domingo, 12 de julio de 2026

«LA FUERZA DE LA PALABRA DE DIOS QUE TRANSFORMA LA VIDA»... Un pequeño pensamiento para hoy


El libro de Isaías tiene una parte conocida como el Deuteroisaías —de los capítulos 40 al 55— que termina con un capítulo de altos contenidos teológicos que nos muestra «la fuerza de la palabra de Dios que cambia la historia», El texto de la primera lectura de este domingo (Isaías 55,10-11), forma parte de ese capítulo; sus imágenes, los símbolos que se usan, ponen de manifiesto esta teología sobre la fuerza de la Palabra de Dios con su dimensión creadora y transformadora. La teología bíblica nos muestra que Isaías y su comunidad de discípulos, inspirados por Dios, marcaron la religiosidad de su época y por eso su mensaje sigue siendo para nosotros un mensaje de suma importancia. En este texto, nos encontramos con la singularidad de que la Palabra de Dios, como la lluvia y la nieve, no vuelven a lo alto sin empapar primero la tierra; así pasa con la Palabra de Dios, que se hace presente por medio de sus profetas.


Cuando el profeta, que vivía en una tierra que dependía del agua que marcaba la diferencia entre la hambruna y la cosecha, dice que la palabra de Dios es como esta lluvia o esta nieve, no está recurriendo a la poesía abstracta. Está diciendo: «lo que Dios dice es tan real, tan vital, tan irreversible en sus efectos como el agua sobre la tierra seca». Los corazones, es decir, las personas, reciben lluvia y nieve espirituales de la palabra de los profetas que interpretan la voluntad de Dios en la historia personal y comunitaria y van marcando el ser y quehacer de quien quiere seguir a Dios. Este pasaje, de una sencillez maravillosa, es una promesa de la gracia activa y transformadora de Dios, iluminando nuestros proyectos humanos conectándolos con el cumplimiento de la voluntad divina en nuestra historia de salvación. Así como no se ve el agua obrando bajo la superficie, muchas veces no se ve la palabra de Dios obrando en una vida. Y, sin embargo, en algún momento, el trigo brota. En algún momento, algo germina.

Nosotros sabemos que la Eucaristía es esa palabra bajada del cielo, salida de Dios y ofrecida en sacrificio a cuantos en esta vida tienen hambre y sed de justicia, de amor y hambre y sed de Dios. Así como el agua da vida a las plantas, la Palabra de Dios que leemos en comunidad cada domingo y en general cada día en misa sana, corrige y da propósito a nuestras vidas. Esta Palabra salva, anima, consuela, juzga las injusticias y el poder mal aplicado. Esta Palabra, llega además de muchas formas y maneras a nuestra vida mostrándonos que Dios actúa en la historia. El mundo, la sociedad, las instituciones de justicia y de altas decisiones no debemos hacer oídos sordos a pasajes como éste que nos lleva a reflexionar y preguntarnos: ¿Es mi corazón una tierra receptiva a esta Palabra, o está seca y endurecida? Vivamos así, a la escucha y profundización de la Palabra encontrando el sentido de lo que somos y hacemos de la mano de María la Madre Dios. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

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