jueves, 1 de enero de 2026

«EL PRIMER DÍA EL AÑO»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el corazón del hombre y de la mujer de fe, el primer día del año palpita el deseo de volver a empezar. En este día venturoso nos trazamos propósitos, metas, sueños y hacemos listas de buenas intenciones. La liturgia, en la primera lectura (Núm 6,22-27) nos invita a comenzar el año contando con la bendición de Dios, para recordarnos que, como creyentes, no nos puede bastar el haber celebrado unos cuantos días de fiesta con la buena intención y nuestras propias fuerzas para lograr sobrevivir el resto del año incipiente en medio de un mundo acorralado por el caos. La antigua bendición sacerdotal de este libro de los Números, abre nuestro calendario esperando un abrazo divino: «El Señor te bendiga y te proteja; el Señor haga brillar su rostro sobre ti; el Señor te conceda la paz.» Aquí no hay un simple deseo humano, sino una promesa que Dios mismo pronuncia sobre su pueblo que siempre anhela la paz. De hecho este día la Iglesia celebra la Jornada Mundial por la Paz.

El Salmo 66, con la que hemos dado respuesta la palabra de Dios, recoge esta bendición y la convierte en una oración que todos podemos hacer: «Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros.» El salmista, agradeciendo los favores que vienen de lo Alto, reconoce que la bendición no se agota en quien la recibe; que esta está destinada a mostrarse al mundo entero, a revelar la justicia y la salvación de Dios a todos. Es, en el primer día del año, una invitación a no olvidar nuestra condición de discípulos–misioneros de Cristo.

Por otra parte, recordando también que en este primer día del año se celebra la solemnidad de Santa María Madre de Dios, se nos muestra cómo esta bendición se hace carne en Cristo, «nacido de mujer, nacido bajo la ley» como dice san Pablo. Y en torno a esto, el Evangelio (Lc 2,16-21) presenta a los pastores —los pobres y descartados— como los primeros en recibir esa gracia y en convertirse en mensajeros de alabanza. Pidamos a María su intercesión para iniciar este año desde la certeza de que Dios nos mira, nos bendice, camina con nosotros y nos envía a vivir agradecidos y alegres, como los pastores, anunciando lo que hemos visto y oído. ¡Bendecido año 2026!

Padre Alfredo.

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