viernes, 31 de julio de 2026

«El gozo de compartir la Palabra Dios»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Llegar al último día de julio es una señal bastante clara de que el año va rápido, marcando el fin de la mitad del año y el inicio de la recta final. Doy gracias de que esta semana he frenado unos momentos en esta hermosa Casa Noviciado de mis hermanas Misioneras Clarisas en Cuernavaca compartiendo una semana con las hermanas que viven la llamada «Experiencia Inesiana» —ese mes especial para adentrarse en la espiritualidad y el carisma de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, regalo que se ha de vivir por lo menos una vez en la vida. El mes entrante estará marcado por un trajín misionero que va desde mi querida Selva de Cemento —Ciudad de México— hasta Jakarta, Madium, Surabaya y Bali en Indonesia, pasando por Roma. La mayor parte del tiempo de este viaje que es ya inminente se gastará precisamente en llevar esta «Experiencia Inesiana» a los miembros de nuestra familia misionera en esas lejanas tierras de oriente que limitan con Oceanía y para compartir un poco de la tarea en el Dicasterio de las Causas de Canonización.

Por ahora doy gracias de que llego al final de estos días en que hemos profundizado en la Misericordia que llega de lo Alto y la que nosotros hemos de vivir con los hermanos reconociendo, como dice Jesús hoy en el Evangelio (Mateo 13,54-58) que «nadie es profeta en su tierra» y que es sumamente difícil «hablar a los de casa». Sin embargo debo admitir que nuestras hermanas Misioneras Clarisas, con quienes convivo desde pequeño y conocen bien quién soy y qué hago, son almas sencillas y alegres que, con gozo y sencillez acogen la palabra. Toda esta semana he centrado mi reflexión en Jeremías y hoy no es la excepción, porque la primera lectura de misa (Jeremías 26,1-9) nos confronta a quienes tenemos fuertes raíces en la experiencia de Dios y asumimos el proyecto de Dios para la humanidad a pesar de las reacciones de quienes creen que tienen todas las respuestas y certezas sin Dios.

Así se escribe la Historia de la Salvación, también nuestra historia personal en medio de un pueblo que muchas veces se cierra al anuncio de la Buena Nueva porque quiere que venga de personas pluscuamperfectas o por lo menos famosas. Estos días hemos visto que no es suficiente que Dios sea misericordioso y quiera nuestra salvación, es necesario un compromiso personal y colectivo de «escucha». Si nos quedamos a nivel de la defensa institucional sin acoger el proceso de conversión y del amor infinito de Dios, los tiempos de incertidumbre revelan que nuestras seguridades no están en Dios y que la confianza que profesamos con los labios no existe como tal. Vivir sostenidos por Dios implica una seguridad en Él que nos permite arriesgarlo todo por causa del «fuego que nos consume» aunque como se dice vulgarmente «nos tiren a Lucas». Vivir sostenidos por Dios significa que estamos dispuestos como María a ser portadores de un mensaje que tal vez incomode a los potentados, a los que creen saberlo todo, a los indiferentes y demás. Pero ella misma nos brinda su intercesión para seguir adelante. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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