miércoles, 24 de marzo de 2021

«Hacia la libertad»... Un pequeño pensamiento para hoy


La palabra de Jesús es como el espacio vital en el que todo discípulo–misionero ha de mantenerse siempre, es la norma suprema a la cual el creyente apuesta su vida. Y al discípulo–misionero auténtico y fiel, le promete, según el Evangelio de hoy (Jn 8,31-42) el conocimiento de la verdad y la libertad. «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres». Esta maravillosa sentencia de Jesús de la verdad que hace libres, forma ya parte del mejor patrimonio de la humanidad. Es evidente que el deseo de verdad o de conocimiento constituye una necesidad especial del hombre. Pero el evangelista no habla de una verdad abstracta con la que el hombre se encuentra y satisface su deseo de saber, sino que se trata de la máxima verdad concreta en la persona de Jesús. Para san Juan la verdad aparece vinculada total y absolutamente a la persona de Jesús.

Los judíos estaban orgullosos de ser hijos de Abraham y se creían por eso, interiormente libres, aunque externamente estuvieran sometidos al poder de Roma. Jesús les dice que la verdadera esclavitud del hombre no consiste en una servidumbre externa, sino en la esclavitud del pecado. Él afirma: «Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado». Dios hace de nosotros hombres libres en Jesucristo cuando hacemos a un lado el pecado y nos mantenemos en gracia. Siguiendo a Cristo no caminamos hacia la esclavitud, hacia una «vida disminuida», sino hacia la libertad, hacia la expansión total, hacia la «vida en plenitud». El modelo de esa vida en libertad es el mismo Jesús, que es perfectamente libre, porque es perfectamente Hijo. Ama a su Padre. Habla de Él sin cesar. Es libre porque ama: no está apegado a sí mismo. Nada le detiene, ninguna retrospección sobre sí mismo, ningún egoísmo, ningún obstáculo al amor. El sí que fue libre. Libre ante su familia, libre ante sus mismos discípulos, libre ante las autoridades, libre ante los que entendían mal el mesianismo y le querían hacer rey.

Estamos en Cuaresma, vamos en camino a celebrar la Pascua, que es dejarse comunicar la libertad por el Señor resucitado. Como para Israel la Pascua fue la liberación de Egipto. ¿Nos sentimos libres, O tenemos que reconocer que hay cadenas que nos atan? ¿Nos hemos parado a pensar, aprovechando la Cuaresma, de qué somos esclavos? Jesús nos ha dicho también a nosotros que «quien comete pecado es esclavo». ¿Nos ciega alguna pasión o nos ata alguna costumbre de la que no nos podemos desprender? ¿Cómo vamos en todo esto en nuestro camino cuaresmal? ¿Estamos experimentando eso de que «la verdad os hará libres» o nos dejamos manipular por tantas palabras mentirosas y de propaganda que surgen por doquier? ¿Nos sentimos hijos en la familia de Dios? ¿Cumplimos los mandamientos desde el amor, desde la libertad de los hijos, o desde la rutina o el miedo o la resignación? La Pascua de Jesús quiere ser para nosotros un crecimiento en libertad interior, así que sigamos en el camino cuaresmal de la mano de María, la mujer libre, en estos días que nos quedan antes de llegar al Triduo Sacro de la Semana Santa. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

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