Hoy es día de apóstol Santiago y, en el Evangelio, san Mateo (Mateo 20,20-28) nos lleva a una escena a la vez simpática y comprometedor. Los hijos de Zebedeo —Santiago y Juan— convencieron a su madre de que se acercara a Jesús para que le pidiera el honor de sentar a sus hijos a la derecha y a la izquierda en su reino. El Señor escucha a la madre alcahueta —como se dice en México— y se dirige para responder, no a ella, sino a ellos, para decirles que todavía les quedaba por recorrer un largo camino de conversión hasta comprender la realidad del reino que Jesús anunciaba. Seguro que no entendieron posiblemente el alcance de la pregunta que Jesús les hizo: «¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
El relato nos cuenta que los otros diez apóstoles, se indignaron ante la petición de Santiago y Juan, porque eran conscientes de la situación y en el fondo ellos también querían puestos especiales y los hijos del Trueno —como eran conocidos—se les habían adelantado. Esto nos deja una enseñanza grandísima, sobre todo a quienes por una u otra razón, nos toca estar al frente de algo, ocupando puestos de «importancia» que debemos entender, son pasajeros. Al seguir a Jesús no hay privilegios de sentarse a su derecha o a la izquierda, nuestro vida junto a él es servicio, no «carrerismo» como recordó varias veces en su pontificado el papa Francisco. papa Francisco. Siempre puede ser una tentación olvidar la escala de valores de Jesús en el Evangelio, por eso la Beata María Inés repetía: «Si no es para salvar almas, no vale la pena vivir».
Ser grande y ser el primero se traduce, desde los valores del Evangelio, en hacerse pequeño y servidor de todos. Con razón uno de los títulos que ostenta el papa, unido a los de vicario de Cristo, santo padre, y sumo pontífice, está el de «siervo de los siervos de Dios». Con el servicio, no solo Santiago sino los demás apóstoles y los primeros cristianos, daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ni la persecución ni la cárcel los detenían. No hacían caso de aquellos que pretendían apagar su voz y no querían reconocer sus signos ante el pueblo. La historia nos narra que para acallar su voz, Herodes mandó decapitar a Santiago. Es el primer apóstol mártir por dar testimonio de la resurrección del Señor. Que junto a María santísima la fe de Santiago y el testimonio de su vida entregada nos alientan en el seguimiento de Jesucristo. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
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