domingo, 5 de julio de 2026

«”Modo party” y “modo rest”»... Un pequeño pensamiento para hoy


Vivimos en un mundo marcado por la prisa, la exigencia constante y el peso de innumerables preocupaciones que terminan agotando la mente y el corazón. La Palabra de Dios nos invita este domingo a detenernos, mirar hacia nuestro interior y preguntarnos si hemos olvidado qué significa descansar y dónde buscamos realmente nuestro descanso. Como señala Byung-Chul Han, uno de los filósofos contemporáneos que más ha influido en mi pensamiento y en el de muchos católicos, vivimos en una «sociedad del cansancio» porque hemos perdido la capacidad de descansar. Ya no necesitamos una imposición externa como en el tiempo de la esclavitud: muchas veces somos nosotros mismos quienes nos exigimos sin medida. La mayoría no es explotada por un jefe o un dictador, sino que se explota voluntariamente a sí misma, convencida de que se realiza como persona a través de un esfuerzo agotador. La presión por ser cada vez más productivos y exitosos provoca cansancio extremo y enfermedades neuronales que no dejan espacio para la pausa. El hombre y la mujer de hoy han caído en la trampa diabólica de la sociedad del rendimiento que es el creer que nuestro valor depende de lo que producimos y que, por eso, no podemos detenernos. ¡No hay tiempo ni permiso para descansar!

Corremos sin medida, trabajamos sin freno, producimos en exceso y nos exigimos sin descanso. Pero ¿qué ocurre cuando el cuerpo, la mente y el alma ya no pueden más? Hoy, en el Evangelio (Mt 11,25-30) Jesús nos invita a descansar. No nos ofrece una simple pausa ni una evasión de los problemas, sino algo mucho más profundo: la paz que nace cuando dejamos de sostener la vida únicamente con nuestras propias fuerzas y aprendemos a abandonarnos en las manos de Dios. El cansancio del mundo actual es peligroso, porque nace de la autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. El Señor nos recuerda que la humildad evangélica consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré». Pero, ¿cómo descansar en esta sociedad del rendimiento, que cada vez se convierte más en una sociedad del dopaje, donde el ser humano termina clamando desde la derrota del cansancio que provoca ansiedad, depresión, angustia, burnout y otros males neuronales? ¡Qué difícil es, incluso en medio de un mundial de futbol, abrir espacio para la quietud, la calma y la serenidad del alma! Los Fan Fest quieren mantener a todos en «modo party» que agota más. 

Es necesario detenernos, limpiar la mirada y reconocer que no podemos vivir de manera deshumanizada debido a la patética necesidad de un activismo desmedido. Necesitamos descansar con Jesús para recuperar lo verdaderamente humano. Nuestros tiempos, tan parecidos en muchos aspectos a otros momentos de la historia, no piden quietismo. No fuimos creados para la inercia. Pero sí para una militancia sensata, alimentada por la interioridad y el silencio: dos pilares que generan lucidez y ayudan a contrarrestar el estruendo del mundo. Dios es calma y quietud, Él, al terminar la Creación, descansó, según nos narra el libro del Génesis y nunca es tarde para aprender a descansar. Pienso en María en casa de Isabel, donde seguramente encontró momentos de descanso, y le pido que me acompañe también en mis ratitos de reposo. ¿Cómo descansas tú? ¿Qué te hace entrar en «modo rest»? ¿Lees, caminas, rezas, escribes, paseas en bicicleta, te sientas a contemplar, tomas un buen café o una taza de té? ¡Bendecido domingo y sin llegar al desenfreno sigamos disfrutando del futbol, que gane quien rece más y se prepare mejor, como decía mi buen amigo Osvaldo Batocletti!

Padre Alfredo.

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