Tenemos un clero claramente envejecido en lo físico y en lo mental... ¡y sin relevos! Un amigo sacerdote me decía: «Todos mis amigos de la infancia ya están jubilados y yo, a mis casi 65 años, apenas recibiendo una nueva encomienda para levantar una parroquia que va a comenzando... ¡que Dios me ayude! Yo me emociono por que la parroquia que me tienen encomendada, cuenta con más de 200 jóvenes en los grupos de la pastoral de adolescentes y de jóvenes, entre ellos muchos varones pero... ¿cuántos de esos se cuestionan si tienen vocación sacerdotal? Muchos de ellos son parejas que parecen enamorados y allí mismo encuentran novia. Alcanzo a ver que además, con la mala fama que tenemos los padrecitos, el sacerdocio está lejos de ellos. Los invito a vivir el proceso vocacional y me cambian la plática, aunque muchos son muy buenos, participan en la liturgia, se confiesan seguido, no faltan a misa y algunos hasta entre semana van.
Jesús pide al Padre que mande obreros a su mies y a nosotros nos toca mantenerlas en el campo donde son necesarios los sembradores y segadores. A veces nos falta orar más por esa intención. El Señor —como decía Benedicto XVI— no dijo que en primer lugar hubiera que hacer una campaña publicitaria para promover las vocaciones... ¡Lo primero es «rogar» al dueño de la mies! Estoy promoviendo mucho nuestro próximo encuentro para varones que quieran conocer de cerca la vocación sacerdotal... no va ninguno apuntado. No es atractivo. El ser sacerdote no atrae y les aseguro que esta vocación es maravillosa. Me ha dado 37 años de felicidad estableciendo el reino y colaborando para que todos conozcan y amen a Dios. ¿Habrá algún interesado en vivir el retiro si no creo que haya jóvenes que me lean? Que la Virgen, Madre de las vocaciones, no nos deje. ¡Bendecido martes!
Padre Alfredo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario