sábado, 9 de septiembre de 2023

«Las discusiones sobre el sábado»... Un pequeño pensamiento para hoy


Los fariseos que aparecen en diversos pasajes evangélicos, asoman sus boquitas discutiendo siempre sobre las acciones que Jesús realizaba el sábado. El pasaje de hoy (Lc 6,1-5) es una prueba contundente de esto. Ciertamente Jesús, que era judío, apreciaba el sábado y lo había incorporado a su espiritualidad: por ejemplo, iba cada semana a la sinagoga, a rezar y a escuchar la Palabra de Dios con los demás. Y cumplía seguramente las otras normas relativas a este día.

Bien vivido, el sábado era y sigue siendo un día sacramental de auténtica gracia para los judíos. Pero lo que critica Jesús en escenas como la de hoy, es la interpretación exagerada del descanso sabático: ¿cómo puede ser contrario a la voluntad de Dios el tomar en la mano unas espigas, restregarlas y comer sus granos, cuando se siente hambre? El argumento que él aduce es el ejemplo de David y sus hombres, a quienes el sacerdote del santuario les dio a comer «panes sagrados», aunque en principio no eran para ser comidos así (1 Sam 21). Pero seguramente lo que les debió saber muy mal a los fariseos es la última afirmación del discurso: «el Hijo del Hombre es señor del sábado».

La Iglesia, al contemplar que la resurrección de Jesús ocurrió en domingo, consideró que era mucho más importante guardar el domingo en lugar del sábado, por eso para nosotros los católicos guardar el domingo como día de culto a Dios, día de descanso en su honor, día de la naturaleza, día de paz y vida de familia, día de liberación interior, es muy importante. Lo que está pensado para bien de todos los católicos, como el domingo, lo podemos llegar a convertir, por nuestra casuística e intransigencia, en unas normas que quitan la alegría del espíritu. El domingo es un día que tiene que ser todo él, sus veinticuatro horas, un día de alegría por la victoria de Cristo y por nuestra propia liberación. Con la Eucaristía comunitaria en medio, pero con el espíritu liberado y gozoso: un espíritu pascual. Por eso pidamos a María que interceda por nosotros para que no nos falte la Misa dominical y honremos así ese día dichoso. ¡Bendecido sábado... y no falten mañana a Misa!

Padre Alfredo.

viernes, 8 de septiembre de 2023

«La Natividad de María»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Iglesia celebra, en este día, la fiesta de la Natividad de la santísima Virgen María. La Iglesia nos hace ir a los momentos de alegría de los santos Joaquín y Ana, cuando después de tantos años de expectativa, celebraron el nacimiento de la hija que tanto anhelaban, según nos cuenta la tradición. Pero, ¿qué sabemos sobre este acontecimiento? La verdad no sabemos la fecha exacta en el calendario de este evento, así como no sabemos tampoco la fecha exactísima en que nació Cristo, pero esta fiesta se ha celebrado el 8 de septiembre, desde los primeros siglos del cristianismo.

¿Dónde nació María? Esta es la otra pregunta que nos podemos plantear. La historia de Jerusalén apunta al lugar concreto: no muy lejos del templo en esos días, cerca de la piscina de Bethesda, cerca de la puerta de las ovejas. Hoy, se puede visitar allí la basílica de Santa Ana, de arquitectura románica simple y muy hermosa, y bajo tierra la gruta de la Natividad de la Madre de Dios, igualmente hermosa y brillante. ¡Nunca, definitivamente, será posible exagerar sobre un evento tan grandioso! Este es también otro misterio de nuestra fe, como la inmaculada concepción de la Santísima Virgen María, que precedió a su Natividad. Llena del Espíritu Santo desde el primer momento de su existencia, se convirtió en la nueva criatura, libre de todo pecado y maldad en la que Dios grabó su propia imagen y semejanza, para no ser eclipsado por nada, creando así la obra maestra de la bondad y la belleza, la cumbre de toda la creación.

¿Qué le podremos dar como regalo de cumpleaños a María? Primero, le ofrecemos nuestra obligación de respetar el cuarto mandamiento de Dios: «Honra a tu padre y a tu madre». La tradición nos dice que María niña honró a sus padres y ella fue obediente con ellos. Fue obediente de la misma manera que Jesús le obedeció a Ella y a San José. Le regalamos también nuestro gran deseo de escuchar, como Ella, la voz de Dios y seguir sus instrucciones. Que Ella sea para nosotros, hoy y siempre, una pauta y un modelo a seguir. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 7 de septiembre de 2023

«Jueves sacerdotal y eucarístico»... Un pequeño pensamiento para hoy


Tradicionalmente, en la Iglesia católica, los jueves han sido días consagrados a la oración por los sacerdotes, al haber sido instituido el ministerio sacerdotal precisamente en jueves por nuestro Señor Jesucristo junto con la Eucaristía durante la Última Cena. Estas dos razones motivaron a que en la Iglesia primitiva se dedicara una Hora Santa cada día jueves para estar delante de Jesús Sacramentado. Con el tiempo, en muchos lugares, se ha llegado a tener la práctica de mantener solemnemente expuesto el Santísimo Sacramento para pedir todo el tiempo por los sacerdotes en adoración eucarística.

Gracias a Dios, y con ayuda de muchos de nuestros laicos, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás hoy damos un pequeño paso hacia ese ideal de la adoración perpetua con extender, la adoración del Santísimo, de la Hora Santa de los jueves, al jueves de adoración continua, exponiendo el Santísimo desde que termina la Misa de 9:30 de la mañana hasta la Misa de 7:00 p.m. para continuar con la Hora Santa de 8:00 a 9:00 de la noche. En los valiosos ratos de oración ante el Santísimo, ante Jesús Sacramentado, la comunidad parroquial, representada por quienes estén en turno de adoración, pedirá a Jesús Eucaristía pedir que haya más obreros en su mies de los que tan necesitados estamos.

Hoy el Evangelio de Misa (Lc 5,1-11) nos alienta a eso, a orar por los «pescadores de hombres» que somos tan pocos, y a pedir que el Señor llame a más y más. Yo les invito, bajo la mirada de Nuestra Señora, a pedir por mis hermanos Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, los que somos sacerdotes y los que están en formación; a pedir por los sacerdotes diocesanos; por los sacerdotes de las diversas congregaciones; por los sacerdotes de nuestra comunidad parroquial; por los sacerdotes que son nuestros familiares y amigos y tenemos cercanos y por las vocaciones sacerdotales en la Iglesia. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico felicitando a todos los laicos que se han unido a la adoración continua de los jueves en nuestra comunidad parroquial!

Padre Alfredo.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

«Una jornada de Jesús, una jornada nuestra»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es ya bastante tarde a esta hora en que me siento a escribir. El día casi acaba aquí en Monterrey y en otras partes donde me leen ya están dormidos o casi a punto de levantarse, sin embargo no quiero dejar de compartir mis impresiones en torno al Evangelio que la liturgia de la palabra de este día nos ha regalado (Lc 4,38-44) y aunque sea en unas cuantas líneas quiero expresar unas cuantas ideas que me ayudan a profundizar en la fe y creo a quien lea esto también.

Lo que Jesús anunció en la sinagoga de Nazaret y que escuchamos hace unos días lo va cumpliendo. Allí dijo, aplicándose la profecía de Isaías, que había venido a anunciar la salvación a los pobres y curar a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos. Así, hoy el Evangelio nos muestra el programa de una jornada de Jesús al salir de la sinagoga. Cura a la suegra de Pedro, impone las manos y sana a los enfermos que le traen, libera a los poseídos por el demonio y no se cansa de ir anunciando el reino de Dios. En medio de todo, busca momentos de paz para rezar personalmente en un lugar solitario.

Podemos quedarnos con dos significativos rasgos de esta jornada: Primero, Jesús, en medio de un horario intensivo de trabajo y dedicación misionera, encuentra momentos para orar a solas. Y segundo, no quiere instalarse en un lugar donde le han acogido bien: «También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado». Pidamos a María santísima, tan intensa como Jesús en sus jornadas, que nos libre de dos peligros: el activismo exagerado, descuidando la oración, y la tentación de quedarnos en el ambiente en que somos bien recibidos, descuidando la universalidad de nuestra misión. ¡Bendecida noche de miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 5 de septiembre de 2023

«¿A quién voy a tenerle miedo?»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy me detengo, para esta reflexión, en el salmo responsorial de la Misa de hoy, que es el salmo 26 —25 en la Biblia— porque me encantó la pregunta que se hace el salmista: «¿a quién voy a tenerle miedo?»  Me he dado cuenta que hay, en nuestros tiempos, católicos muy temerosos. Gente que se preocupa por todo y se llena de miedo; gente que tiene miedo del futuro, de su apariencia, del bajón que puedan dar sus finanzas, de si ese lunar en la espalda está creciendo o no. A lo largo de los años cada vez me doy más y más cuenta de que en este mundo no puede haber algo que nos haga temblar... ¡incluso ni las asechanzas del enemigo! porque, como dice el mismo salmista: «Ármate de valor y fortaleza y en Señor confía». He recordado, al ver las líneas de este salmo que la frase más común que Dios usó en la Biblia fue «no temas».

El miedo y la preocupación pueden consumirnos si no nos ponemos alerta y nos separamos de la confianza en el Señor, y es importante que los católicos, que somos una gran familia, nos sintamos respaldados por las oraciones de toda la Iglesia universal, que constituye, para nosotros, cualesquiera que sea nuestra vocación específica, una comunidad que nos sostiene y nos ayuda a ver con claridad que algunos miedos que nos pueden amenazar, afrontados desde la fe y la confianza en Dios, nos guían hacia la sabiduría. 

Ante la situación tan difícil de la sociedad actual, marcada por variadas y horrendas ideologías que surgen una tras otra y que se añaden a los graves problemas políticos y económicos que son innumerables, el futuro se presenta como lo que es, algo desconocido, y es difícil no saber qué sigue para nosotros y nuestros seres queridos. «¿Cuándo y cómo moriremos todos? ¿Nuestros hijos seguirán siendo católicos? ¿Sobrevivirán nuestros matrimonios o los de nuestros hijos a los años tumultuosos?»... estas son algunas de las preguntas que pueden acrecentar el miedo. Sin miedo debemos vivir como María, a la sorpresa de Dios seguros de que Él es la defensa de nuestra vida. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 4 de septiembre de 2023

«Dos años de párroco»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy cumplo dos años de párroco en «Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás». Muchos años antes ya lo había sido. De hecho fui el primer párroco de esa comunidad a la que tanto quiero y en cuyo templo celebré la Eucaristía por vez primera, pues allí fue mi «Cantamisa», es decir, la primera Misa que preside el recién ordenado sacerdote. Pro supuesto, en la celebración eucarística del día de hoy daré gracias y por supuesto pediré también perdón por las cosas en las que tengo que corregirme para ser el sacerdote que esta encomienda exige y que yo, por mi miseria, no alcanzo a dar el ancho, como vulgarmente se dice. ¡Recen por favor por mí, que mucho lo necesito!

El Evangelio de la Misa de hoy (Lc 4,16-30) con el que pasamos de la lectura continua de los evangelios de Marcos y de Mateo a san Lucas, me viene muy bien y me interpela en mi condición de párroco, cargo al que desde siempre le he huido y no siempre he logrado esquivar. Con ese tercer evangelista pasamos a otro mundo, que no es ya el de los judíos. San Lucas nació en Antioquía de Siria y pertenecía a la sociedad pagana cultivada, ejerciendo la medicina como profesión. Siendo adulto, convertido quizá por san Pablo, pasó muy pronto a ser compañero de apostolado de san Pablo. El construye su evangelio, evidentemente, con elementos comunes a Marcos y a Mateo. Pero él mismo indica cómo llevó su propia encuesta personal con los testigos oculares que vivían aún. (Lucas 1, 2). Hay pues pasajes de los que él es el único relator. Su evangelio es el evangelio de la alegría, de la misericordia, de la vida interior y de la oración... es un evangelio eminentemente social, que quiere promover una sociedad más justa y más dichosa... todos los oprimidos de la sociedad antigua son valorizados: el niño, la mujer, los pobres...

De esta manera, me viene bien el día de hoy contemplar a Jesús desde la mirada de san Lucas, que hoy nos presenta, en este trozo evangélico, la tarea de Jesús, a la que la de un párroco es totalmente equiparable. Todo el tono del evangelio según san Lucas está anunciado aquí. Una lluvia de beneficios para todos los desdichados, la liberación de todos los que sufren. Ante esto me hago una pregunta y se las dejo de tarea también a ustedes: ¿Es así como concibo yo habitualmente a Jesús? ¿Es así como concibo mi propia vocación de servicio? Dos años de párroco y aún hay todavía mucho por hacer. Que María santísima me ayude y aliente a servir a su Hijo y contemplar su rostro en las caras de todos mis parroquianos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 3 de septiembre de 2023

«Luz Elena Aragón Martínez»... Vidas consagradas que dejan las huellas de Cristo LXXXVIII

Hoy quiero compartir, en unas cuantas líneas, la biografía sintética —junto a una serie de recuerdos que quedaron grabados en mi corazón— de la hermana Misionera Clarisa Luz Elena Aragón Martínez, a quien tuve el gusto de conocer desde que era yo un joven seminarista misionero. La hermana Luz Elena nos dejó, para regresar a la Casa del Padre, el1º de septiembre de este 2023, a las siete horas con veintitrés minutos después de una vida misionera de 53 años en su mayoría muy activa que, en los últimos años, estuvo marcada con la cruz de la enfermedad.

Luz Elena, nació el 21 de junio de 1948 en Chihuahua, Chihuahua, México, en el seno de una familia católica. Después de una infancia y adolescencia feliz, en el seno de una familia, como aquellas de antes, estudió la carrera de contador privado e ingresó a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 11 de febrero de 1970 en Cuernavaca, Morelos, donde inició su noviciado el 15 de agosto del mismo año para realizar, el 16 de agosto de agosto de 1972 su profesión temporal de votos, estando presente en ambas ceremonias Nuestra Madre Fundadora la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. 

Su formación inicial tuvo lugar en la casa noviciado que se encuentra en Cuernavaca. Posteriormente, continuó sus estudios en Monterrey, Nuevo León. 

En 1976 fue destinada a colaborar con el equipo de hermanas Misioneras Clarisas, en la Delegación Apostólica, en Ciudad de México, pues en aquel entonces no había Nunciatura, debido a que no había relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano. Su desempeño durante ese tiempo fue en el área administrativa, era secretaria de transcripciones y manejo de documentos oficiales, además de otras labores de casa en atención al Delegado Apostólico y a su equipo sacerdotal de secretarios. Ella formó parte del último equipo de hermanas Misioneras Clarisas que colaboraron en la Delegación Apostólica, hecho que se clausuró con la inolvidable primera visita de Su Santidad Juan Pablo II en 1979 y a quien tuvo la dicha de atender de manera muy cercana, quedando este testimonio en fotografías muy elocuentes, como esta en donde aparece de la mano de san Juan Pablo II.

Durante los años que la hermana Luz Elena realizó esta encomienda, junto con otra hermana Misionera Clarisa dio inicio al grupo de Van-Clar Nezahualcóyotl, manifestando así su gran celo apostólico y misionero.

En el año 1980 fue enviada a Santa Ana, California, Estados Unidos, en donde prestó el servicio de ecónoma regional hasta 1989. En ese mismo lapso de tiempo fue entusiasta asesora de los grupos de Van-Clar en aquella Región. Allá realizó un Diplomado AA Degree y perfeccionó el idioma inglés que siempre puso a disposición de sus diferentes encomiendas.

Después de concluir su estancia en California, el Señor la trajo de nuevo a México a colaborar un año en la comunidad de Arandas, Jalisco, en la catequesis. En el año de 1990 tuvo su cambio a la Misión de Acapulco, en donde se entregó generosamente durante 17 años, prestando diversos servicios como: secretaria, ecónoma y superiora Local, además de ser asesora muy cercana de nuestro grupo de hermanos Vanclaristas. Allí participó activamente en la organización de la pastoral parroquial con el encargo especial de atención dominical a feligreses extranjeros en diversos puntos de la ciudad. Su presencia en Acapulco, en especial en la parroquia de San Francisco de Asís en la colonia Icacos, asentó una huella imborrable. Allí tuve el gusto de conocerla y compartir con ella diversos momentos en el campo apostólico en mis primeros años como joven sacerdote en misiones anuales de Semana Santa y de verano. Entre toda la gente de Acapulco, hay muchos que la recuerdan con mucho cariño. La familia de nuestro hermano el padre José Radilla, que es de Acapulco, la sintió siempre cercana, sobre todo en momentos especiales en que fue un gran apoyo para ellos. 

En el año 2009 fue nombrada superiora local en la comunidad de Ixtlán del Río, Nayarit, atendiendo también la administración del jardín de niños María Inés. Posteriormente, en el 2013 formó parte de la comunidad de Mazatlán, Sinaloa y prestó sus servicios en la administración escolar del colegio Niños Héroes.

En el año 2015, después de presentar diversas molestias físicas, le detectaron un tumor cerebral e inició un tratamiento médico en la ciudad de Guadalajara, formando parte de la comunidad del Tesoro, colaborando, después de su recuperación, en algunas ocasiones, en la comunidad de Mazatlán. Este periodo de enfermedad lo vivió con gran entereza y abandono en la voluntad de Dios.

Dos años después, en 2017 se integró definitivamente a la casa de Guadalajara, donde en la medida de sus posibilidades, se dedicó al cuidado y atención de nuestras hermanas Misioneras Clarisas ancianas y enfermas, ya que algunos años el Señor, dador de la Vida, le concedió un periodo de estabilidad dentro de su misma enfermedad, impulsada siempre por su buen ánimo, un buen humor extraordinario y un gran deseo de servicio generoso.

Durante su vida, Luz Elena se distinguió por ser una persona muy alegre, sencilla, generosa, disponible, muy cuidadosa y delicada en las cosas de Nuestro Señor. De manera muy profunda vivió su celo apostólico, buscando en todo la salvación de las almas. Fue una mujer muy respetuosa, fiel a sus votos, a su congregación y a las enseñanzas de Nuestra Madre Fundadora. Podemos sin duda decir que fue en todo momento, el ángel de los pequeños servicios, siempre incondicional con sus hermanas de comunidad, con los fieles de las distintas parroquias donde colaboró y de manera muy especial con nuestros hermanos Vanclaristas a quienes tanto amó y acompañó de cerca espiritualmente. Su sola presencia solía suscitar un sentimiento de alegría y de paz que contagiaba. Ella hacía presente a Jesús sobre todo en los ambientes adversos en los que, como incansable misionera, le tocó instaurar el Reino de Dios. Entre sus grandes dones destaca el mantenerse comunicada de uno u otra manera, con las almas con las que el Señor le regalaba encontrarse en el apostolado, quienes siempre la sintieron cercana, especialmente nuestros hermanos Vanclaristas de Acapulco y la gente de la parroquia de san Francisco de Asís en ese bello puerto, en el que la misión, le llamó a realizar grandes retos apostólicos.

Responsable en sus encomiendas hasta el último momento, dio testimonio a las hermanas que compartían con ella, de lo que significa seguir y servir al Señor abrazando su cruz, especialmente en esta prueba de la enfermedad.

Como es natural, en este último periodo, poco a poco su situación de salud se fue deteriorando. Sin embargo, fue notorio que, en estos últimos días, se mostró más animada y participativa. De hecho yo conviví con ella por última vez el 16 de agosto de este 2023, cuando fue mi copiloto en un viaje de Guadalajara a Atotonilco para participar en la profesión perpetua de nuestra hermana Misionera Clarisa Andrea Morales. Ese viaje, por supuesto, nunca lo olvidaré, pues me acompañaron tres hermanas muy queridas junto a Chabelita, una nuestras hermanas más jóvenes. Ese día viajamos de ida y vuelta Catalina Blancas, Lucila Cleris y Luz Elena. Rezamos, cantamos, contamos chistes y al final les dije a las hermanas que me parecía que había hecho el viaje más corto de mi vida, por la maravillosa compañía, sabiendo que llevaba un tesoro. Allí mismo me despedí de Luz Elena, compartiendo recuerdos de momentos muy especiales en la comunidad de Acapulco en donde los dos nos restablecíamos de distintas enfermedades en una de esas visitas inesperadas de Dios en los que la salud mina nuestras fuerzas.

Dicen las hermanas de la Casa del Tesoro que en la mañana del viernes del primer día de septiembre, inesperadamente se desvaneció de su asiento, debido a un derrame cerebral. Fue llevada inmediatamente al hospital, donde la auxiliaron hasta el último momento, cuando el Divino Esposo la abrazó en su amor misericordioso por toda la eternidad. «¡Vengan, benditos de mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recogieron; estuve desnudo, y me cubrieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a mí!”. (Mt. 25, 35-37)

Me quedo con maravillosos recuerdos de esta querida hermana y la imagen de su rostro, el 16 de agosto. Un rostro físicamente deteriorado por la enfermedad pero marcado por una sonrisa que me alentará el resto de los días de mi vida.

Descanse en paz nuestra querida hermana Luz Elena Aragón Martínez.

Padre Alfredo.

«Gastar la vida por el Evangelio»... Un pequeño pensamiento para hoy


Todo católico comprometido sabe que no llega a Dios a base de hacer muchos esfuerzos y tener una gran ambición de perfección, de ser el mejor y el más santo, porque si quiere ser «sobrehumano» y fuerza mucho su persona, puede llegar a un agotamiento o a un orgullo espiritual muy insano. Los hombres y las mujeres de fe debemos abrirnos y dejarnos invadir por la presencia de Dios, cuestión que haga mella en nosotros y nos transforme con la acción divina. Debemos hacer a un lado la preocupación por nosotros mismos —«que se niegue a sí mismo», dice el Evangelio de hoy (Mt 16,21-27)— vaciando nuestra voluntad de poder para dejar que Dios sea Dios en nosotros y nos ilumine.

Pero, contrastando con esto el mundo, este mundo de los anuncios en Internet o de los estímulos que cada día recibimos por todas partes, nos presenta como ideal no esto de negarse a sí mismo, sino las ansias de ser un triunfador, de ser más que los demás, de distinguirnos de todos por la compra de este o aquel producto de moda, de tener prestigio porque uno tiene un buen automóvil o usa determinada loción. Estos son los principios que nuestro mundo quiere meternos en la cabeza, para alimentar infinitamente la inmensa espiral del negocio que parece no tener fin. Lo curioso de esto es que más o menos resulta bastante semejante a lo que el mundo de la época de Jesús había metido en la cabeza de la gente de su tiempo: el propio Pedro le dice a Jesús que debe cambiar su forma de pensar, que él debe ser un triunfador, no un hombre que tenga que pasar por el sufrimiento por fidelidad al amor. Sin duda, esos principios del triunfo a costa de lo que sea, del tener prestigio y desear ser el dueño del mundo, están en la raíz última del pecado original que distorsiona el ser y quehacer del hombre. 

El Papa Francisco, el día de ayer, en Mongolia, hablando a obispos, sacerdotes y agentes pastorales les decía: «Gastar la vida por el Evangelio es una bella definición de la vocación misionera del cristiano». Y no hay que olvidar que esta vocación está arraigada en nosotros desde el bautismo y que nuestra fe es todo un reto que llega a su plenitud con la acogida de la cruz que nos lleva a la resurrección. Así, de esta manera, este trozo evangélico nos lleva a pensar en una cuestión de vida o muerte, de felicidad o de desgracia. Los católicos de hoy y de siempre no podemos ser miopes espirituales. Démonos cuenta de lo que realmente salva la vida. Sería muy peligroso que ganando el mundo perdiésemos lo más esencial. Pidamos a María santísima que nos ayude a abrir los ojos y a descubrir la verdadera esencia de esa vocación misionera que todos llevamos y que puede ayudar al mundo a abrazar la cruz y experimentar la alegría del Evangelio que nos prepara al gozo de la vida eterna. ¡Feliz y bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

«Multiplicando»... Un pequeño pensamiento para hoy


A lo largo del año litúrgico, de acuerdo al ciclo de año par e año impar entre semana y a los ciclos A, B y C para los domingos, vamos leyendo el Evangelio de forma continuada. Hoy terminamos de leer, de esta manera, en la Misa diaria,  el Evangelio de San Mateo con un texto muy significativo que nos lleva a pensar en la segunda venida de Nuestro Señor con el tema del hombre que sale de viaje y deja encargada una parte de su dinero, de forma distribuida, a tres de sus servidores (Mt. 25, 14-30). 

A la luz de esto podemos ver que el Señor nos ha confiado el Evangelio y la distribución de la gracia hasta que Él vuelva. Esto es algo que Él quiere que veamos como nuestro, de tal forma que no nos sintamos como sus trabajadores, sino como continuadores de la obra salvadora de su Hijo; pues, efectivamente, nosotros hemos sido hechos hijos en el Hijo. A nosotros compete el esforzarnos para que la salvación llegue a más y más personas. No podemos pasarnos la vida sólo recibiendo y disfrutando de los dones de Dios de un modo personal. Él constituyó a su Iglesia como misionera, enviada por Él a evangelizar al mundo entero, a iniciar el Reino de Dios entre nosotros ya desde ahora. Al final Él sólo reconocerá como suyos, y hará pasar a tomar parte del gozo de su Señor a los que lleguen con las marcas del amor y de la entrega de su propio Hijo, entregado por nosotros y habiendo multiplicado lo que nos dejó.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de saber vivir totalmente comprometidos con la fe que profesamos multiplicando los dones recibidos, lo cual nos ha de llevar a la transmisión del Evangelio a la humanidad entera tanto con las palabras, como con las obras y la vida misma. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 1 de septiembre de 2023

«Que no nos falte el aceite»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy, en el Evangelio (Mt 25,1-13), son diez jóvenes que acompañarán, como damas de honor, a la novia cuando llegue el novio, las que protagonizan la escena. Esta parábola es muy sencilla, pero muy bonita y significativa. Naturalmente, como pasa siempre en las parábolas, hay detalles exagerados o inusuales, que sirven para subrayar más la enseñanza que el Señor quiere darnos. Así, la tardanza del novio hasta medianoche, o la negativa de las jóvenes sensatas a compartir su aceite con las demás, o la idea de que puedan estar abiertas las tiendas a esas horas —cuando no había Oxxos—, o la respuesta tajante del novio, que cierra bruscamente la puerta, contra todas las reglas de la hospitalidad oriental vienen a ser cosas muy ilustrativas.

Jesús quiere transmitir esta idea: que todas estas jovencitas tenían que haber estado preparadas y despiertas cuando llegó el novio, porque la llegada del mismo era imprevista. Nadie sabe el día ni la hora. Bien sabemos que el pueblo de Israel —al menos sus dirigentes— no supieron estarlo y desperdiciaron la gran ocasión de la venida del Novio, Jesús, el Enviado de Dios, el que inauguraba el Reino y su banquete festivo.

A la luz de esto cabe hacernos unas preguntas: ¿Estamos siempre preparados y en vela? ¿llevamos aceite para nuestra lámpara? Se supone que como creyentes estamos siempre atentos a la presencia del Señor Resucitado. Pidamos a María santísima que nos ayude a que no falte aceite en nuestra lámpara porque se trata de estar alerta y ser conscientes de la cercanía del Señor a nuestras vidas. Todos somos invitados a la boda, pero tenemos que llevar aceite. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.