martes, 21 de julio de 2026

«La gente buena y santa en nuestro camino»... Un pequeño pensamiento para hoy

No hay duda alguna de que Dios quiere de nosotros un corazón humilde, un corazón agradecido y tierno; equitativo, misericordioso y compasivo; un corazón equilibrado, sacrificado, atento a las enseñanzas, precavido para no desviarse del camino. Para no salirnos del sendero, el Señor, en su infinita misericordia, nos pone junto a personas buenas y santas para guiarnos y cuidarnos en la vida. Estos compañeros de camino nos inspiran a hacer el bien y a mantenernos firmes en la fe. En mi caminar por la vida, el Señor ha puesto mucha gente de esta clase: mis padres, Lalo mi hermano,  las tías Celina (†) y Angélica, la madre Juanita, la Beata María Inés, la madre Teresa Botello (†), el señor arzobispo Rafael Bello (†), San Juan Pablo II, el beato Eduardo Pironio, mis padrinos los monseñores Juan Esquerda y Juan José Hinojosa (†) y mucha gente más que he dejado huella, pero hoy quiero hablar de uno de mis amigos del alma que, con una sutileza increíble y un humor extraordinario, a sus casi 90 años, rejuvenece mi espíritu en un instante y lo eleva al gozo de sentirme amado y llamado por Dios a vivir plenamente mi vocación sacerdotal–religiosa–misionera. Me refiero al padre Abundio.

Abundio calca perfectamente en su ser y quehacer lo que Miqueas nos deja en herencia en la primera lectura de hoy (Miq 6,1-4.6-8) Este profeta, según podemos ver en este trozo de la Escritura, es un maestro por antonomasia, que, con pocas palabras y con el mejor modo de hacerse entender, nos enseña mucho. En primer lugar nos enseña que es de Dios de donde procede siempre y solamente el bien; luego nos muestra que es Dios mismo quien ha devuelto la libertad de hijos a todos y que espera siempre una respuesta, no para engrandecerle a él, sino para perfeccionarnos nosotros y ser lo que debemos ser porque libremente elegimos seguirle. Finalmente nos recuerda que la repuesta que nos pone con alegría ante él, esta forjada de humildad reconociendo a nuestro excelso Señor como quien da sentido a lo que somos y hacemos. ¡Cuánto aprendo del padre Abundio con solo mirarlo, con sentir su cariño de padre y de hermano, con sus consejos y con su testimonio de una vida cargada de años —con los achaques correspondientes— y marcada por una portentosa fidelidad y perseverancia!

¿Haz pensado en las personas buenas y santas que Dios ha puesto en tu vida comenzando con nuestras familias, ya sean biológicas o no? Podemos guardar recuerdos maravillosos, conmovedores e inolvidables de familiares y amigos que, en diversas circunstancias de la vida nos han acercado o regresado a Dios. Hay recuerdos que quizá desearíamos olvidarlos sin importar a qué categoría pertenezcan, pero los que vienen de gente de bien, representan la mano activa o de Dios en nuestras vidas. Desde que llegamos a este mundo, como peregrinos que vamos de paso, recibimos bendiciones y más bendiciones de estas personas que Dios pone en nuestro camino. Sus vidas nos inspiran, nos enseñan a perseverar y nos muestran caminos concretos de santidad. A través ellos Dios nos concede ayuda, consuelo y fuerza para seguir su voluntad. No olvidemos que junto a ellos nos acompaña María, los santos, la Iglesia por la comunión de los santos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

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