miércoles, 1 de julio de 2026

«POR AQUELLO DEL FUTBOL»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ayer, como pocas veces, pude disfrutar del partido de futbol entre México y Ecuador. El futbol es de las pocas cosas que me mantienen «un poco atento» a la pantalla —como se le dice ahora a la televisión—. Compartir el ver el juego con Edgar, Jimmy y Rola resultó encantador, y más por la deliciosa carne asada que acompañó el momento. ¡Gracias padre Rola por abrir las puertas de tu casa siempre! Ayer comprobamos que tanto en México como en Ecuador, el fútbol cuenta con jugadores que profesan abiertamente su fe. Vimos a varios de los jugadores santiguarse. Esta victoria no solo nos da el gusto de seguir en la batalla, sino el contemplar que mientras las naciones compiten en la cancha, la verdadera identidad y propósito de las personas se encuentran en el respeto, la fraternidad y el agradecimiento a Dios, sin importar el marcador.

Este triunfo de México 2-0 sobre Ecuador en el Estadio Azteca , que instaló al «Tri»  en los octavos de final de este Mundial, debe ser, para los hombres y mujeres de fe que somos mexicanos, una invitación a reflexionar sobre el valor de la unidad, la humildad y la verdadera victoria en los dones y propósitos de Dios, más allá de la rivalidad deportiva. Porque hay que decir que el triunfo de México no fue casualidad, sino el resultado de la disciplina, el trabajo de equipo y el enfoque inquebrantable. Esto refleja uno de los principios de nuestra fe. El esfuerzo constante y la preparación son premiados (1 Corintios 9,24) mostrándonos que el éxito terrenal requiere responsabilidad y entrega. Los jugadores saben que el equipo no les pertenece. Ellos no son los dueños sino los administradores del balón liderados por el director técnico y unidos con todo un equipo tras bambalinas que hace que puedan llegar a la cancha.

La parábola de la viña y los labradores homicidas que nos regala el Evangelio (Marcos 12,1-12), nos enseña a rendir «frutos a su tiempo» (Marcos 12,2). En el futbol, como en todo deporte, esto equivale a ser buenos administradores de los talentos recibidos, de la disciplina y del cuerpo; trabajando en equipo, jugando limpio y reconociendo que todo ha sido dado por el Creador dueño de nuestras vidas. Los labradores se creyeron dueños de la viña y olvidaron al propietario. En el mundial, si los jugadores se apropiaran de la gloria, olvidando el trabajo en equipo, la humildad y el país al que representan. En el deporte, los mandamientos de Dios y las reglas del juego no limitan la libertad, sino que guían la conducta para competir con respeto, justicia y paz recordando que todos somos hermanos. Felicitamos a los jugadores, pero nos felicitamos todos, por crear, con el deporte, un espacio de convivencia, de paz y de esperanza. En el legendario Estadio Azteca —llamado por el mundial Estadio Ciudad de México— hay una capillita, desde done la Virgen Morena del Tepeyac nos acompaña en cada juego, que Ella siga así. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

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