nuevo. Él no viene a reformar la ley religiosa de su tiempo, sino que viene a darle su verdadero sentido de plenitud. Lejos de abolir aquello que había sido instituido, completa su propósito final: transformar el cumplimiento externo en una vida guiada por el amor a Dios y al prójimo, cambiando las normas formales por una transformación interior. A través de parábolas, como las de hoy, Jesús enfatizaba que Él estaba dando cumplimiento a la Ley haciendo algo nuevo inaugurando una nueva relación de pacto entre Dios y su pueblo. Los discípulos de Juan eran judíos. Todavía seguían las reglas del judaísmo y vivían bajo las obligaciones del Antiguo Testamento, con sus rituales ceremoniales y regulaciones religiosas, incluyendo el ayuno en ciertos días.

El Evangelio, según hoy nos muestra Jesús, es Buena Nueva. Es una gran novedad. Por eso lo normal es que Dios tenga cosas nuevas que anunciarnos: de lo contrario no sería ni mejor ni mayor que nosotros. Por eso, habla Jesús de vino nuevo. El Evangelio es como un traje nuevo que no admite llevar cosidos viejos harapos en un remiendo cualquiera. Este traje y este vino es el regalo que Jesús nos trae de parte de Dios. Y espera que nosotros guardemos este vino nuevo en un odre también nuevo, ¿o qué no estamos llamados a ser la humanidad nueva? Hay que buscar ser un odre que no eche a perder el vino. 

El cuero de un odre viejo ya se ha estirado y endurecido; al no poder expandirse, se agrieta y revienta, destruyendo tanto el envase como el líquido. Esta metáfora, tan bien empleada por el Maestro, junto a la del remiendo, ilustra cómo las estructuras rígidas o antiguas no pueden contener transformaciones o verdades revolucionarias sin destruirse en el proceso. Las dos parábolas revelan esta verdad: si no comprendemos que se necesita algo nuevo, dos objetos valiosos —la ropa y los odres— corren el riesgo de arruinarse. ¡Qué alegría que tenemos una nueva vida de libertad en Jesús que todo lo hace nuevo llevando a plenitud la Ley! Que María santísima nos ayude a ser fieles en todo tiempo y lugar. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 3 de julio de 2026

«TRAE ACÁ TU MANO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy la fiesta del Apóstol Santo Tomás nos lleva a contemplar al Señor resucitado. La liturgia, en el evangelio (Juan 20,24-29), nos lleva a la escena del momento en el que Tomás, no estaba con la comunidad cuando apareció Jesús, y no cree lo que le dicen los demás. Él aún no ha captado la experiencia de la Resurrección y por lo tanto sigue desanimado y por eso no les cree. Este dato es muy importante, porque nuestra fe no puede apoyarse solo en testimonios; nuestra fe tiene que ser una experiencia personal, un encuentro con Alguien vivo que nos libera del desencanto, y nos muestra un camino. Al mismo tiempo nos deja ver cómo el desánimo y el desaliento nos pueden llevar a la incredulidad.

Jesús, vuelve a la semana siguiente, cuando ya está Tomás con la comunidad. Y es que Jesús vuelve siempre, sin reproches, sin reclamos, sin regaños; vuelve con su cercanía, con su paz, con su misericordia. Se acerca a Tomás con una especial ternura y le dice: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino cree». Y del incrédulo Tomas surge una gran confesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío! De la duda de Tomás, podemos aprender a gestionar nuestras propias dudas. Nos hace bien de vez en cuando entrar en nuestro interior, habitado por Dios mismo. 

El silencio interior, que podemos hacer luego de pensar en este momento que vivió Santo Tomás, provocará en nosotros la actitud propia de las personas que se saben incondicionalmente queridas, protegidas y acompañadas. Como Tomás, nosotros también debemos reconocer al Señor en las llagas de su costado sin limitarnos a tocarlas sino ir más allá y aliviarlas, curarlas en el hermano necesitado de cariño, de escucha, de compresión. Jesús nos invita a ver y tocar, para curar, todas sus llagas en tantas personas heridas en nuestro mundo. Que María santísima nos ayude. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 2 de julio de 2026

«ME DA PENA EL ¡MODO PARTY! QUE PARALIZA EL ALMA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este jueves, en la liturgia de la Palabra, tenemos un pasaje del evangelio de San Mateo (Mateo 9,1-8) en el que Jesús no solo sana a un paralítico, sino que antes de eso muestra su autoridad para perdonar los pecados a los presentes, desafiando a los escribas que rechazaban a Nuestro Señor especialmente porque desafiaba su autoridad religiosa  y criticaba su enfoque legalista. Jesús les reitera que el Hijo del hombre tiene ese poder en la tierra e invita al paralítico a que tome su camilla y se vaya a casa, dejando asombrados a los presentes quienes dan gloria a Dios. Los escribas —siempre de vista corta— quieren pulverizar a Jesús acusándolo de escándalo porque se atreve a perdonar pecados, potestad que solo pertenece a Dios. Mateo relata que Jesús, «conociendo sus pensamientos», plantea una pregunta: «¿Qué es más fácil decir?». Luego, para que la multitud sepa que «el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados», manda al paralítico levantarse, tomar la camilla y andar.

Entonces, en lugar de fijar nuestra mirada en los escribas, veamos al hombre paralizado, que permanece callado en todo el relato dejándose llevar por sus amigos sin siquiera manifestar su fe ante Jesús, ni pedir él la curación. EL Señor le dice: «Ten confianza, hijo, se te perdonan tus pecados». Es que, en realidad, es el pecado lo que paraliza la existencia de todo ser humano y le impide vivir. Curar a un paralítico es dar al hombre la posibilidad de caminar, de elegir su vida, de ejercer su actividad, pero para alcanzar esto primero es necesario perdonar los pecados y liberar del sentimiento de culpa. Solo después será posible curar la parálisis, porque con frecuencia es el sentimiento de culpa lo que nos paraliza a todos. Jesús lo libera del pecado y le anima a asumir de nuevo su vida con ánimo y responsabilidad: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».  La curación corporal confirma y manifiesta su potestad espiritual: el signo verifica la palabra.

El pecado no puede estar en nosotros sin hacernos daño y traer dolor, incertidumbre y culpabilidad que no se queda solo en el pecador, sino que se propaga. Prueba de ello son los nefandos actos cometidos en los «Fan-Fest» —festivales del mundial— de Ciudad de México, Monterrey y Tijuana, donde el pecado se ha hecho «social» y la chusma alcoholizada, con una total ausencia de Dios en su corazón, ha perdido su brújula moral—empezando por las autoridades civiles— dejándose dominar, «¡en el modo party!» por los instintos más básicos y egoístas en una dinámica que paraliza el alma y la dignidad de la persona. Deberíamos de leer a Octavio Paz, que en su Laberinto de la soledad advertía: «Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares». En la parálisis del hombre curado los hombres y mujeres de fe podemos ver el símbolo de nuestras propias parálisis, de todo aquello que no solo como personas, sino como sociedad, nos detiene impidiéndonos avanzar en la vida. Estoy contento con el desempeño de nuestros jugadores mexicanos en el mundial, pero no con la parálisis social que esto está causando y que empobrece al ser humano en todo sentido. Que la humildad de María Madre, que seguro sufre por sus hijos, no nos deje. ¡Bendecido jueves social y eucarístico!

Padre Alfredo.