martes, 9 de junio de 2026

CORPUS CHRISTI... La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el regalo inmerecido de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.


Corpus Christi es la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo para agradecer el regalo inmerecido de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Este día, que en algunos lugares se celebra en jueves, recordando el día de la institución de la Eucaristía, y en otros en domingo, para facilitar la asistencia de los fieles, recordamos, en la Iglesia Católica la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Para todo el catolicismo es una fiesta muy importante, porque la presencia de Jesús en la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

La historia nos recuerda que Dios se valió de santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. Esta santa nació en Retines cerca de Liège, Bélgica en el año de 1193. Se sabe que desde muy pequeña quedó huérfana y que fue educada por las madres Agustinas en Mont Cornillon. Allí mismo ingresó a esa congregación religiosa y con el paso del tiempo fue nombrada superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que dejar el convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers, en la región de Valonia, en la misma Bélgica.

Desde joven, esta santa mujer tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento y deseaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se intensificó por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba, aseguraba ella, la ausencia de esta solemnidad.

Con la sencillez que caracteriza a tantas mujeres consagradas en la Iglesia, expuso al obispo de Liège, Roberto de Thorete y a un docto fraile de los Dominicos, de nombre Hugh, que más tarde fue cardenal legado de los Países Bajos, así como a Jacques Pantaleón, en aquel tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante. El Santo Padre, motivado por la petición de la celebración, ordenó, que un monje de quien solo se sabe que se llamaba Juan, escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio original.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

En ese mismo periodo aconteció un hecho extraordinario, el sacerdote alemán, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudaba en ese momento de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando estaba celebrando la misa junto a la tumba de Santa Cristina, al pronunciar las palabras de la consagración, comenzó a salir sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal. El sacerdote estaba confundido, quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la misa y fue a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV. Este escuchó al sacerdote y mandó a unos emisarios a hacer una investigación. Ante la certeza del acontecimiento, el Santo Padre ordenó al obispo de la diócesis llevar a Orvieto la Hostia y el corporal con las gotas de sangre y eso fue lo que ocasionó que el Papa se convirtiera en un ferviente admirador de esta fiesta.

Al recibir la prueba el milagro eucarístico, el Papa organizó una procesión con los arzobispos, cardenales y algunas autoridades de la Iglesia y puso la Hostia en la Catedral. Actualmente, el corporal con las manchas de sangre se exhibe con reverencia en la Catedral de Orvieto. A partir de entonces, miles de peregrinos y turistas visitan la Iglesia de Santa Cristina para conocer donde ocurrió el milagro.

Luego de esto publicó la bula «Transiturus» el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de «Corpus Christi» el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Encargó el oficio definitivo al doctor angélico santo Tomás de Aquino, que es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por algunas de las iglesias protestantes. 

La muerte del Papa Urbano IV el 2 de octubre de 1264, un poco después de la publicación del decreto, ocasionó que no se difundiera la fiesta, pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena en 1311, ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Luego Juan XXII, sucesor de Clemente V cuidó de la aplicación y continuidad de esta fiesta con carácter universal. La fiesta fue aceptada en Colonia en 1306; en Worms en 1315; en Estrasburgo en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. 

Ninguno de los decretos que se hicieron habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias de los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV. Fue hasta el Concilio de Trento cuando la Iglesia declaró que todos los años, determinado día festivo, se celebrara esta fiesta con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente el Santísimo Sacramento fuera llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

En Agosto de 1964, setecientos años después de la institución de la fiesta de Corpus Christi, el Papa San Paulo VI celebró Misa en el altar de la Catedral de Orvieto. Doce años después, él mismo visitó Bolsena y habló en televisión para el Congreso Eucarístico Internacional. Dijo que la eucaristía era «un maravilloso e inacabable misterio».

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Padre Alfredo.


«¿Qué ocupa el lugar de Dios en el corazón de muchos adolescentes y jóvenes?»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


He pasado, en estos días del congreso, muchas horas confesando y confieso que por momentos se me va la voz y se me va la onda, como dicen en México, porque luego de dos o tres gentes de habla inglesa llega de repente uno de habla italiana y casi nadie en español, porque los españoles están ocupados con el Papa y los de América Latina están muy lejos de estas tierras que, incluso para mí que soy pata de perro, eran inhóspitas antes de cautivarme. Entre uno y otro llega algún lituano que en su lengua y a señas, hace que comprenda que lo que quiere es una bendición. Aquí, como en casi todo el mundo, la ausencia de adolescentes y jóvenes en los eventos eclesiales es mucho muy notoria. En tres días he confesado, entre esa oleada de peregrinos, solamente unos 4 jóvenes y ningún adolescente, a pesar de que en el congreso hay actividades musicales para ellos. ¡Qué gusto que la visita del Papa a España haya sido un llamado muy sonoro para los adolescentes y jóvenes que vaya que han disfrutado los encuentros con él!

Contemplando esta ausencia de «la racita», como suelo decirle a los adolescentes y jóvenes, me viene esta pregunta: ¿Qué propuestas sociales y culturales pretenden ocupar el lugar de Dios en el corazón de estas criaturas? ¿Por qué de niños ellos y ellas gozan el catecismo y luego de teenagers se van? Creo, en primer lugar, que es natural que un estudiante en una sociedad anticristiana y secular enfrente desafíos a su propia fe que inevitablemente provoquen preguntas escépticas de todo tipo. Una mamá me decía en estos días que su hijo dejó de ir a misa al entrar a la high school y le dijo que no volvería a misa porque él no está tonto como para estar oyendo siempre lo mismo. ¿Qué tipo de sermones reciben estos muchachos en sus parroquias? En la mayoría de los casos, ha habido una falla de nosotros los sacerdotes en las homilías y más particularmente en la programación y acompañamiento para adolescentes y jóvenes. Dondequiera que he impartido charlas, conferencias, y sermones, «la racita» se queja de que las preguntas que plantean no reciben respuesta. No quiero pensar que hay sacerdotes que dejan el cerebro en la sacristía para salir a predicar con un espiritualismo ajeno a ellos. 

Creo que el Evangelio de hoy (Mt 5,17-19) viene muy «ad hoc» porque nos recuerda que Jesús busca que podamos ser fieles al proyecto de Dios desde la perspectiva del Reino. Por eso nos impulsa a crecer y madurar en la fe, a no quedarnos en ese falso espiritualismo que no pone los pies en la tierra y a veces ni siquiera los ojos en el cielo sino simplemente en sentimientos que van y vienen. Jesús nos invita a no quedarnos en un mero cumplimiento sino a vivir en plenitud lo que creemos. A encarnar en nuestra humilde realidad cotidiana el amor de Dios nos convertimos, como dice el Papa León: «en una Biblia viviente». Yo creo que es hora de descruzar los brazos y apoyar a los sacerdotes para desarrollar nuestras potencialidades y capacidades poniéndolas al servicio de los adolescentes y jóvenes que ml que bien, son siempre la esperanza de un futuro mejor. Para enseñarles, no podemos seguir con las mismas homilías aburridas y a veces sosas. Nuestras ideas, puestas a la luz de la Palabra y del Sagrario para preparar nuestros sermones, se convierten de inmediato en acciones. Pero si la cosa está aburrida y sin cuerpo, si el predicador no le pone «enjundia» como decimos en Monterrey... ¿qué verán de interesante nuestros adolescentes y jóvenes? Se fabricarán un «jesucito» a su manera, como dice el padre Van Troi. Que la Virgen, que está más ocupada que nosotros, nos ayude. ¡Bendecido martes desde Lituania!

Padre Alfredo.

lunes, 8 de junio de 2026

«ESCONDIDO EN EL CONFESIONARIO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Cómo resuenan en mi corazón unas frases del mandato que da Dios a Elías en la lectura de la misa de hoy lunes (1 Re 17,1-6): «vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer». Y es que a la luz de esto y tan lejos de casa, no puedo olvidar que soy misionero, misionero de Cristo por mi congregación religiosa y misionero de la misericordia, enviado por el Papa. Esta condición me hace vivir desinstalado... para algunos —incluso sacerdotes cercanos— como alguien errante, sin techo ni hogar; sin pertenencia, y tal vez sin un compromiso fijo en algún lugar. Quien no conoce la vida del misionero, le reprocha que no sea alguien estable y que asuma un compromiso fijo que lo ancle. Recuerdo que desde casi recién ordenado sacerdote, la madre Teresa Botello, sucesora de nuestra fundadora en el gobierno de las misioneras clarisas, me presentó ante un grupo de cardenales y obispos en Roma, en un evento de la universidad Lateranense y les dijo: «este es el padre Alfredo, ciudadano del mundo». Por eso me siento siempre conducido por la mano de Dios y seguro de qué como Elías, si atiendo a su voz que me envía, nunca me faltaba nada.

Hoy sigo en Lituania, en esta bellísima ciudad de Vilnus, conocida como la ciudad de la misericordia porque aquí se encuentra la casa —que todavía no conozco— en la que vivió Santa Faustina Kowalska y la imagen original de la divina misericordia ante la que ayer pude orar pidiendo por todos. Esta imagen es la auténtica, pintada en 1934 por Eugeniusz Kazimirowski, bajo la supervisión directa de la misma santa y su confesor, aunque es más famosa la que está en Cracovia que fue pintadas después de la muerte de Faustina. Pero en estos días estoy más bien «escondido» en la parte de atrás de donde se desarrolla el congreso o en mi confesionario asignado en Catedral para escuchar en inglés, en italiano y en español, a quienes buscan la misericordia de Dios... ¡aunque quisiera hablar todas las lenguas del mundo para seguir dispensando el perdón! No puedo olvidar al Papa Francisco, cuando, en Santa María la Mayor, recién instituido —como ya lo he platicado muchas veces— al darme la bendición, para irme a África me dijo con insistencia: ¡Confiesa mucho confiesa mucho... perdona mucho! Por eso el Señor suele «esconderme» en los confesionarios. 

Por otra parte, y más adelante, la lectura dice que los cuervos le llevaban a Elías pan y carne por la mañana y que él bebía con tranquilidad del torrente de agua. ¿Con qué dinero viaja un misionero? A veces hasta los más cercanos me cuestionan y uno que otro, sin saber cómo vivo, quisiera hacer alguna auditoría especial. Andando en las encomiendas misioneras vivo con lo que me dan por aquí y por allá. Duermo a veces en los mejores lugares y otras en estaciones de trenes, aeropuertos o centrales de autobuses. Me alimento, como hoy, de alguna ensalada de una tienda de conveniencia, como a veces con alguna familia que me invita y otras veces en restaurantes «de caché» siempre cosas que no me hagan daño. Traigo a veces suficiente money y otras veces rasco por aquí y por allá. Viajo muchas veces en la última clase de los aviones, en trenes de segunda y camiones de tercera y una que otra vez, gracias a boletos regalados o a millas acumuladas en un mejor asiento. algo que no me haga daño y ciertamente el señor llega de una manera maravillosa. ¿Se pueden imaginar que ayer en el congreso me tocó salmón y ensalada? El misionero vive de la misericordia anunciando el perdón y denunciando el pecado. Por eso Dios cuida de él de una manera sorprendente, como cuidó de Elías. Qué hermoso que de este congreso quede en todos por lo menos una chispita de la Divina Misericordia. Seguro la Virgen nos ayudará porque ella, por lo menos en mi caso, no se me despega nunca. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 7 de junio de 2026

«CORPUS CHRSTI EN DOMINGO»... Un pequeño pensamiento para hoy

¿Otra vez Corpus Christi? Sí, es correcto. Es que el Código de Derecho Canónico, en el canon 1246 establece que el domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto y también los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos, pero permite que la Conferencia Episcopal de cada zona o nación del mundo, previa aprobación de la Sede Apostólica, pueda suprimir o trasladar a domingo algunas de estas fiestas de precepto. Por eso algunas naciones, como Lituania, han pasado la fiesta del Corpus al domingo. De manera que el jueves lo viví en Polonia, donde se celebra en jueves como en México y ahora aquí. Hemos tenido la misa dentro del congreso internacional que estamos celebrando en torno a la Divina Misericordia y que presidió el arzobispo del lugar concelebrando con él muchos obispos y sacerdotes. Cabe notar que el Arzobispo, es, al igual que el Papa León, estadounidense, aunque su familia es Lituana. Se llama Gintaras Grušas y nació en Washington el 23 de septiembre de 196i, así que como se dice: «¡somos de la edad!». Es un hombre muy preparado, informático, consultor, matemático, teólogo y canonista. Sabe hablar lituano, inglés, italiano, latín y francés. Desde 2013 es Arzobispo Metropolitano de aquí de Vilna —Vilnius— y Presidente de la Conferencia Episcopal de Lituania.

Es tradición que después de la misa de esta festividad se tenga una procesión y hoy no fue la excepción... ¡y vaya que caminamos! En poco más de dos horas y haciendo estaciones en tres altares elegidos de entre las 28 iglesias históricas del centro, recorrimos el casco antiguo de la ciudad —declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1994)

 y pude constatar que Vilna es realmente una de las capitales más limpias, verdes y seguras de Europa. Su Casco Antiguo está muy conservado y destaca por el impecable cuidado de sus calles empedradas, sus fachadas históricas y sus numerosos espacios naturales. Además de una pulcritud impecable, gocé viendo el cielo sin contaminación alguna y sendos parques integrados por todas partes. ¿Por qué los europeos, aunque tiene fama de que no se bañan, tienen la mayoría de sus ciudades impecables? De verdad, en toda la procesión no se vio ni un papel tirado y mucho menos amontonadero de basura...eso sí, hay botes de basura por doquier... ¡igualito que en mi rancho!

Pues nada más y nada menos que, en este fantástico marco europeo, me tocó volver a celebrar esta festividad instituida por el Papa Urbano IV en 1264, encomendándole a Santo Tomás de Aquino un oficio completo, algunos de cuyos himnos y antífonas han pasado a la historia de la liturgia como la expresión teológica más alta de este misterio inefable de la Eucaristía, como el «Tantum Ergo» y el «Adoro te devote», que se pueden escuchar en Youtube. Y, aunque ya comenté el jueves sobre la solemnidad, quiero ahora recordar cómo el descubrir las raíces últimas, culturales y religiosas de este sacramento de la Iglesia, que se retrae a la última cena de Jesús con sus discípulos, nos sirve para hacer comunidad y nos centra en lo que debemos ser: «una copia fiel de Jesús», como decía la beata María Inés. Que María Santísima nos lleve a la Eucaristía, porque todo el deseo de la Madre es llevar a los hijos que Dios le ha dado al conocimiento total de Cristo. Y creo que no tenemos un conocimiento total de Cristo hasta que no descubramos plenamente lo que es la Eucaristía. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 6 de junio de 2026

«SER MISERICORDIOSOS A TIEMPO Y A DESTIEMPO»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hace unas horas, en un vuelo de la aerolínea polaca LOT llegué a Vilna —Vilnius—  la capital de Lituania, Vilna, para prestar mi servicio como Misionero de la Misericordia, enviado por el Papa en el VI Congreso Apostólico Mundial sobre la Divina Misericordia (WACOM). Vilna es considerada uno de los principales centros de la Divina Misericordia del mundo y estaré aquí hasta el12 de junio, Dios mediante, confesando horas y horas en su preciosa catedral. Este es, como dijo una voluntaria al recibirme en el aeropuerto, «el trabajo más importante del congreso» que tiene como lema «Construir la Ciudad de la Misericordia» con el objetico de ayudar a redescubrir cómo la misericordia de Dios puede transformar la vida urbana contemporánea, marcada muchas veces por el aislamiento, la desilusión y la desconfianza. Mi jefe inmediato en el Vaticano, para esta encomienda, es desde 2016 Monseñor Rino Fisichella —prefecto adjunto del Dicasterio para la Nueva Evangelización—, quien, delegado del Santo Padre con acompañará estos días de gracia. Monseñor Rino nos ha dicho: «Volvamos a experimentar en nuestras vidas cuán misericordioso es Dios con cada uno de nosotros y renovemos nuestro compromiso de construir ciudades que sean, más que nunca, lugares de misericordia». El caso es que aquí estoy, donde Dios quiere, no cabe duda.

Gracias a esa encomienda que en vida me diera el papa Francisco estoy aquí, porque por esa gracia especial he ganado, sin mérito propio alguno, la potestad de absolver incluso los pecados reservados a la Santa Sede, la alegría de transmitir el perdón gratuito de Dios por el mundo entero y, sobre todo, una transformación profunda en mi propio corazón que me hace ver la vida con ojos nuevos cada día. El Señor ha sido muy misericordioso conmigo y sé que la misericordia no se merece... se recibe como regalo inmerecido. Pensando en esto en tantos momentos de soledad fecunda que he tenido en este viaje misionero, me vino a la mente aquella anécdota en torno al gran Napoleón Bonaparte que ilustra tan claramente lo que es la misericordia. La historia cuenta que una vez, la madre de un delincuente arrepentido solicitó a Napoleón el perdón de su hijo, y el emperador dijo que no, porque ya era el segundo delito que cometía este hombre y que la justicia exigía su ejecución. Dicen que la mamá del muchacho le dijo al emperador: «No pido justicia, pido misericordia», y que el emperador de le quedó viendo y le dijo que el joven no merecía misericordia alguna. A lo que la mamá respondió: «Excelencia, , si se la mereciese, no sería misericordia. Y misericordia es todo lo que le pido». El emperador se sintió desarmado y así se salvó la vida de su hijo. ¡Esta es la misericordia!

Cristo es la expresión más clara de la misericordia de Dios, él viene a nuestro encuentro y nos da, sin merecerlo, la gracia de su compasión misericordiosa abajándose a lavarnos los pies. El mundo tiene necesidad de experimentar esta misericordia, por ello, viene muy bien hoy la primera lectura de la misa (2 Tim 4,1-8) en la que san Pablo anima a Timoteo a proclamar la Palabra con insistencia... ¡no te canses aprovecha cualquier oportunidad, no tengas miedo o vergüenza; exhorta, pelea si es necesario; reprocha, lucha, no te calles! «La misericordia no se cansa jamás; cuanto más se da, más queda; cuanto más se ofrece, más se recibe», dejó escrito san Juan Pablo II en Dives in misericordia. Hoy, más que nunca, y sobre todo en las grandes ciudades, estamos más necesitados que nunca de la Divina Misericordia. Vivir abrazados a ella, como santa Faustina Kowalska enseña, significa latir, respirar, amar, sentir y tocar con compasión, dejando que nuestras vidas estén abiertas al dolor ajeno y que nuestras acciones diarias ayuden al prójimo a levantarse: amando lo visible y lo invisible en la vida de quienes nos rodean, acompañando sin juzgar y ofreciendo consuelo. Estoy seguro de que estos días, que viviremos bajo la mirada de Nuestra Señora de Šiluva, patrona de Lituania, marcarán nuestras vidas comprometidas en ser misericordiados y a la vez misericordiosos a tiempo y a destiempo. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 5 de junio de 2026


Ciertamente que los viajes ilustran, por eso quiero comenzar mi reflexión de hoy con un cuento: «Cierta vez, un médico muy docto, pronunciaba ante un numeroso auditorio, un discurso científico acerca del nerviosismo. El hombre hablaba con la mayor claridad posible y adornaba su discurso con gran lujo de ejemplos, por lo que recogió grandes aplausos. Apenas terminó, uno de los oyentes se acercó y le dijo: “Señor doctor yo no he entendido una sola palabra en este asunto del nerviosismo”. Riéndose, el médico contestó: “Señor mío, yo puedo explicarle a usted el asunto de qué se trata, pero darle a usted la inteligencia, eso sí que no puedo, es cuestión de talento”». Eso mismo acontece con las verdades de nuestra religión, el predicador en el templo al igual que el catequista o el profesor en la escuela bíblica pueden explicar la doctrina y la Escritura, pueden demostrar y defender lo que enseñan, pero no pueden comunicar a sus oyentes, la virtud de la fe, que es un don de Dios, un don que puede merecerse con el esfuerzo para conseguir la verdad, con la rectitud de vida y con la petición constante de la verdadera fe. Esto lo digo porque todos estos días he asistido a Misa en diversos templos tanto de Cracovia como de Varsovia y no he entendido ni una sola palabra, pero, al igual que todos ustedes, he recibido el don de la fe y aunque no entiendo lo que se dice, lo vivo en el corazón porque, en primer lugar, la estructura litúrgica de la celebración es la misma y, con ayuda de la aplicación «Appostolica», voy siguiendo las lecturas y durante la homilía que igual estuviera en chino que en polaco, me pongo a reflexionar en lo leído y a dar gracias por el don de la fe recibida desde pequeño, como San Pablo le recuerda a Timoteo. 

Ciertamente que los viajes ilustran, por eso quiero comenzar mi reflexión de hoy con un cuento: «Cierta vez, un médico muy docto, pronunciaba ante un numeroso auditorio, un discurso científico acerca del nerviosismo. El hombre hablaba con la mayor claridad posible y adornaba su discurso con gran lujo de ejemplos, por lo que recogió grandes aplausos. Apenas terminó, uno de los oyentes se acercó y le dijo: “Señor doctor yo no he entendido una sola palabra en este asunto del nerviosismo”. Riéndose, el médico contestó: “Señor mío, yo puedo explicarle a usted el asunto de qué se trata, pero darle a usted la inteligencia, eso sí que no puedo, es cuestión de talento”». Eso mismo acontece con las verdades de nuestra religión, el predicador en el templo al igual que el catequista o el profesor en la escuela bíblica pueden explicar la doctrina y la Escritura, pueden demostrar y defender lo que enseñan, pero no pueden comunicar a sus oyentes, la virtud de la fe, que es un don de Dios, un don que puede merecerse con el esfuerzo para conseguir la verdad, con la rectitud de vida y con la petición constante de la verdadera fe. Esto lo digo porque todos estos días he asistido a Misa en diversos templos tanto de Cracovia como de Varsovia y no he entendido ni una sola palabra, pero, al igual que todos ustedes, he recibido el don de la fe y aunque no entiendo lo que se dice, lo vivo en el corazón porque, en primer lugar, la estructura litúrgica de la celebración es la misma y, con ayuda de la aplicación «Appostolica», voy siguiendo las lecturas y durante la homilía que igual estuviera en chino que en polaco, me pongo a reflexionar en lo leído y a dar gracias por el don de la fe recibida desde pequeño, como San Pablo le recuerda a Timoteo.

Escribiendo a Timoteo (“ Tim 3,10-17), Pablo le dice: «Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia... [...] permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús». Mantenerse firmes en la fe dentro de una sociedad secular que poco a poco va sacando a Dios de la vida ordinaria puede ser un desafío, pero es posible seguir, cultivando una vida espiritual profunda y viviendo con propósito manteniendo firme el hilo conductor de la fe. Occidente, a diferencia de Oriente, se va desligando de la práctica de la religión. Incluso aquí, en la católica Polonia, destacan, en esta hermosa ciudad capital de nombre Varsovia, los grandes rascacielos, los más grandes de la unión europea, con sendos letreros de bancos en la parte superior, como gritando a todo el continente que el dios que impera es el «dios dinero». También aquí se siente, en las iglesias, retacadas en las misas diarias de estos días, la ausencia de adolescentes y jóvenes, que, seguramente seducidos por los nuevos principio doctrinales de incontables ideologías, se olvidan del Dios verdadero y lo van convirtiendo en el Dios desconocido.

Aunque históricamente más del 90% de la población se identificaba como católica, debido a tantas cosas que la historia de esta nación puede explicar con calma, las cifras, según me platican, han cambiado. En años recientes hay una considerable disminución en la práctica religiosa, especialmente entre los adolescentes y los jóvenes. Según los datos demográficos y del Instituto de Estadísticas de la Iglesia Católica de esta nación, si bien cerca de un 71% de los ciudadanos se identifica como católico, la asistencia los domingos y a la misa de entre semana ha bajado mucho, motivada por críticas sociales, escándalos institucionales y la secularización de la sociedad que es una cuestión global. Polonia no ha sido inmune a las escalofriantes tendencias continentales y de hecho, mundiales. Al igual que en otras naciones, los padres se preocupan cada vez menos por la educación religiosa de sus hijos. Todos sabemos que si la transmisión religiosa no tiene lugar en la casa, escuela o en la iglesia, se crea un vacío. En algunos círculos, conocer a una persona de fe profunda y devota se ha vuelto improbable. Los ambientes urbanos, jóvenes y bien educados están en gran medida secularizados. Pero hay una esperanza... en ello pensaba ayer tarde en que el sacerdote predicaba con gran efusividad y yo, lógicamente no entendía nada. La ausencia de fe no significa un vacío espiritual. Los no creyentes no carecen de convicciones; simplemente tienen una multitud de puntos de vista y entre todo eso está el Dios olvidado, el Dios hecho a un lado que en cualquier momento y sin que menos lo piensen, se puede hacer encontradizo. Que Nuestra Señora de Częstochowa, patrona de Polonia y llamada con cariño «la Virgen Negra» cuide de la fe de sus hijos y ayude a quienes han de dejarse alcanzar por su Hijo Jesús... yo mientras tanto empaco para continuar mi peregrinación a Lituania. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 4 de junio de 2026

«Pan que alimenta y alienta, Vino que alegra el corazón»... Un pequeño pensamineto para hoy

Ayer en Cracovia, al asistir en la tarde a la Misa de precepto de la fiesta del Corpus Christi en la Basílica de Santa María —Kościół Mariacki—, me pareció volar a la edad media, pues se trata de una joya del gótico polaco del siglo XIV, que, en el corazón del casco antiguo de la ciudad, es mundialmente famosa por su espectacular altar mayor de madera tallado por Veit Stoss y la belleza de su presbiterio. Esta mañana viajé en tren —sólo Dios sabe como no me perdí sin entender una gota del idioma— a Varsovia, la capital de este bellísimo país que me cobija en estos días previos al Congreso Internacional de la Divina Misericordia en Lituania. Aquí viví una experiencia muy similar en la Catedral de San Juan, digo muy similar porque esta está reconstruida, ya que el 90 % de la construcción fue destruida en la Segunda Guerra Mundial. Pero, lo que más me ha llamado la atención, al contemplar esta y otras joyas arquitectónicas, como la Iglesia de San Martín en donde hace rato asistí a la Misa de Corpus, es la fe de la gente. ¡No me queda duda de que Polonia es católica! Eso lo constato al haber visto estas dos joyas medievales llenísimas de gente, así como las otras iglesias que he visitado... porque, como dicen muchos: «¡si quieres viajar con el padre Alfredo atente a ir a muchas iglesias!»

Desde acá, viendo todo esto pienso en mi México lindo y querido, en donde por angas o mangas se va recobrando, poco a poco, el amor a Jesús Eucaristía que, en años anteriores parecía desvanecerse. Orando en los dos templos en donde hoy puede hacer un rato de adoración ante Jesús expuesto en la Custodia, me venían dos preguntas: ¿Asumo como sacerdote misionero el enorme compromiso que significa en este sentido la Eucaristía para hacer la transubstanciación, recibirla y repartirla a mis hermanos? Y luego ua pregunta para todos: ¿Somos capaces como bautizados, de ser para quienes por distintos motivos no pueden acercarse a comulgar, lo que Jesús es para nosotros: Pan que alimenta y alienta, Vino que alegra el corazón, abrazo de Padre tierno y misericordioso, consuelo del Espíritu que nos hace familia y esperanza del cielo que no defrauda?

Al terminar el día, y luego de pasar en mi recorrido a pie a la Catedral de Campo del Ejército Polaco, en el distrito de Śródmieście, en donde en cientos de placas aparecen recordando a los soldados caídos en las guerras, puedo decir, con una mano en el corazón, que la Eucaristía es para nosotros, cristianos, el motor —como dice Madre Inés— de nuestro compromiso en la transformación del mundo. Parecería, a simple vista, que en esta época ensordecida por el materialismo y el hedonismo exagerados, Jesús Eucaristía duerme, pero, en medio de la tormenta, él abre los ojos como en aquel episodio de la barca, porque va con nosotros y es el Piloto. Ahora me voy a descansar porque mañana me espera un día para aprender más y para orar más. Es que, estando solito en este viaje, me encuentro mucho con Dios, con su Madre santísima y conmigo mismo y eso, eso hace mucho bien. Con razón los santos amaban el silencio. ¡Bendecido jueves, fiesta de Corpus Christi!

Padre Alfredo.

P.D. El domingo volveré a celebrar la fiesta de Corpus Christi, porque en Lituania se celebra el domingo como en otras partes del mundo.

miércoles, 3 de junio de 2026

«El sueño de ir a Wadowice donde comenzó todo»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Ciertamente, como muchos nosotros estamos convencidos, para el hombre y la mujer de fe no existen las coincidencias... ¡sino las diosidencias! Para nosotros en todo tiempo y lugar cada evento, cada encuentro o cada situación, lleva un propósito divino. Esta perspectiva transforma la incertidumbre de la vida en confianza, viviendo a la sorpresa de Dios para permitir ver su mano incluso en los detalles más pequeños del día a día. Así, desde este punto de vista, no ha sido para nada una casualidad que esta mañana, durante mi visita a la casa donde nació el 18 de mayo de 1920 San Juan Pablo II en Wadowice, un bellísimo pueblo más o menos a una hora, tuviera la oportunidad de asistir a Misa y seguir en mi aplicación, la primera lectura tomada de la segunda carta de San Pablo a Timoteo dejando que resonara en mi corazón la frase: «te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos» y renovara, allí donde este santo excepcional y tan cercano a mi vida sacerdotal, fue bautizado. Conocer Wadowice era un sueño que tenía desde mis primeros años de seminarista, en la prehistoria de mi vocación. Estar en Wadowice como un viejo sacerdote, ha significado para mí un reconectarme con la cuna espiritual de quién, como vicario de Cristo, tuve la dicha de conocer, saludarle de manos más de 60 veces, escucharle en vivo y en directo muchas veces en Roma, en Denver, en Monterrey y en Ciudad de México. 

Dice Goethe, el gran poeta alemán, que: «Quien quiera comprender a un poeta, debería ir a su pueblo». Yo creo que con los santos sucede lo mismo. Hay que ir a su infancia, a sus primeros años de vida, a su lugar natal. Juan Pablo II decía que en Wadowice «comenzó todo». Sí, aquí comenzó su vida, comenzó su formación humana e intelectual, aquí comenzó el teatro y las primeras andanzas hacia el sacerdocio. El encuentro de esta mañana con sus raíces, en el pequeño apartamento que con su familia habitó hasta los 18 años, me sirvió mucho para renovar el celo pastoral que recibí de Dios y que, como en su caso, no conoce fronteras. San Juan Pablo II transformó la historia de la Iglesia  y del mundo desde sus humildes comienzos en esta pequeña localidad polaca. Aquí, en primer lugar, le presenté al Señor, por su intercesión, una súplica muy especial que le vengo pidiendo con relación a mi ministerio en la Iglesia. También oré por mi familia de sangre y obvio, por mi «Familia Inesiana» recordando cómo lo quiso Madre Inés. Aunque las horas pasaron volando, antes de continuar la visita en Cracovia, del santuario de San Juan Pablo II y el de la Divina Misericordia —donde reposan los restos de santa Faustina Kovalska, de quien escribiré cuando esté en Lituania— no desperdicié la oportunidad de degustar —con el permiso del azúcar como decía mi abuela Dora Hermila— el postre preferido de este santo varón: La Cremówka polaca, también conocida como Napoleonka, un dulce que combina pasta de hojaldre y crema, espolvoreado por azúcar glass. 

Pero voy ahora al fragmento de la Escritura que tenemos hoy como primera lectura (2 Tim 1,1-3.6-12). San Pablo estaba muy interesado en la vida y el ministerio de Timoteo, y quería asegurarse de que éste utilizara eficazmente el don que se le había concedido, para la gloria de Dios. No es que Pablo pensara que la fe de Timoteo era débil o que se estaba extinguiendo, sino que quería que experimentara la plenitud del don de Dios siguiendo con la consolidación de su vocación. El pasaje me recuerda que la vocación no es una cuestión estática sino dinámica. La gracia vocacional se renueva cada día y el Señor, que no desperdicia el tiempo, aprovecha cada instante para mantener, en los llamados, una acción permanente que le lleve a re-estrenar el «Sí» que un día se pronunció. Hoy he pensado, en especial, que la vocación sacerdotal, al igual que la vocación de todo cristiano, arraiga en el designio eterno de Dios Padre, que se realiza en la vocación bautismal, y adquiere así una mayor determinación hasta llegar a concretizarse en el Orden Sacerdotal. ¡Gracias mi querido Papa Juan Pablo II por invitarme hoy a tu casa... gracias por tu intercesión en el regalo de la Santa Misa en donde fuiste bautizado... gracias por tu contagiante amor a María... gracias por escuchar mi súplica tan especial! Ahora toca esperar, pero no con los brazos cruzados, sino con la misma premura que te movió desde chiquillo para las cosas de Dios y que conservaste hasta los últimos momentos de tu vida en aquel 25 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia en que regresaste a la Casa del Padre. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 2 de junio de 2026

«Cracovia me recuerda la importancia de valorar la historia»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy el pensamiento no tiene nada de pequeños. Desde ayer estoy en Cracovia por primera vez en mi vida y no puedo escribir poco. Confieso que siempre soñé con conocer la tierra de mi queridísimo papa San Juan Pablo II, cuya cercanía en mis años de estudiante y de joven sacerdote me fue tan provechosa. Hoy con ayuda de Lorena, una chica española maravillosa y muy preparada, pude echarle un vistazo a la ciudad, sobre todo al casco antiguo, que es uno de los pocos lugares de Europa Central donde su trazado histórico se conserva prácticamente intacto. El lugar es fascinante por el castillo de Wawel, situado sobre la colina en donde está la cueva del dragón y desde donde se contempla una vista maravillosa de la ciudad con su impresionante río Vístula. Caminamos más de dos horas y media contemplando la inmensa y variopinta catedral, la Universidad Jaguelónica, una de las más valoradas de Europa y fundada en 1364 por el rey Casimiro III el Grande y en donde estudiaron Copérnico y San Juan Pablo II. Lorena me hizo recorrer más de 1,000 años de historia caminando hasta la plaza central para adentrarnos en el centro comercial techado más antiguo del mundo conocido como «La Lonja de los Paños», de donde mis queridas amigas Angie, Kathia y Lucía no hubieran salido con las manos vacías. De allí pasamos a admirar la basílica de Santa María, con el regalo de escuchar al trompetista que desde lo alto de una de las dos inmensas torres toca cada hora una melodía muy especial con un final trunco, que recuerda el arrebato de los nazis en las deportaciones hechas en esta ciudad que, por diversos motivos, no fue nunca bombardeada en la Segunda Guerra Mundial. El recorrido matutino lo terminé en la puerta de San Florián, la única entrada a la ciudad antigua  que se conserva original para luego ir al museo Czartoryski, donde pude admirar la famosa pintura de Da Vinci «La Dama del armiño».

Luego de comer en un «Bar de leche» —pequeños restaurantes típicos, decorados como casitas antiguas en donde cocinan abuelas y venden comita típica muy sana y sustanciosa— continué el recorrido al barrio judío de Kazimierz  para recorrer con calma, con ayuda de Jairo, un guía excepcional, esos lugares que hablan de aquella famosa película «La Lista de Schindler», pasando por el cementerio judío, varias sinagogas, plazas y lugares emblemáticos, incluido el famoso monumento de «Las Sillas Vacías», una impresionante obra de los arquitectos polacos Piotr Lewicki y Kazimierz Łatak, financiada, entre otros, por el director cinematográfico Roman Polanski para representar,  en el centro neurálgico del gueto de Cracovia —que llegó a albergar a más de 15,000 judíos— el lugar donde se hacía la selección de personas para su deportación a campos de exterminio. Las pertenencias son representadas por 33sillas grandes y 37 pequeñas, distribuidas en la plaza de los Héroes del Holocausto. El diseño de este lugar, con el que terminé prácticamente mi recorrido de la tarde luego de tres horas en las que recordé que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después, está inspirado en las memorias del farmacéutico Tadeusz Pankiewicz, quien documentó cómo, durante las deportaciones de 1941 a 1943, los nazis amontonaban los muebles y pertenencias de los judíos en esta misma plaza antes de llevárselos presos justificando cada deportación de una manera impresionante para acabar con todos. Las sillas representan la pérdida, la ausencia y el trágico destino de miles de personas cuya historia quedó grabada para siempre en este lugar que me ayudó a echar un vistazo y a meditar en el tremendo final de las vidas de tantas personas como San Maxilinao Kolbe y Santa Edith Stain —Santa Teresa Benedicto de la Cruz— en Auschwitz, a donde sabía que no podría ir. 

Ante todo esto y con el cansancio natural, al llegar a mi cuarto en la noche me pregunto: ¿Unas cosas vividas hace tanto sirven de algo en el mundo actual tan disperso y tan falto de aprecio por la historia? Y voy al pasaje de san Pedro en la primera lectura de hoy (2 Pe 3,12-15a.17-18)  para meditar cómo nos aconseja afrontar la espera de la venida del Señor de la Historia con palabras que siguen siendo actuales. Literalmente nos dice que... «no les arrastre el error de esa gente sin principios» ¿A caso hoy no estamos bombardeados por mensajes sin ningún tipo de principios y valores haciendo a un lado la historia? Poder, riqueza, violencia contra el otro, fama, éxito social...  Mensajes atrayentes que nos apartan de lo verdaderamente importante: Dios y su presencia junto al hombre en la tierra a lo largo de siglos y siglos. Mientras esperamos al Señor debemos valorar la historia y el paso por el mundo de todos nuestros hermanos que han dejado huella. Definitivamente las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras están siempre de plena actualidad, y seguirlas es la mejor manera de conseguir un mundo mejor que valore el pasado y proyecte, con ello, un futuro mejor.  Todos tenemos la oportunidad de ayudar a que el Reino de Dios quede grabado en el paso del hombre en tantas partes del mundo, y lo haremos a través de nuestras obras y de nuestra actitud como ciudadanos en medio de la sociedad en que vivimos dejando vestigios de fe, de valentía, de solidaridad. Recorrer la historia, como lo he hecho yo hoy en Cracovia, nos recuerda que en la vida no todo es blanco o negro, que hay una inmensa gama de grises y para todos, gracias a todos, hay lugar en este viaje de paso a la eternidad. Dios debe ser el centro de nuestra vida, nuestro pilar, pero vivimos en distintas sociedades en las que debemos cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos, dejando claro que nuestra conciencia deberá estar por encima de las injusticias de los hombres sabiendo que las cosas del alma están por encima de las del mundo. Ser buen cristiano implica ser buen ciudadano y amar la historia sin reñir con ella. Que María nos acompañe en el diario e histórico caminar. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 1 de junio de 2026

«Sin anclarnos...» UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Desde que tengo uso de razón me ha apasionado hacer garabatos... Hasta cuarto año de primaria utilizaba las dos manos con el lápiz, colores, marcadores, pluma y lo que llegara a mis manos. ¡Seguro mis primeros jeroglíficos quedaron plasmados en alguna de las paredes de la diminuta casa que habitamos hasta que cumplí los 5 años —la de ahora sigue siendo diminuta, pero es otra—! Gracias a la maestra Jesusita —que de Dios goce porque era en los años sesenta bastante mayor— experta en el uso de la regla y el borrador para corregir a los zurdos o ambidiestros, nunca más pude volver a escribir con la mano derecha, aunque para todo —antes de meter la pata— meta primero la mano izquierda. El caso es que hago esta inútil introducción para decir cuánto me gustan las esperas en los aeropuertos como medio para que me ponga a rezar, leer y sobre todo... ¡escribir! Sí y es que ver una pantalla en blanco, abre mi mente y mi corazón para que las letras fluyan sin interrupción alguna. 

Ahora escribo desde la sala 22B el aeropuerto Schiphol en Ámsterdam, Este inmenso puerto aéreo cuyo nombre proviene de la combinación de dos palabras en neerlandés antiguo: schip —barco— y hol —agujero o fosa)—. Literalmente se traduce como «agujero de barcos», debido a que se encuentra sobre el fondo de lo que solía ser el turbulento y traicionero lago Haarlemmermeer. Hay que recordar que aproximadamente la cuarta parte de esta nación —Llamada «Países Bajos» y conocida por sus dos provincias: Holanda del Norte y Holanda del Sur— se encuentra completamente por debajo del nivel del mar. Además, gran parte del resto del país apenas supera unos pocos metros de altitud. Esta base aérea se inauguró el 16 de septiembre de 1916 como aeropuerto militar durante la Primera Guerra Mundial. Poco después, en 1920, comenzó a operar para vuelos civiles. Actualmente ocupa el tercer lugar en extensión y volumen de pasajeros en Europa y el quinto en el mundo. Y es para mí un lugar que siempre me trae el recuerdo se haber sido el primer aeropuerto de Europa que conocí allá por 1984 cuando era un jovencillo destinado a estudiar en Roma.  Espero aquí mi vuelo a Cracovia a donde ustedes, mis queridos 17 lectores, me acompañarán en espíritu.

Me da gusto que este viaje y en concreto este mes, empiece para todos con la sensacional segunda carta de Pedro como primera lectura (1 Pe 1,1-7), porque esta carta inspirada se centra sobre todo en la conducta de los cristianos. El escritor sagrado basa la tesis de la centralidad de Jesucristo y de su divinidad y lo primero que manda a sus lectores es que crezca en ellos la gracia y la paz por el conocimiento de Dios y Salvador Jesucristo. Esto es de vital importancia para nosotros, que, viajeros de paso en este mundo, debemos tener muy en claro quien es Jesucristo, familiarizarnos con él y con la alegría de su Evangelio, porque ese es origen de la gracia, bendición y ayuda de Dios para ser constructores de la nueva evangelización como peregrinos hacia la patria celestial. El Papa León XIV ha destacado esta conciencia de ser peregrinos como una dimensión central de la fe cristiana, recordando que la Iglesia es una civitas peregrina —pueblo en camino hacia la patria celestial—. Este concepto marca un llamado a evitar el apego excesivo al mundo, el sedentarismo espiritual y el individualismo, animándonos a vivir con solidaridad y esperanza sin anclarnos a las cosas materiales. Que la Virgen Madre, que fue peregrina —Belén, Egipto, Nazaret, Caná, Éfeso— nos aliente a vivir con alegría en la libertad de los hijos de Dios. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.