Escribo esta mañana mi reflexión desde este bendito lugar «La Casa Madre» en donde la Beata María Inés Teresa echó a andar el proyecto misionero que Dios, acompañado de su Madre santísima le encomendó: «La Familia Inesiana». Y lo hago en este marco hermoso que, desde ayer, renueva el carisma en cada uno de los más de 150 representantes de las 6 expresiones inesianas compartimos este «Triduo Inesiano». Mientras que la confabulación para el mal que en muchas partes del mundo busca instalarse en el corazón del hombre llevándolo a la guerra, a la violencia, al acoso, a las enemistades y las discordias, incluso en gente que se considera buena. Madre Inés, como Miqueas (2,1-15) no se queda callada y nos habla de esperanza. Así es y así se ha de vivir: el mal no tiene lugar en el corazón del que pertenece al Señor. Ni el odio, ni la mentira, ni el robo a los pobres, ni el racismo o la xenofobia es parte de la viña del Señor.
Madre Inés, con su testimonio de vida, que ayer hemos contemplado muy de cerca, nos invita a dejarnos mirar por Jesús con su actitud de apertura, seguro de que el bien y la bondad son la expresión de la misericordia a pesar de los pesares del mundo actual y que nada del mal ni de ninguna otra triquiñuela del enemigo puede, como dice el Evangelio de hoy (Mateo 12,14-21) quebrar la caña desquebrajada, ni apagar la mecha vacilante. Es verdad que vivimos tiempos de mucha incertidumbre, quizás más oscuros de los que hemos vivido en los últimos años, pero también es verdad que gente buena, gente santa como madre Inés, nos llenan de esperanza. Los tiempos en que ella escuchó la llamada el Señor y quiso responder con fidelidad, eran tiempos turbulentos. La persecución religiosa arreciaba en México y ella, con una valentía impresionante pero seguro acompañada del miedo natural de todo mortal, emigró, sin ser acompañada por ningún miembro de su familia, a los Estados Unidos para poder realizar su vocación.
No podemos dejar de proclamar que todos vivimos tiempos duros en los que nos damos cuenta de que somos cañas desquebrajadas; todos somos mechas que vacilamos entre la esperanza y el desengaño y la Palabra de Dios, pero los gestos de Jesús y el ejemplo de los santos, como estamos viendo en estos días aquí en Casa Madre, renuevan como siempre la confianza en que podremos seguir adelante. La confianza de que ante el dolor, la persecución o la muerte no estamos totalmente perdidos, nuestro lote nos lo ganó Aquel que lucha por el derecho de todos, por la dignidad ante todo y de todo ser humano, Aquel que, en el silencio de su amor, nunca nos abandona. Hay que dar gracias a Dios con María por personas como la Beata María Inés, cuya vida, es una muestra clara de lo que Dios espera de nosotros. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
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