domingo, 19 de julio de 2026

«PACIENCIA, PACIENCIA»... Un pequeño pensamiento para hoy

La liturgia dominical al celebrar la Eucaristía, es siempre muy rica y este domingo no es la excepción. Las tres lecturas y el salmo están perfectamente integradas para recordarnos que el Señor es bueno y misericordioso, que es compasivo y sobre todo, es un Dios paciente. (cfr. Sáb 12,13.16-19; Rom 8,26-27; Mt 13,24-43 y el salmo 85). Su fuerza, su poderío, sí, sabemos que está en la justicia, pero más que eso, como dice Madre Inés, en su misericordia, en la indulgencia, en la benignidad de su corazón de Padre y hoy, luego de darle un vistazo a estas lecturas, podemos decir que indudablemente también en su paciencia. 

Dios es paciente porque permite que el bien y el mal coexistan en el mundo y espera por la conversión humana, como ilustra la parábola de la cizaña. Dios es paciente, porque espera unos meses a que de un granito tan pequeño como el de la mostaza brote un arbusto. Dios es paciente porque espera que la levadura fermente la masa. ¿Pero cuánto tardan el trigo y la cizaña en crecer? ¿En cuánto dura el crecimiento de la mostaza para llegar a ser un arbusto? ¿Cuánto tiempo tarda la levadura en fermentar la masa? El trigo y la cizaña llegan a su madurez entre 130 y 180 días. El granito de mostaza en tres o cuatro meses ya es un arbusto que ha e fortalecerse y la levadura tarda entre 3 o 4 horas. Pues Dios, como nos damos cuenta, es mucho, muchísimo más paciente con nosotros.

La paciencia de Dios con nosotros es infinita e incondicional. A diferencia de nuestra paciencia humana, la de él no depende de nuestro comportamiento, sino de su naturaleza misericordiosa, de su compasión, de su bondad. Su propósito no es castigarnos al primer error, sino darnos el tiempo y la oportunidad de arrepentirnos y cambiar. En la Sagrada Escritura, en otros pasajes, esta paciencia divina se describe como «lenta a la ira». Lejos de cansarse de nuestras fallas, Dios, como Padre bueno y cariñoso que nos ama, nos ofrece una y otra vez su gracia. Su mayor deseo es que nadie se pierda y todos tengan la oportunidad de acercarse a Él, sosteniéndonos con amor incluso cuando nos desviamos del camino. De seguro Jesús vio el crecimiento del trigo y la cizaña desde pequeño, al igual que los granos y arbustos de mostaza en los grandes patios de las pequeñas casas del oriente medio y allí, en la pequeña casita de Nazareth, vio fermentar la masa. Que María nos ayude a valorar la paciencia de Dios y a ser agradecidos. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario