La enseñanza es también para nosotros, porque si verdaderamente tuviéramos confianza plena en Dios, dejaríamos que Él nos moldeara según su voluntad, veríamos que es una bendición estar en sus manos. Dice San Agustín: que Dios que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Es cierto que Dios nos va moldeando, que Dios quiere hacer una historia de amor preciosa con nosotros, que Dios sólo quiere nuestro bien y felicidad, que Dios quiere nuestra salvación, pero todo esto lo llevará a cabo si lo dejamos. Dios nos ha hecho libres y Él siempre respetará nuestra libertad, así que de nuestra parte sólo queda hacer una cosa: no resistirnos a su voluntad, dejar que Dios haga su voluntad sobre nosotros, pues la obra no puede llevarse a cabo si no somos dóciles y nos dejamos hacer por Él.
El Señor solamente quiere nuestra felicidad, pero el problema es que mucha gente cree que puede hacer las cosas mejor que Dios sobre todo cuando se resiste a la voluntad de Dios y se empeña en construir su historia como dueña. Entonces hay que ver qué importante es contemplar y comprender la actitud del alfarero, que con paciencia y tesón va creando una vasija a su gusto, e incluso recreándola, sin importarle comenzar de nuevo si se estropea su obra. Pidámosle al Señor, por intercesión de la Virgen, que nos conceda ser dóciles a su voluntad, la obra que comenzó la lleve a término. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!
Padre Alfredo.
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