viernes, 2 de enero de 2026

«Precursores, como Juan»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El Evangelio de hoy, apenas pasada la Navidad y todavía en el ambiente de este tiempo litúrgico que lleva su nombre, el evangelio de hoy (Jn 1,19-28) nos pone en la escena la figura de Juan el Bautista, «la voz que grita en el desierto» y que nos acompañé durante el andar del Adviento. Juan sigue siendo importante para nosotros en estos días de Navidad porque sin tener poder político, sin poseer algún título religioso especial que le haga hablar desde el templo o la sinagoga, su voz, ajena a intereses políticos ni religiosos, habla de lo que escucha el ser humano cuando profundiza en lo esencial, el seguimiento de Dios.

Juan es un profeta que ante la luz de la verdad no calla, sino que grita con fuerza y por eso es testigo preclaro de que esa verdad, ese reinado de Dios que estaba por venir, había que prepararlo. Juan lo hace desde el desierto, como otros grandes movimientos religiosos que han tenido sus inicios casi siempre en el desierto. Y es que allí están los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible «no escuchar». En medio de los márgenes del sufrimiento, la marginación, la soledad, el peligro… solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.

Si queremos ser precursores de Jesús, en un mundo que parece no tener lugar para recibirle, tenemos que ir al desierto de nuestro corazón y desde allí ser cada uno de nosotros esa voz, fuerte o débil, que grita ante las injusticias, que expresa una y otra vez que no se pueden pisotear los derechos humanos, que la dignidad de cada persona es sagrada, que el bien común está por encima de lo privado y que Cristo tiene que nacer cada día en miles y millones de corazones y no solamente en Navidad. Miremos cómo María, en este tiempo de Navidad, lo coloca envuelto en pañales en el pesebre, para que esté al acceso de todos. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario