sábado, 24 de enero de 2026

«La caridad benigna»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Hoy celebramos la fiesta de San Francisco de Sales, el doctor humanista, gran director espiritual y generoso pastor en quien San Juan Bosco se inspiró para elegirlo como Patrón de los Salesianos. San Francisco de Sales —no tan «taquillero» como otros santos—nos ha hecho ver y gustar la dulzura gracias a la ardua tarea que emprendió para «domesticar» su corazón hasta hacerlo manso y humilde como el de Cristo (cfr. Mt 11,29) haciendo más simple para todos, el camino de la santificación. Este extraordinario hombre fue y continúa siendo un maestro seguro de vida espiritual, rico de la sabiduría que viene de lo alto, entregado a todos en todo, en la caridad pastoral y buscando la unidad de los creyentes en la caridad y en la paz. Su recuerdo, en este día especial, se hace para nosotros invitación a trabajar en cada circunstancia de la vida en un dinamismo de caridad benigna, paciente y activa que impregne del espíritu cristiano nuestro día a día.

Hoy en la primera lectura (2 Sam 1,1-4.11-12.17.19.23-27) encontramos una muestra de esta caridad en David, cuando victorioso sobre los amalecitas, recibe la noticia de la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán. A David le unía una relación especial con ambos. Con Saúl, de lealtad y fidelidad, por ser David su servidor y el mejor de sus guerreros. A Jonatán, de amistad sincera y amor fraternal. A pesar del trato desigual que Saúl tantas veces le ofreció, celoso por su valía en el campo de batalla, David nunca respondió con venganza ni aires de superioridad. Dando pruebas más que evidentes de esta caridad benigna. El relato descubre a un David capaz de mostrar los sentimientos que afloran a su corazón. A pesar de que Saúl intentó matarlo en múltiples ocasiones, David mostró claramente esa caridad benigna al no asesinarle cuando tuvo la oportunidad en la cueva, respetando a Saúl como el «ungido de Yahvé». La caridad benigna, a pesar de saberse pecador, acompañó a David al reconocer el error que cometió al haber pecado con Betsabé. Él aceptó la reprensión del profeta Natán y pidió con dolor la misericordia y compasión de Dios. Hay que recordar cómo también David demostró caridad y generosidad al entregar sus propios tesoros y motivar al pueblo para la construcción del Templo, reconociendo que todo proviene de Dios y debe darse voluntariamente.

Definitivamente la presencia de Dios y su palabra, pronunciada con autoridad, cura y sana a todos. La salvación llega a todos los ámbitos de la vida humana y a todas las personas sin discriminación. Pero hay quienes se resisten ante Dios, que ven en el Señor un enemigo de sus intereses. A Jesús lo consideraban loco, porque, actuaba desde esta caridad en la que todos cabían. ¿Cómo era posible que un maestro como él, escuchara hasta a los más ignorantes? ¿Cómo es que un gran predicador dejara que los niños se le acercaran si solamente quitan el tiempo? ¿Cómo puede ser que el infalible médico se acercara a atender incluso a los leprosos? Toda la actividad de Jesús estaba impregnada de una exquisita caridad benigna. Pidamos esta caridad para nosotros por intercesión de María, atenta en las bodas de Caná a lo que hacía falta sin buscar protagonismos. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

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