El Salmo 66, con la que hemos dado respuesta la palabra de Dios, recoge esta bendición y la convierte en una oración que todos podemos hacer: «Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros.» El salmista, agradeciendo los favores que vienen de lo Alto, reconoce que la bendición no se agota en quien la recibe; que esta está destinada a mostrarse al mundo entero, a revelar la justicia y la salvación de Dios a todos. Es, en el primer día del año, una invitación a no olvidar nuestra condición de discípulos–misioneros de Cristo.
Por otra parte, recordando también que en este primer día del año se celebra la solemnidad de Santa María Madre de Dios, se nos muestra cómo esta bendición se hace carne en Cristo, «nacido de mujer, nacido bajo la ley» como dice san Pablo. Y en torno a esto, el Evangelio (Lc 2,16-21) presenta a los pastores —los pobres y descartados— como los primeros en recibir esa gracia y en convertirse en mensajeros de alabanza. Pidamos a María su intercesión para iniciar este año desde la certeza de que Dios nos mira, nos bendice, camina con nosotros y nos envía a vivir agradecidos y alegres, como los pastores, anunciando lo que hemos visto y oído. ¡Bendecido año 2026!
Padre Alfredo.
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