sábado, 3 de enero de 2026

«La gracia de la Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Jesús, el Hijo de Dios nacido en Belén, se ha hecho hermano nuestro desde la venturosa noche en que vino a nosotros. Es cierto que con más de dos mil años de aquel hecho, no podemos afirmar con certeza que la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo sea el 25 de diciembre, pero es seguro que vino al mundo entre finales del reinado de Herodes el Grande, rey de Judea, y la muerte de éste, acaecida en lo que hoy designamos el año 4 a.C. De hecho hay numerosos estudios que van poco a poco comprobando que el nacimiento del Mesías se dio en diciembre. Siglos después de la muerte de Jesucristo, diferentes fechas, que van desde abril hasta diciembre, se propusieron para celebrar su nacimiento. El 6 de enero, por ejemplo, se celebraba como el día de Navidad en diversos grupos de cristianos ortodoxos.

Lo importante es que toda la naturaleza humana ha sido incorporada al encuentro con Cristo en lo alto. Renacidos por el agua y del Espíritu, hemos entrado a formar parte de la familia de Dios y en Jesucristo somos todos hermanos hijos de un mismo Dios, como nos recuerda hoy la primera lectura (1 Jn 2,29-3,6). Fue a mediados del siglo IV, cuando en el Imperio Romano de Occidente se adoptó el 25 de diciembre como el día del nacimiento de Jesucristo; esta fecha confirmaba la que hacía dos siglos habían señalado los cristianos romanos como su más solemne celebración.

Al comenzar el año y dentro de este espíritu de la Navidad, agradecemos el nacimiento de nuestro Salvador, el Cordero de Dios entregado para nuestra redención. La gracia de la Navidad que hemos recibido debe agudizar nuestra fe para amar más a Jesús y no quedarnos en detalles de tiempo y de espacio, sino ir más allá para ver el amor tan grande que nos ha tenido el Padre para enviarlo hecho un pequeño Niño, porque en Él. Dios recorre la historia personal de cada uno y la historia comunitaria de todos. Cuando en estos días cantamos al Niño indefenso de Belén como a nuestro Salvador, estamos proclamando nuestra fe en la fuerza de Él como enviado del Padre y como Mesías Salvador. Pidamos a Jesús, nacido de María, que aumente en nosotros la fe en la fuerza de su amor y pidamos a Ella que nos ayude a reconocerle como lo hicieron aquellos humildes pastores que regresaron a sus aldeas con una vida transformada por un encuentro. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

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