sábado, 31 de enero de 2026

LA BENDICIÓN DE LOS TAXIS Y MONSEÑOR LUIS MARÍA MARTÍNEZ...


En una ocasión invitaron al Siervo de Dios Luis María Martínez, arzobispo primado de México, a bendecir una flotilla de taxis de aquellos llamados "Cocodrilo" en Ciudad de México —en aquel entonces Distrito Federal—, en verdad muy numerosos; pasaban de un centenar. Cuando al llegar al sitio donde estaban estacionados, el jefe de los taxistas vio la botellita insignificante de agua bendita que cargaba monseñor, y exclamó: —"¡Huy! Monseñor, esa agua no le va a alcanzar ni para el primer taxi"... —A mí me invitaron para bendecirlos, no para lavarlos contestó.

viernes, 30 de enero de 2026

ANUNCIOS PARROQUIALES... para reír un poco


Alguien reunió 11 divertidos anuncios escritos en los pizarrones de avisos de algunas parroquias. Estos avisos son reales y, aunque fueron hechos con la mejor intención, su mala redacción les convierten en absurdos y al mismo tiempo geniales.

Anuncios Parroquiales:

1. Para los que tienen hijos y no lo saben, tenemos en la parroquia una zona arreglada para niños.

2. Esta noche el párroco dará la conferencia "El matrimonio cristiano: lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Para las mujeres a las 7:30, para los hombres a las 8:30.

3. Este viernes los monaguillos representarán la obra "Hamlet" de Shakespeare. Se invita a toda la comunidad a presenciar esta tragedia.

4. Estimadas señoras, ¡no se olviden de la tómbola de la kermés! Es una buena ocasión para liberarse de aquellas cosas inútiles que estorban en casa. Traigan a sus maridos.

5. Tema de la catequesis de hoy: "Jesús camina sobre las aguas". Catequesis de mañana: "En búsqueda de Jesús".

6. El coro de los mayores de sesenta años se suspenderá durante todo el verano, con agradecimiento por parte de toda la parroquia.

7. El campeonato de fútbol interparroquial se reanuda este sábado. ¡acompáñenlos a derrotar a "Cristo Rey"!

8. El precio del curso "Ayune con provecho" es de 120 pesos (almuerzo incluido).

9. Por favor, pongan sus limosnas en el sobre, junto con los difuntos que deseen que recordemos.

10. Recuerden que el jueves empieza la catequesis para niños y niñas de ambos sexos.

11. El mes de noviembre terminará con un responso cantado por todos los difuntos de la parroquia.

Riámonos un poco. 

jueves, 29 de enero de 2026

«Ver al Otro desde la luz de Cristo en nuestro corazón»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Según la tradición judía, dos rabinos debatían la pregunta: ¿Como sabemos cuando termina la noche y comienza un nuevo día? El primer rabino respondió: «La noche termina y comienza un nuevo día en el momento en el que puedes distinguir la diferencia entre un hilo azul y un hilo púrpura en el talit» —el talit es el manto de colores para orar en las mañanas—. El segundo rabino dijo: «La noche termina y el día comienza en el momento en que puedes reconocer la cara de tu hermano. Esto me viene a la mente por el texto evangélico que hoy nos propone San Marcos en la perícopa de este jueves tomada del capítulo 4 en los versículos del 21 al 25. En este texto se habla de la vela, que no debe ser puesta debajo de una olla o debajo de la cama.

Y es que esa vela, me hace ir a la presencia de Cristo en nuestro corazón, que, con la luz que irradia, nos hace poder ver a nuestros hermanos con los ojos del corazón, que son, según lo sabemos, los ojos de la fe. A Cristo, que es el mismo Dios, la «Luz indeficiente», lo hacemos presente cada año en un símbolo, en una gran vela que es el Cirio Pascual que encendemos la noche de la Vigilia Pascual, cuando toda la comunidad de hermanos está reunida abriendo el corazón para recibir a los nuevos bautizados. Cuando celebramos la Santa Misa, encendemos por lo menos dos velas junto al altar o sobre él, que incluso llegan a ser siete cuando preside un obispo, recordando los siete candelabros del Apocalipsis que son encendidos alrededor de Cristo. Cuando oramos por un enfermo o recibimos enfermos la Eucaristía en nuestra habitación, encendemos también un cirio, una luz que nos recuerda que el Señor no puede permanecer oculto, sino que, a través de nosotros, de lo que somos y hacemos, ha de alumbrar en su nombre a los hermanos.

San Pablo, en la Carta a los Colosenses, en el versículo 3 del capítulo 3 nos dice que «nuestra vida está escondida en Cristo». Es que, si nosotros, desde nuestra pequeñez, nos escondemos en la luz de Cristo, esa luz que brille en lo alto para alumbrar será la de él y entonces podremos decir como afirma el mismo Apóstol de las Gentes en la carta a los Gálatas en el capítulo 2, versículo 19: «Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí». ¡Que maravilla poder ver al hermano desde la luz de Cristo en nuestro corazón! Un pequeño servicio, un momento de escucha, un favor regalado a alguien... nos hace reconocer, en la casa del hermano, al mismo Cristo. Que María nos ayude para que esa vela, en el corazón, no se apague ni se quede en lo escondido. Todo narcisismo apagará la mecha. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 28 de enero de 2026

«El Divino sembrador»... Un pequeño pensamiento para hoy

Desde el pasado lunes me encuentro en «La Perla Tapatía», como se conoce a Guadalajara, la ciudad mexicana que hace años me albergó un tiempo cuando colaboraba en la pastoral vocacional de esta inmensa y querida Iglesia arquidiocesana, cuna de tantos santos. Motivos de salud principalmente, son los que me traen hasta esta hermosa capital de Jalisco varias veces al año. Aquí el doctor Gustavo Orozco Aviña «me resetea» el corazón. Generalmente llego un día en la tarde, me atiende el cardiólogo al día siguiente y al tercer día por la mañana regreso. Hoy pude tomarme el día de hoy —los miércoles es mi day off— para estar en la «Casa del Tesoro», el espacio sagrado que alberga a nuestras hermanas Misioneras Clarisas de juventud muy acumulada y/o que han sido visitadas por la enfermedad.

Empezamos el día con la Santa Misa, en la que reflexionamos sobre el Evangelio de hoy (Mc 4,1-20) que nos vino como anillo al dedo o como polen para las abejas. La parábola del sembrador se nos hizo como una escena totalmente actual. El Señor no deja de sembrar esa buena semilla y a nosotros, que sabemos que somos los de dentro, los que formamos parte de ese grupo elegido, como aquellos que se quedaron en la escena solos con Jesús, nos explica Él mismo la parábola. En esta «Casa del Tesoro, la «buena semilla» sigue cayendo en tierra buena. Satanás no pudo arrebatar la semilla antes de ser sembrada, porque no cayó en la vereda. El terreno en el que se depositó no fue un terreno pedregoso en el que no pudiera crear raíces, porque la vida de cada una de estas hermanitas, como la de la Beata María Inés está bien enraizada. Esa «buena semilla» cayó en un terreno en el que no hubo espacio para las espinas de las preocupaciones innecesarias y las seducciones y deseos de lo mundano. La explicación termina diciendo que «los que reciben la semilla en tierra buena, son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno». 

Aquí he venido a encontrar a poco más de 50 mujeres consagradas que han sido y siguen siendo tierra buena. En este lugar bendito uno oye hablar de Nigeria, de Indonesia, de Sierra Leona, de Irlanda, de Italia, de Japón y de muchas partes más en donde, a través de estas almas consagradas ahora entradas en años y coronadas algunas de ellas con la enfermedad —que siempre santifica— escucha uno cómo la parábola del sembrador se ha hecho vida no solamente en el corazón de cada una de ellas, sino de tantos misionados que a través de estas manos ya cansadas, de estos pies que ahora se dejan llevar en sillas de ruedas, de estos ojos que no pueden ver ya con claridad, se encontraron de lleno con el Divino Sembrador que les hizo dar fruto abundante. En la Capilla de esta casa, está la Guadalupana, no en lo alto, sino a una altura en done desde una silla de ruedas se pueda tocar, se pueda mirar para dejarse ver por ella y escuchar las consoladoras palabras: «¡Qué no estoy yo aquí, que soy tu Madre!». que Ella interceda para que los frutos alcancen para salvar muchas almas. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 27 de enero de 2026

«¡Somos del cuadro chico!»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El pasaje del Evangelio de la liturgia de la palabra de este martes (Mc 3,31-35) es uno de esos que pueden parecer desconcertantes. Jesús está predicando a la gente cuando le avisan que le buscan. Él, de manera inmediata, responde con una pregunta «¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?» para continuar, luego de ver a los oyentes con una frase contundente: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». 

En realidad Cristo nos está haciendo miembros de su familia, como dicen ahora: «¡Somos del cuadro chico!». Pero para lograr mantener esa cercanía, debemos cumplir la voluntad de Dios. Porque no es suficiente con querer, tenemos que hacer. De hecho siempre hablamos de la Iglesia como de la gran familia de Dios con Cristo a la cabeza. Su Santísima Madre —desde que Juan la recibió como Madre— es un ejemplo de fidelidad y disponibilidad hacia Dios porque siempre cumplió su voluntad aún en los momentos más difíciles.

Jesús nos hace ver que estamos unidos a Él a través del Padre, y lo mismo que San Marcos nos describe la escena con Él en medio de la gente, hoy sigue en medio de nosotros. Tenemos que ser conscientes de que somos sus hermanos, miembros cercanos de su familia. Debemos hacer la voluntad de Dios para gozar de este privilegio, aceptar sus preceptos, cumplir sus mandatos. Tengamos siempre presente que Cristo está con nosotros y que el Padre se complace si hacemos su voluntad. Que el Espíritu Santo nos ayude a aumentar nuestra Fe y a entender estas cosas como lo hizo María Santísima. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 26 de enero de 2026

«DE DOS EN DOS»... Un pequeño pensamiento para hoy


La liturgia de la palabra de hoy, en la primera lectura (2 Tim 1,1-8), nos regala un fragmento de la segunda carta que escribió san Pablo a Timoteo porque estamos celebrando el día de los apóstoles Timoteo y Tito. En este bello escrito, Pablo muestra la cercanía de trato que tenía con él, el aprecio, el interés y el conocimiento de la religiosidad de su familia, que le había precedido en la fe cristiana. El Apóstol de las gentes le dice que, en su oración perseverante le tenía siempre presente, noche y día. Pero la tradición cristiana dice que Timoteo, se hacía acompañar de Tito para predicar, como había indicado el Señor a los apóstoles, «de dos en dos». 

Un escrito muy antiguo, atribuido a Orígenes, habla del deseo de Dios de que muchas funciones o encargos divinos se hagan así, «de dos en dos». Orígenes anota: «Así como los doce apóstoles fueron nombrados de dos en dos, como en el catálogo de ellos demuestra San Mateo, así que sirviesen también de dos en dos a la palabra de Dios parece que es antiguo. Sacó el Señor a Israel de Egipto por medio de Moisés y Aarón (Ex 12); Josué y Caleb, unidos, apaciguaron al pueblo sublevado por doce exploradores (Núm 13;14). Por lo que se dice: “Un hermano ayudado por otro es como una ciudad fortificada” (Prov 18,19).» San Gregorio, por su parte, afirmó en uno de sus escritos: «Los mandó así, porque dos son los preceptos de la caridad: el amor de Dios y el del prójimo; y entre menos de dos no puede haber caridad. Esto nos indica que, quien no tiene caridad con sus hermanos, no debe tomar el cargo de predicador.»

Al contemplar la figura de estos dos discípulos y colaboradores de San Pablo, encontramos en ellos a un par de pastores muy comprometidos en la tarea de extender la fe y consolidarla en quienes ya la han recibido. San Pablo, que en ese momento recuerda a Timoteo algo importante: la necesidad que tiene de mantener vivo el don que ha recibido de Dios, es decir su ordenación como obispo. En concreto, conforme a su experiencia le exhorta a la valentía, a la fortaleza, a la caridad activa y a ejercer la virtud de la templanza. Al mismo tiempo lo exhorta para que no se deje llevar por la cobardía, la timidez o la vergüenza al anunciar la Buena Nueva. Tanto a Timoteo como a Tito, me los imagino como un par de hombres consagrados «¡entrones!», dispuestos a cambiar el mundo. Tú y yo, cada uno en su vocación específica, hemos de ser así. ¡Que la Virgen, con su determinante «¡Hagan lo que Él les diga!» nos ayude a responder al llamado que el Señor nos ha hecho.

Padre Alfredo.

domingo, 25 de enero de 2026

«EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS»... Un pequeño pensamiento para hoy

El recordado y muy querido papa Francisco, en el año de 2019 instituyó la celebración del «Domingo de la Palabra de Dios» en este tercer domingo del Tiempo Ordinario con el fin de resaltar la importancia de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia y de cada cristiano. Este año, con la frase de san Pablo «La palabra de Cristo habite en ustedes», se nos invita a que la Palabra de Dios no solo sea escuchada o estudiada, sino que habite realmente en nosotros, nos configure y haga creíble el testimonio que damos como discípulos en el devenir del día a día.

De manera particular, este «Domingo de la Palabra de Dios» cae en el 25 de enero en que de ordinario se celebra la fiesta de la conversión del apóstol san Pablo, celebración que cierra, año con año, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, semana en la que se nos invita a los cristianos de todas las confesiones a la comunión, a unirnos en oración para recordar que «uno solo es el cuerpo y uno solo el espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados» (Ef 4,4).

Que en la Iglesia Católica tengamos que dedicar un día extraordinario a la Palabra de Dios parece una broma, pues escucharla, vivirla y transmitirla debería ser la verdadera marca de toda la cristiandad, entre la cual, nuestra Iglesia es la más antigua y en la que en comunidad, de manera particular cada vez que celebramos la Eucaristía, la escuchamos y la reflexionamos recordando que llevarla a la vida debe ser lo ordinario en nuestra vida creyente. Sin embargo, debido a muchos motivos, esta Palabra sigue siendo la gran desconocida para una gran parte de los bautizados en la fe católica. Que por intercesión de María, que fue la primera que escuchó la Palabra y la puso en práctica, el Señor nos abra el oído y el corazón para anidar en nuestro ser y quehacer la gracia de escuchar y vivir su Palabra. ¡Bendecido «Domingo de la Palabra de Dios»!

Padre Alfredo. 

sábado, 24 de enero de 2026

«La caridad benigna»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Hoy celebramos la fiesta de San Francisco de Sales, el doctor humanista, gran director espiritual y generoso pastor en quien San Juan Bosco se inspiró para elegirlo como Patrón de los Salesianos. San Francisco de Sales —no tan «taquillero» como otros santos—nos ha hecho ver y gustar la dulzura gracias a la ardua tarea que emprendió para «domesticar» su corazón hasta hacerlo manso y humilde como el de Cristo (cfr. Mt 11,29) haciendo más simple para todos, el camino de la santificación. Este extraordinario hombre fue y continúa siendo un maestro seguro de vida espiritual, rico de la sabiduría que viene de lo alto, entregado a todos en todo, en la caridad pastoral y buscando la unidad de los creyentes en la caridad y en la paz. Su recuerdo, en este día especial, se hace para nosotros invitación a trabajar en cada circunstancia de la vida en un dinamismo de caridad benigna, paciente y activa que impregne del espíritu cristiano nuestro día a día.

Hoy en la primera lectura (2 Sam 1,1-4.11-12.17.19.23-27) encontramos una muestra de esta caridad en David, cuando victorioso sobre los amalecitas, recibe la noticia de la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán. A David le unía una relación especial con ambos. Con Saúl, de lealtad y fidelidad, por ser David su servidor y el mejor de sus guerreros. A Jonatán, de amistad sincera y amor fraternal. A pesar del trato desigual que Saúl tantas veces le ofreció, celoso por su valía en el campo de batalla, David nunca respondió con venganza ni aires de superioridad. Dando pruebas más que evidentes de esta caridad benigna. El relato descubre a un David capaz de mostrar los sentimientos que afloran a su corazón. A pesar de que Saúl intentó matarlo en múltiples ocasiones, David mostró claramente esa caridad benigna al no asesinarle cuando tuvo la oportunidad en la cueva, respetando a Saúl como el «ungido de Yahvé». La caridad benigna, a pesar de saberse pecador, acompañó a David al reconocer el error que cometió al haber pecado con Betsabé. Él aceptó la reprensión del profeta Natán y pidió con dolor la misericordia y compasión de Dios. Hay que recordar cómo también David demostró caridad y generosidad al entregar sus propios tesoros y motivar al pueblo para la construcción del Templo, reconociendo que todo proviene de Dios y debe darse voluntariamente.

Definitivamente la presencia de Dios y su palabra, pronunciada con autoridad, cura y sana a todos. La salvación llega a todos los ámbitos de la vida humana y a todas las personas sin discriminación. Pero hay quienes se resisten ante Dios, que ven en el Señor un enemigo de sus intereses. A Jesús lo consideraban loco, porque, actuaba desde esta caridad en la que todos cabían. ¿Cómo era posible que un maestro como él, escuchara hasta a los más ignorantes? ¿Cómo es que un gran predicador dejara que los niños se le acercaran si solamente quitan el tiempo? ¿Cómo puede ser que el infalible médico se acercara a atender incluso a los leprosos? Toda la actividad de Jesús estaba impregnada de una exquisita caridad benigna. Pidamos esta caridad para nosotros por intercesión de María, atenta en las bodas de Caná a lo que hacía falta sin buscar protagonismos. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 23 de enero de 2026

«Dios nos elige»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Mi propósito de compartir el «pequeño pensamiento» todos los días... ¡se desvaneció de nuevo! Me queda muy claro que Nuestra Madre la Beata María Inés Teresa decía: «La misión no es poesía, sino pura prosa prosaica» y, en el devenir de esta prosa, se me han llenado las horas y los días de un sinfín de situaciones y acontecimientos que estaban en la agenda de Dios, pero no en la mía. Por fin hoy, luego de una sorpresa más, de esas que nos hacen ver la gracia siempre actuante de Dios, puedo sentarme en la oficina y teclear a «vuela máquina» para compartir mi reflexión de hoy que se centra en el Evangelio en una cita que me cautivó desde el primer retiro que tuve en mi época de seminario hace muchos, muchos años y que condensa la teología de la vocación de seguimiento de Cristo: el Señor elige a los que quiere para estar con él y para enviarlos a predicar (Mc 3,13-19). 

Precisamente ayer, en la junta sacerdotal de decanato, estuvimos los padres hablando de esto y recordando los gloriosos tiempos de seminaristas según el seminario o la casa de formación en donde recibimos las primeras pinceladas que fueron abriendo nuestro corazón a la gracia de Dios que nos llamó para esta misión especial de un seguimiento particular del Señor prolongando su sacerdocio.  En primer lugar, hay que recordar que los padrecitos no se mandan hacer a voluntad en ningún lado... ¡Es Dios quien nos elige! De por sí a todos, hombres y mujeres nos eligió antes de la creación del mundo, destinándonos a ser santos (cf. Ef 1,4). El Padre misericordioso nos ama en Cristo, y en Él nos modela dándonos las cualidades para ser hijos suyos. Sólo en vistas a la vocación se entienden nuestras cualidades. En el caso nuestro, como sacerdotes, nuestra vocación específica, es el «papel» que nos ha dado en la redención. 

Los que somos sacerdotes debemos tener siempre claro que, en primer lugar, el Señor nos estar con Él. Esta llamada implica un vivir constantemente en la presencia de Dios. Porque, sin estar con Él, sería imposible entender que también nos ha llamado a predicar. Este pasaje nos ayuda a entender la misión sacerdotal de quienes vivimos esta vocación de llevar a Cristo a los demás en la Eucaristía y en los sacramentos. Desde este pasaje evangélico podemos entender que el sacerdote tiene a Jesús —porque está con él— y lo lleva —porque ha sido enviado—. Yo, a la luz de esto que comparto, podemos considerar más atentamente la llamada vocacional de los sacerdotes y pedir, como lo hacía la Beata María Inés, por la santificación de los sacerdotes y seminaristas. Que la Virgen Madre cuide de cada sacerdote y este ella en el corazón de cada uno moldeando en él a su Hijo Jesús. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

domingo, 18 de enero de 2026

«ESTE ES EL CORDERO DE DIOS»... Un pequeño pensamiento para hoy

Desde el día 6 de enero que no he escrito. Sé que no es una «manda», pero es algo que me encanta, desde que en el kínder aprendí a plasmar las primeras letras heredando a mi padre, con las dos manos, hasta que llegó Jesusita en cuarto año —así se llamaba esa sensacional maestra chapada a la antigua por ser bastante mayor— y con el estilo tradicional de dar pequeños reglazos o borradorazos en los huesitos metacarpianos de la mano izquierda, logró que dejara de usar la mano izquierda para escribir y tuviera —no es por nada— una caligrafía que por años fue sensacional haciendo a un lado los garabatos de la mano izquierda. Hace poco, en casa de mamá, me encontré algunos de esos recuerdos ancestrales que tenía guardados en tarjetitas del día de la madre y demás y que, con su autorización, han pasado ya a mejor vida porque es imposible guardar cosas que, al no tener herederos, considero que no tiene ningún sentido seguir guardando. Lo que sí conservo —con la ilusa idea de pasarlos a computadora algún día— algunos trabajos de investigación de mi época de estudiante en el Seminario de Monterrey y en la Universidad Lateranense de Roma.

No he escrito porque me haya dado el llamado «bloqueo del escritor» o el conocido «agotamiento creativo», sino porque como estoy metido en un montón de cuestiones que me «amarran» y me alejan de la computadora desde temprana hora, me dejan exhausto al final del día incluso, para sentarme a compartir algo de la palabra de Dios, de la experiencia de mi relación con Él en la oración o de las anécdotas de mi vocación misionera de padrecito andariego. Pero bueno... ¡basta de explicaciones para excusarme! Vamos mejor a la liturgia de la palabra de este domingo que en Monterrey nos regaló un amanecer de dos grados centígrados y apenas a las nueve empezó a asomarse el señor Sol. La figura de San Juan Bautista en el Evangelio (Jn 1,29-34), nos invita con rotundidad a mirar y a seguir a Jesús, no buscando ni protagonismos ni falsas interpretaciones hacia nuestra persona. Juan nos recuerda que somos «precursores», «anunciadores», «facilitadores» y no protagonistas de la evangelización. Lo mismo fue San Pablo, Sóstenes —con acento en la o— (1 Cor 1,1-3) y muchos otros que, como en la antigüedad hizo Isaías (Is 43,3.5-6).

Juan nos recuerda hoy nuestra tarea de anunciar con alegría y con valentía que Jesús es «el cordero de Dios» y nos narra que él, con sus propios ojos, ha visto que el Espíritu Santo se posaba sobre él». Es decir, Juan nos dice que anuncia a Jesús «desde su propia experiencia» de encuentro con Dios. Ese encuentro lo llevó a preparar no solo su corazón al encuentro con Cristo, sino el corazón de los demás, por eso bautizaba con agua, todo un símbolo de regeneración y de pureza ritual para ir acercando la distancia entre el ser humano y Dios que parecía infinita. Jesús bautizará en el Espíritu Santo, haciéndonos participar de la misma vida de Dios, convirtiéndonos en verdaderos hijos e hijas en Él. Miremos nosotros también de frente a Jesús como Juan, sin vacilaciones, con arrojo, con un corazón sincero y bien dispuesto para escucharle. Que cada uno de nosotros pueda decir, como Juan: «He visto al Señor y quiero anunciarlo». Pidamos a la Virgen que interceda por nosotros para que el Espíritu Santo nos convierta en testigos humildes, valientes y fieles, que sepamos señalar a Cristo en un mundo que necesita encontrarse con Él. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.