El Evangelio, según hoy nos muestra Jesús, es Buena Nueva. Es una gran novedad. Por eso lo normal es que Dios tenga cosas nuevas que anunciarnos: de lo contrario no sería ni mejor ni mayor que nosotros. Por eso, habla Jesús de vino nuevo. El Evangelio es como un traje nuevo que no admite llevar cosidos viejos harapos en un remiendo cualquiera. Este traje y este vino es el regalo que Jesús nos trae de parte de Dios. Y espera que nosotros guardemos este vino nuevo en un odre también nuevo, ¿o qué no estamos llamados a ser la humanidad nueva? Hay que buscar ser un odre que no eche a perder el vino.
El cuero de un odre viejo ya se ha estirado y endurecido; al no poder expandirse, se agrieta y revienta, destruyendo tanto el envase como el líquido. Esta metáfora, tan bien empleada por el Maestro, junto a la del remiendo, ilustra cómo las estructuras rígidas o antiguas no pueden contener transformaciones o verdades revolucionarias sin destruirse en el proceso. Las dos parábolas revelan esta verdad: si no comprendemos que se necesita algo nuevo, dos objetos valiosos —la ropa y los odres— corren el riesgo de arruinarse. ¡Qué alegría que tenemos una nueva vida de libertad en Jesús que todo lo hace nuevo llevando a plenitud la Ley! Que María santísima nos ayude a ser fieles en todo tiempo y lugar. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
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