sábado, 10 de octubre de 2020

Ocho datos importantes de la vida del beato Carlo Acutis...

 

«Escuchar la Palabra, meditarla y llevarla a la práctica»... Un pequeño pensamiento para hoy

En el pasaje evangélico de este sábado (Lc 11,27-28), se encuentra la aclamación de una mujer que simboliza el resto de Israel: «¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!» Esta mujer, como digo, es representante de una pequeña parte del pueblo que constituye el núcleo del pueblo salvado por Dios, según el lenguaje de los profetas. Muchos en el pueblo siguieron creyendo con sinceridad en los privilegios históricos de Israel. Pero Jesús, rechaza esta postura de privilegio y ello golpea a los seguidores del pasado. Jesús ha proclamado una sociedad alternativa, en la que todo hombre y mujer, de cualquier condición, raza, cultura, y religión, tenga cabida. Ni la sangre ni la carne ya son la norma de Jesús para establecer el Reino. El Mesías rompe con la tradición judía y amplía el horizonte del Reino a toda persona que quiera recibir a Dios como el único soberano de su vida. Jesús, deja todo muy claro. 

No es la pertenencia a Israel lo que da la garantía de acceder al Reino de Dios, sino el escuchar la Palabra de Dios y el ponerla en práctica. Claro está que la primera entre todos, que hace esto, es su Madre Santísima, de eso no hay duda alguna. Por eso hemos de captar, a la luz del ejemplo de la Virgen, que quien hace fructificar en su vida con actitudes palpables y con acciones reales lo que ha escuchado, ése es verdaderamente dichoso. Una gran dificultad a nivel cristiano es creernos que somos bienaventurados por haber recibido los sacramentos o por asistir diaria o semanalmente a misa. Eso para Jesús no basta, si nuestra vida no está de acuerdo con su propuesta del Reino, y si no demostramos que caminamos con fidelidad y en crecimiento constante por su proyecto. La única realidad que garantiza el Reino en nuestras vidas son las actitudes coherentes que vivamos. De esta forma seremos dichosos como fue la Santísima Virgen María, no por ser la Madre de Jesús, sino por escuchar atentamente la Palabra, meditarla en su corazón y ponerla en práctica. No sin sentido confesamos a María como la primera evangelizada y evangelizadora. Ella supo pasar de la relación «madre-hijo», a la relación de «discípula–misionera -Maestro».

La vida de san Daniel Comboni, a quien hoy celebramos, nos muestra que, cuando Dios interviene y encuentra una persona generosa y disponible que quiera hacer vida su Palabra luego de escucharla y meditarla, se realizan grandes cosas. Daniel Comboni intuyó que la sociedad europea y la Iglesia debían tomarse más en serio la misión de África Central. Para lograrlo se dedicó a la animación misionera por toda Europa y fundó una revista misionera, la primera en Italia. Su inquebrantable confianza en el Señor y su amor a África lo llevaron a fundar en 1867 y en 1872 dos Institutos misioneros que más tarde se llamarán Misioneros Combonianos y Misioneras Combonianas. Fue nombrado Vicario Apostólico de África Central y consagrado Obispo. Este nombramiento confirmó que sus ideas y sus acciones, que muchos consideran arriesgadas e incluso ilusorias, fueron eficaces para el anuncio del Evangelio y la liberación del continente africano. Durante los años 1877-1878, Comboni sufrió en el cuerpo y en el espíritu, junto con sus misioneros y misioneras, las consecuencias de una sequía sin precedentes en Sudán, que diezmó la población local, agotó al personal misionero y bloqueó la actividad evangelizadora. En su último viaje misionero fue sorprendido por una fuerte tormenta en medio de la selva y contrajo una grave enfermedad. El 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad, marcado por la cruz que nunca lo abandonó «como fiel y amada esposa», muerió en Jartum, en medio de su gente, consciente de que su obra misionera no morirá. «Yo muero –exclama– pero mi obra, no morirá». Que María Santísima y los ejemplos como el de san Daniel Comboni nos ayuden a escuchar la Palabra, meditarla y hacerla vida. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 9 de octubre de 2020

«San Juan Leonardi»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy comienzo mi reflexión hablando de uno de los santos que celebramos el día de hoy, San Juan Leonardi, que pertenece, por la cronología y por su obra, al período de la reforma católica. Nació en Diécimo (Italia) en 1541. Estando en Lucca, estudiando el arte de la «especiería» —hoy farmacéutica—, formó parte de un grupo de jóvenes cristianos cuya misión principal era asegurarse una intensa vida cristiana a través de la oración, los sacramentos y la formación, como también asistiendo a los pobres y peregrinos. Es justamente en este periodo que en más de una oportunidad piensa en la opción de consagrarse totalmente a Dios. A sus 26 años ya ejercía su profesión de farmacéutico. Sin embargo, seguía sintiendo la llamada al sacerdocio y es su director espiritual quien lo orientó en los estudios eclesiásticos, dejando entonces la farmacia para ordenarse sacerdote. El obispo le confió la catequesis en todas las Iglesias de Lucca. Ante la imposibilidad de atender personalmente las demandas de los párrocos, escribió un folleto con la síntesis de la doctrina cristiana y el modo de enseñarla. De ahí surgió la fundación de la Compañía de la Doctrina Cristiana, formada por laicos y aprobada por el Papa Clemente VIII en 1604.

El 1° de septiembre de 1574, San Juan fundó la Fraternidad de Sacerdotes Reformados de la Santísima Virgen, que tras su muerte adoptó el nombre de Orden de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Dicha Orden daba especial importancia a la obediencia, al camino de la santificación personal, el acompañamiento espiritual, la asistencia sacramental de los fieles y la penitencia. En el año 1596, y bajo petición del Papa Clemente VIII, cumplió el rol de «Reformador» y «Visitador Apostólico» de diversos monasterios y conventos. En 1603, Juan Leonardi, en colaboración con el español Juan Bautista Vives y el jesuita Martín de Funes, fundó un centro de estudios misionales, que con el tiempo sería el Colegio Urbano de Propaganda Fide que existe hasta la actualidad. San Juan Leonardi murió en Roma el 09 de octubre de 1609. En la Pascua de Resurrección de 1938, el Papa Pío XI, lo canonizó y recientemente, el 08 de agosto de 2006, el Papa Benedicto XVI lo ha nombrado «Patrono de los Farmacéuticos».

El Evangelio de este día (Lc 11,15-26) nos habla de un hombre fuerte que bien armado guarda su palacio y sus bienes están seguros. Podemos decir que San Juan Leonardi guardó su palacio, es decir, su vocación cristiana y específica en el sacerdocio y por eso logró tanto poniéndose en las manos de Dios para reformar la vida de fe y llevar a mucha gente a metas altas de santidad. Todos podemos entender claramente que tenemos que cuidar nuestro palacio implicados en la lucha entre el bien y el mal. El mal —el Malo— sigue existiendo y sigue queriendo hacer de las suyas. Al leer cómo Jesús liberaba a los posesos y curaba a los enfermos, San Juan Leonardi se convenció de que «el Reino de Dios ya ha llegado a nosotros» y que su fuerza salvadora, está siempre actuando a través de quien se deja tocar y mover por Jesús que es «el más fuerte» que ha vencido al poder del mal, en su Pascua, y ahora nos invita a que nos unamos a él en esa lucha: «el que no está conmigo, está contra mí». No podemos ser meros espectadores en la gran batalla, hay que asegurar la propia vocación y luchar contra el maligno que es sutil y que busca frenar nuestra entrega. Guardar, asegurar, cuidar nuestro palacio es vivir en la bondad y generosidad de un Dios que defiende incondicionalmente la vida de las personas y nos hace instrumentos. Que San Juan Leonardi y María Santísima intercedan por nosotros para que hagamos mucho bien. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 8 de octubre de 2020

«El amigo impertinente y el padre que escucha las peticiones de su hijo»... Un pequeño pensamiento para hoy

El Evangelio de hoy (Lc 11,5-13) es muy simpático. Jesús nos propone dos pequeños relatos tomados de la vida familiar: el del amigo impertinente y el del padre que escucha las peticiones de su hijo. En los dos, nos asegura que Dios atenderá nuestra oración. Si lo hace el amigo, al menos por la insistencia del que le pide ayuda, y si lo hace el padre con su hijo, ¡cuánto más no hará Dios con los que le piden algo! Jesús nos asegura: "El Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan", o sea, nos dará lo mejor, su Espíritu, la plenitud de todo lo que le podemos pedir nosotros. El Señor nos invita a perseverar en nuestra oración, a dirigir confiadamente nuestras súplicas al Padre. Y nos asegura que nuestra oración será siempre eficaz, será siempre escuchada: «si ustedes saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial...?». La cosa consiste en que Dios siempre escucha. Que no se hace el sordo ante nuestra oración.

Nos tiene que quedar claro que este Evangelio nos recomienda que seamos persistentes en la oración no porque Dios sea sordo, sino porque nosotros necesitamos perseverar para alcanzarlo. La naturaleza humana está generalmente caracterizada por la inconstancia. Nos amilanamos ante el primer obstáculo que se nos presenta en la consecución de nuestras metas y proyectos. Abandonamos la nave ante el menor indicio de tormenta. Por esto, el evangelista nos invita a crecer en nuestras aspiraciones y a fortalecer nuestro espíritu con la oración constante. Pues el Reino no es una autopista ancha por la que entra el primero que lo intenta, sino un camino angosto que exige mucha calidad personal y mucho apoyo comunitario. Si logramos cultivar una actitud perseverante, una entrega decidida, una sobriedad ante las dificultades, veremos que al término de nuestro esfuerzo está la generosa voluntad de Dios que nos ha acompañado desde el comienzo. Pero, tendremos una interesante ventaja: el esfuerzo nos hará crecer como personas y apreciaremos en su justo valor lo que hemos alcanzado, lo que Dios nos da. Pues, las cosas fáciles no son valiosas.

Santa Pelagia de Antioquía es una santa muy desconocida cuya memoria se celebra en este día. Se presenta como una de las más insignes pecadoras del mundo, allá por la segunda mitad del siglo V. En Antioquía —este era el escenario de sus danzas sensuales y altaneras— se la llamaba «Margarita» que es la traducción de «gema», quizá porque, en ocasiones, lo único que cubría el cuerpo de esta mujer extrahermosa eran collares de perlas. Tuvo, en el marco de la Providencia, la suerte de toparse, en el año 453, con Nono, un anacoreta — Religioso que vive solo en lugar apartado, dedicado por entero a la contemplación, la oración y la penitencia— de Tabenas, sacado de allí para hacerlo obispo de Edesa y trasladado a Heliópolis de Siria, que por el momento participaba en un concilio provincial convocado por Máximo. Bastó oírlo para que Dios moviera a esta mujer a sincera conversión, orara con fe, pidiera el bautismo y cambiara sus danzas, sus máscaras y abalorios por la penitencia. El relato de su historia dice que murió penitente en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, en el año 468. Dios siempre escucha, así sucedió en l conversión de santa Pelagia, lejana a nuestros tiempos, pero cercana en el camino de conversión en el que todos estamos. Pidamos a María Santísima que nunca dudemos de que Dios escucha nuestra oración. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 7 de octubre de 2020

«Nuestra Señora del Rosario»... Un pequeño pensamiento para hoy

¡Qué alegría tan grande poder celebrar hoy la memoria de nuestra Señora del Rosario! Octubre es el mes del Rosario y lo es en torno a este día en que celebramos a María la Madre de Dios y Madre nuestra y pensamos en los pasajes de su vida con Cristo —los misterios—, como lo hacemos en el Santo Rosario. Reconocemos una vez más, como digo, que María es la Madre de Jesús y Madre nuestra: la invocamos, la queremos, le rogamos. La historia nos asegura que Santo Domingo de Guzmán afirmó que la Virgen María se le apareció en 1208 en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, que le enseñó a rezarlo y que le dijo que lo predicara entre los hombres, ofreciendo diferentes promesas referidas para quienes lo rezaran, y el santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, la Virgen del Rosario se convirtió en la Virgen de la Victoria. A esta, su primera victoria manifiesta, se sucedieron muchas más. Mucho después, en el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto (atribuida a la Virgen), donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos que invadían Europa denominándola también Nuestra Señora de las Victorias, e invocándola, además, como Auxilio de los Cristianos. 

Vinieron luego otras victorias más, por lo que León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió varias encíclicas referentes al rosario y consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de «Reina de Santísimo Rosario» en la letanía de la Virgen. Mas tarde, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 como la de Fátima en 1917 pidieron a sus videntes que rezasen el Rosario para que la Virgen, vencedora de tantas batallas, ayudase al hombre de hoy a vencer las suyas. Hoy contemplando su imagen queremos decirle: «Bienaventurada por haber creído»,«Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor» (Lc 1,45), como exclamó llena de gozo Santa Isabel. Por eso queremos celebrar este día asistiendo —como nos invitaba a hacer San Juan Pablo II— a la escuela de María que nos lleva siempre a Cristo (cf. Carta Rosarium Virginis Mariae), la Misericordia encarnada.

El Evangelio de hoy nos pone el Padre Nuestro (Lc 11,1-4). Y, definitivamente, si alguien ha vivido en plenitud el Padre Nuestro, ha sido la Virgen María, por eso en la oración del Rosario la oración del Padre Nuestro es imprescindible y encabeza cada uno de los misterios. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra que, después de la Resurrección de Cristo, en la primera comunidad cristiana la Virgen estaba junto a los apóstoles cuando estos se reunían para orar. El Evangelio nos dice que Jesús enseñó a sus apóstoles la oración del Padre Nuestro cuando le pidieron que les enseñara cómo orar. Por eso, al orar junto a los apóstoles «es posible y fascinante pensar que la oración que rezamos actualmente haya podido ser dicha por María». María ya era una mujer de oración incluso desde antes de la visita del ángel Gabriel y contemplaba la misericordia del Padre.  Sólo una persona de oración podría haberle dicho que «sí» a Dios en ese momento de la Anunciación. Las palabras de María al ángel: «Hágase en mí según tu palabra» son un eco de las palabras del Padre Nuestro, «Hágase tu voluntad». Unidos filialmente a nuestra Madre, María, Maestra en modelar el corazón con la misericordia de Dios. Recemos el rosario, en particular o en familia, en el templo o en la calle, pues sigue siendo un arma valiosísima que ella misma ha puesto en nuestras manos, para interceder poderosamente y para interiorizar en nosotros el amor misericordioso de Dios el Padre nuestro. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 6 de octubre de 2020

«Una sola cosa es necesaria»... Un pequeño pensamiento para hoy

El pasaje evangélico de la visita que Jesús hace a Marta y María (Lc 10,38-42) es una de las escenas más conocidas del Evangelio y el día de hoy la liturgia de la Palabra nos da la oportunidad de meditar en el mismo. Recordando la escena vemos a Nuestro Señor hospedado en casa de unos amigos, Lázaro, Marta y María, que eran hermanos. Marta era una de esas mujeres muy activas, que no pueden quedarse quietas, y estaba sumamente ocupada en preparar al Señor una buena comida, un buen hospedaje, limpiar la casa, en fin. Mientras su hermana estaba tranquilamente platicando con Él. En un determinado momento Marta se enoja y se acerca a decirle a Jesús: «Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? y Jesús le responde: «Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte». No es que Jesús no esté de acuerdo con el trabajo de la casa, seguramente la Virgen también lo hacia y tenía todo en orden, sin embargo, hay un tiempo para cosa y con esto Jesús nos dice que una sola es necesaria: «Vivir en su presencia».

María, escuchaba atenta su palabra, atendiendo a Jesús como visita, como «presencia» en su hogar, por eso no quiso perder aquella oportunidad: el Maestro había escogido su casa para hospedarse; Dios estaba presente. Ante esta maravilla, María no se aparta ni un instante del Maestro, bebiendo cada frase, cada palabra, cada gesto de quien es el Amor de los amores. Marta, como digo, por su parte, se dedica con alma y cuerpo a servirle a Jesús, a través de su trabajo material, pero este era el momento para dejar un lado los quehaceres y sentarse un rato con Él. María, igual que su hermana, también se dedica con alma y cuerpo a servirle, pero lo hace contemplando su rostro y meditando sus palabras. Desde hace mucho tiempo a Marta se le identifica con la vida activa y a María con la vida contemplativo. Ambas vidas son vidas de servicio y amor a Jesús, pero María ha escogido la mejor parte. Más que cualquier servicio material, hay que vivir en la presencia de Dios que se hace encontradizo; lo contempla, medita sus palabras y se hace así alma de oración. Con razón la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento decía que ella quería fundir a las dos hermanas en un sola, un alma activa y contemplativa, y así puso la base de la Familia Inesiana que fundó.

Yo creo que todos los santos y beatos lograron, de alguna manera, hacer esta fusión. Hoy celebramos a San Bruno, que nació en Colonia, Alemania, hacia el año 1030 y murió el 6 de octubre de 1101. San Bruno fue sacerdote y en una primera etapa de su vida consagrada enseñó ciencias eclesiásticas en la Galia, pero deseando llevar vida solitaria, con algunos discípulos se instaló en el apartado valle de Cartuja, en los Alpes, dando origen a una Orden que conjuga la soledad de los eremitas —monjes que viven solos en un lugar deshabitado, especialmente para dedicar su vida a la oración y al sacrificio— con la vida común de los cenobitas  —monjes que viven en comunidad—. San Bruno supo escoger la mejor parte sin descuidar la actividad. Llamado por el papa Urbano II a Roma, para que le ayudase en las necesidades de la Iglesia, pasó los últimos años de su vida nuevamente como eremita en el cenobio de La Torre, en Calabria. Que este santo, así como Marta y María nos ayuden para que por la intercesión de la Santísima Virgen María, que es la maestra en esta unión de vida activa y contemplativa, podamos vivir siempre en la presencia de Dios. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.



lunes, 5 de octubre de 2020

«Como el Buen Samaritano»... Un pequeño pensamiento para hoy

A lo largo de la historia, siempre los creyentes hemos esperado «otra vida», la «Vida Eterna» decimos. Jesús habló a menudo de ella, y aun decía que esa vida eterna ya ha comenzado, está en camino, si bien inacabada, naturalmente. Ante el cuestionamiento del Doctor de la Ley en el Evangelio de hoy (Lc 10, 25-37), Jesús le devuelve de alguna manera la pregunta y éste citó el Deuteronomio 6,5 y el Levítico 19,18. Lo que importa es amar, amar a Dios y al prójimo. No es pues algo nuevo. No es original. Todas las grandes religiones tienen en común esa base esencial. Esto forma ya parte del Antiguo Testamento. El mensaje de Jesús se basa primero en esa gran actitud, eminentemente humana: el amor. Y ese amor se expresa muy bien en la parábola que Jesús pone enseguida y que es una de las más hermosas del Evangelio: La parábola del Buen Samaritano. Jesús hace que el letrado llegue por su cuenta a la conclusión del mandamiento fundamental del amor y ante la siguiente pregunta, Jesús concreta más quién es el prójimo. 

En esta parábola, tan expresiva, quedan muy mal parados el sacerdote y el levita, ambos judíos, ambos considerados como «oficialmente buenos». Y por el contrario queda muy bien el samaritano, un extranjero —los judíos no se tratan con los samaritanos: Jn 4,9—. Ese samaritano tenía buen corazón: al ver al pobre desgraciado abandonado en el camino le dio lástima, se acercó, le vendó, le montó en su cabalgadura, le cuidó, pagó en la posada, le prometió que volvería, y todo eso con un desconocido. Pero al leer ahora nosotros esto es bueno que nos preguntemos: ¿Dónde quedo retratado yo? ¿en los que pasan de largo o en el que se detiene y emplea su tiempo y su dinero para ayudar al necesitado? ¡Cuántas ocasiones tenemos de atender o no a los que encontramos en el camino: familiares enfermos, ancianos que se sienten solos, pobres, desempleados o drogadictos que buscan redención! Muchos no necesitan ayuda económica, sino nuestro tiempo, una mano tendida, una palabra amiga, un pequeño sacrificio, una oración. Al que encontramos en nuestro camino aún dentro de casa por esta pandemia terrible que estamos viviendo puede ser, por ejemplo, un hijo en edad difícil, un hermano con problemas, un familiar menos afortunado, un enfermo a quien nadie atiende. Claro que resulta más cómodo seguir nuestro camino y hacer como que no hemos visto, porque seguro que tenemos cosas muy importantes que hacer. Eso les pasaba al sacerdote y al levita, pero también al samaritano: y éste se paró y los primeros, no. Los primeros sabían muchas cosas. Pero no había amor en su corazón.

El buen samaritano por excelencia fue Jesús y es el modelo de todos los santos que, de una u otra manera, a lo largo de la historia, han sido todos ellos, hombres y mujeres, un buen samaritano. La beata Anna Schaffer nació el 18 de febrero de 1882 en Baviera —Alemania—. Callada y reservada desde pequeña, aprendió a ser una buena samaritana de su madre que la enseñó ser una excelente cristiana. Después de hacer la Primera Comunión, se ofreció al Señor, siendo su más caro deseo entrar en una orden de hermanas misioneras. Estudió leyes, profesión que ejerció por un tiempo, intentando ganar lo necesario para poder obtener la dote necesaria para su ingreso. Su vida fue marcada el 4 de febrero de 1901, estando en la casa del guardabosques de Stammham sufrió un horrible accidente de trabajo en el que sus dos piernas se quemaron desde los pies hasta por sobre las rodillas. Los doctores intentaron ayudarla, pero sin éxito, quedando ella invalida, aquejada por terribles dolores y postrada en su cama, pero fue desde ahí que le dio un gran impulso como buena samaritana. Empezó a serlos con su labor de apostolado mediante correspondencia y testimoniales por escrito. Fueron veinticuatro años los que ella soportó su dolor, ofreciéndolo siempre al Señor, hasta que falleció el 5 de octubre de 1925. Todos estamos llamados a ser como el Buen Samaritano. Los elementos los tenemos como los tuvieron los santos y sobre todo María Santísima. A Ella le pedimos su intercesión para no dejar de poner nuestra mirada y nuestras acciones en el amor a Dios y al prójimo y así alcanzar la Vida Eterna. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 4 de octubre de 2020

«FRATELLI TUTTI»... La nueva Encíclica del Papa Francisco.


La Encíclica «Fratelli Tutti» del Papa Francisco, es un documento dividido en 287 números y ocho capítulos, y mientras Francisco lo escribía se produjo la pandemia de coronavirus, lo que ha hecho que el texto cobre aún mayor importancia ante la necesidad de «salir mejores» y «cambiar el mundo». La fraternidad y la amistad social son las vías indicadas por el Pontífice en esta Encíclica para construir un mundo mejor, más justo y pacífico, con el compromiso de todos: pueblo e instituciones. Reafirmado con fuerza el no a la guerra y la globalización de la indiferencia. Aquí comparto un resumen de la misma, diez puntos sobresalientes y la misma Encíclica para leer o descargar.


RESUMEN DE LA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI DEL PAPA FRANCISCO:

INTRODUCCIÓN

Desde las primeras páginas, el Santo Padre nos dice que su intención con esta encíclica no es resumir la doctrina sobre el amor fraterno, “sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos”. “Fratelli tutti” es, asegura el Papa, una encíclica social y un aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras.

“Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad”.



 CAPÍTULO PRIMERO: Las sombras de un mundo cerrado

El Papa Francisco alerta que, los pasos que la humanidad había dado en las últimas décadas hacia diversas formas de integración, parecen estar quedándose atrás, con el regreso de conflictos anacrónicos que parecían superados y nacionalismos cerrados y agresivos.

El Papa hace un recuento de las amenazas como la pérdida de conciencia histórica, la desconfianza disfrazada de la pérdida de algunos valores, la polarización política, la imposición de un modelo cultural único, la cultura del descarte que afecta principalmente a los no nacidos y a los ancianos, la inequidad que favorece el crecimiento de la pobreza, las diversas formas de injusticia, la esclavitud moderna, guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos, la globalización sin rumbo, la pandemia, la desinformación y la amenaza a los migrantes.

Pese a estas “sombras densas que no conviene ignorar”, el Papa asegura que, con esta encíclica, busca dejar un mensaje de esperanza “Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien”, y recuerda la labor heroica del personal de salud y hospitalario durante la pandemia, y los empleados de supermercados, cuidadores, transportistas, voluntarios, sacerdotes y religiosas que “comprendieron que nadie se salva solo”.



CAPÍTULO SEGUNDO: Un extraño en el camino

El Santo Padre cita el capítulo 10 del Evangelio de Lucas, en el que el evangelista narra la Parábola del buen samaritano, “un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele”.

El Papa explica cómo desde el Antiguo Testamento hay un llamado de amar al extranjero. En el Nuevo Testamento resuena con fuerza el amor fraterno, con citas como: “Toda la Ley alcanza su plenitud en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ga 5,14).; y “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”(1 Jn 4,20).

El Papa lamenta cómo la humanidad ha crecido en distintos aspectos, “pero somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente”.

Reconoce que, a veces, le asombra cómo la Iglesia tardó tanto en condenar contundentemente la esclavitud y diversas formas de violencia, pero con el desarrollo de la espiritualidad y la teología ya no hay excusas. No obstante, lamenta cómo algunos se sienten alentados “o al menos autorizados por su fe” para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, y actitudes xenófobas.

“Para ello –agrega- es importante que la catequesis y la predicación incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos”.



CAPÍTULO TERCERO: Pensar y gestar un mundo abierto

El Papa nos dice que un ser humano sólo se desarrolla plenamente en la entrega sincera a los demás, pero no sólo con nuestra familia o amigos, pues “grupos cerrados y las parejas autorreferenciales, que se constituyen en un ‘nosotros’ contra todo el mundo, suelen ser formas idealizadas de egoísmo y de mera autopreservación”.

Ante los creyentes que piensan que su grandeza está en la imposición de ideologías al resto, en la defensa violenta de la verdad o en grandes demostraciones de fortaleza, el Papa les dice: Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: “lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar”.

El amor que se extiende más allá de las fronteras tiene en su base lo que llamamos “amistad social” en cada ciudad o en cada país. Cuando es genuina, esta amistad social dentro de una sociedad es una condición de posibilidad de una verdadera apertura universal.

No se trata –dice el Papa- del falso universalismo de quien necesita viajar constantemente porque no soporta ni ama a su propio pueblo, o del universalismo autoritario y abstracto, planeado por algunos para homogeneizar, dominar y expoliar. En cambio, hace un llamado promover el bien, para nosotros mismos y para toda la humanidad, y reivindica el valor de la solidaridad y la importancia de reconocer la dignidad humana sin importar si nacieron ricos o pobres, o en uno y otro país.

“Si se acepta el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana, es posible aceptar el desafío de soñar y pensar en otra humanidad. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos”.



CAPÍTULO CUARTO: Un corazón abierto al mundo entero 

Este capítulo el Papa se centra en el problema migratorio. Es verdad, asegura, que lo ideal es que todas las personas encuentren en sus países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad, “pero mientras no haya serios avances en esta línea, nos corresponde respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda no solamente satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, sino también realizarse integralmente como persona”.

El Papa recuerda que los esfuerzos ante los migrantes se resumen en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar; y retoma el llamado a los jóvenes que hizo en la Exhortación Christus Vivit: “no caigan en las redes de quienes quieren enfrentarlos a otros jóvenes que llegan a sus países, haciéndolos ver como seres peligrosos y como si no tuvieran la misma inalienable dignidad de todo ser humano”.

Aunque reconoce que en la acogida existe el riesgo de una “esclerosis cultural”, para evitarlo “se necesita un diálogo paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás”.

El Papa hace un llamado al intercambio entre países, pues la ayuda mutua “en realidad termina beneficiando a todos”.

“Necesitamos desarrollar esta consciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie. La pobreza, la decadencia, los sufrimientos de un lugar de la tierra son un silencioso caldo de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta”.

Toda cultura sana –puntualiza el Papa-, es abierta y acogedora por naturaleza, de tal modo que una cultura sin valores universales no es una verdadera cultura.



CAPÍTULO QUINTO: La mejor política

“Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”.

El Papa denuncia que la forma actual de hacer política suele no incorporar a los débiles y no respetar la diversidad cultural. En concreto, critica al populismo —entendido como “la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”— y el “dogma de fe neoliberal”, pues asegura que el mercado por sí mismo no resuelve todo.

Asegura que la buena política está basada en el amor, la caridad, la solidaridad y la subsidiariedad, pues una visión que supera toda visión individualista nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar el bienestar de todas las personas.



CAPÍTULO SEXTO: Diálogo y amistad social

El diálogo es el primer paso para acercarnos, expresarnos, conocernos, tratar de comprendernos y buscar puntos de contacto. Sin embargo, el Papa asegura que no debemos de confundir diálogo con “un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre confiable”.

El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. No obstante, el Pontífice advierte de los riesgos del relativismo que, disfrazado de tolerancia, “termina facilitando que los valores morales sean interpretados por los poderosos según las conveniencias del momento”.

“El diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y que no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas”.

El Papa Francisco propone cambiar la “falsa tolerancia” por un “realismo dialogante”, donde podemos ser fieles a nuestros principios, pero reconociendo que el otro también tiene el derecho de tratar de ser fiel a los suyos. Esto será posible si practicamos la amabilidad, pues ésta facilita “la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes”.



CAPÍTULO SÉPTIMO: Caminos de reencuentro

El Papa Francisco recuerda en esta encíclica que el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. “Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza”. Y para este proceso es indispensable la transparencia y la preservación de la memoria histórica, pues “la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia”.

Si bien el perdón es indispensable para la búsqueda activa de la reconciliación, el Papa recuerda que perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás. El perdón reclama la necesidad de que se exija justicia. La clave, asegura el Papa, está en “no hacerlo para alimentar una ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, o por una necesidad enfermiza de destruir al otro que desata una carrera de venganza”.

El Papa también habla de la guerra, a la que califica como una amenaza constante, lejos de ser un fantasma del pasado. Asegura que no es posible sostener el concepto de “guerra justa” y hace un llamado a la eliminación total de las armas nucleares y propone usar ese dinero para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los países más pobres.

Sobre la pena de muerte, el Santo Padre reafirma el rechazo histórico y total de la Iglesia a esta práctica. “El firme rechazo de la pena de muerte muestra hasta qué punto es posible reconocer la inalienable dignidad de todo ser humano y aceptar que tenga un lugar en este universo. Ya que, si no se lo niego al peor de los criminales, no se lo negaré a nadie, daré a todos la posibilidad de compartir conmigo este planeta a pesar de lo que pueda separarnos”, escribe el Papa.



CAPÍTULO OCTAVO: Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo

En este capítulo, el Papa Franciso asegura que las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad.

El Papa asegura que la Iglesia católica valora la acción de Dios en las demás religiones, y no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Hace también un llamado al respeto de la libertad religiosa. Esa libertad proclama que podemos encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes.

Sobre la violencia y el terrorismo religioso, el Santo Padre advirtió que “el culto a Dios sincero y humilde no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos”.

Casi al final del capítulo, el Papa retoma su llamado a difundir la cultura de la tolerancia, la convivencia y de paz que plasmó en el Documento sobre la hermandad humana por la paz mundial y la convivencia común, que firmó de forma conjunta con Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib en febrero de 2019. Además, asegura que se sintió inspirado en el pensamiento de “otros hermanos que no son católicos”, como Martin Luther King, Desmond Tutu y Mahatma Mohandas Gandhi.

Concluye esta encíclica con una reflexión en torno al beato Carlos de Foucauld, a quien describe como “una persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos”.

“Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos». Quería ser, en definitiva, «el hermano universal». Pero sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén”.



DIEZ PUNTOS CLAVE DE LA ENCÍCLICA «FRATELLI TUTTI»:

Algunos estudiosos del tema han propuesto 10 puntos clave que el Papa propone y que vale la pena repasar para entender el documento. Las comparto aquí y al final viene la liga para leer o descargar el documento:

1.- IDEOLOGÍAS Y CONFLICTOS

«La historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos».

«En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales».

2.- EL MUNDO TRAS EL CORONAVIRUS

«Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta».

«Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros».

3.- DERECHOS SIN FRONTERAS

«Entonces nadie puede quedar excluido, no importa dónde haya nacido, y menos a causa de los privilegios que otros poseen porque nacieron en lugares con mayores posibilidades».

«Los límites y las fronteras de los Estados no pueden impedir que esto se cumpla. Así como es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer, es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo».

4.- MIGRANTES

«Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos».

5.-EL MERCADO SOLO NO RESUELVE TODO

«El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente».

«La fragilidad de los sistemas mundiales frente a la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado»

6.- NO HAY GUERRAS JUSTAS

«Es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible guerra justa, a pesar de que en el catecismo se hable de la posibilidad de la legitima defensa mediante la fuerza militar»

7.- REFORMA DE LA ONU

«Es necesaria una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, así como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones».

Es decir que «se eviten que se trate de una autoridad cooptada por unos pocos países, y que a su vez impidan imposiciones culturales o el menoscabo de las libertades básicas de las naciones más débiles a causa de diferencias ideológicas».

8.- EL POPULISMO

«Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo (...) Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder».

9.- LA POLÍTICA NO ESTA AL SERVICIO DE LA ECONOMÍA

«La política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia».

10.- LAS RELIGIONES AL SERVICIO DE LA FRATERNIDAD

«Las distintas religiones (...) ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad. El diálogo entre personas de distintas religiones no se hace meramente por diplomacia, amabilidad o tolerancia».



FINALMENTE:

El Papa Francisco, sobre esta Encíclica comentó en el Angelus del 4 de octubre de 2020: «Los signos de los tiempos muestran que la fraternidad humana y el cuidado de la creación son el único camino hacia el desarrollo integral y la paz».



Padre Alfredo.

«¿Qué es una Encíclica»... Una breve explicación e historia.


En la antigua iglesia cristiana, una encíclica era una carta circular enviada a todas las iglesias de una zona. En ese momento, el término podía utilizarse para una carta enviada por cualquier obispo a sus fieles. La palabra proviene del latín «encyclia» y del griego «egkyklios» que significa «envolver en círculo», que es también el origen de la palabra "enciclopedia". La Iglesia Católica Romana en general, sólo utiliza este término para las encíclicas papales, pero la Iglesia Ortodoxa Oriental y de la Comunión Anglicana mantienen el uso antiguo.

Las encíclicas tienen su origen en las epístolas del Nuevo Testamento y es el documento más importante que escribe el Pontífice. Suele estar redactada en latín, el idioma oficial de la Santa Sede, y traducida a las principales lenguas del mundo y su título se toma de las primeras palabras del documento.

Una Encíclica, en la época actual, es una carta circular solemne del Papa, sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica dirigida por el Papa a los obispos, fieles católicos de todo el mundo y a los hombres de buena voluntad. En el encabezado de la Encíclica se suele manifestar a quienes se dirige, y cada uno, según su estado o situación, dentro o fuera de la Iglesia, debe acogerla de una manera particular. El Papa la escribe y, específicamente, invita a abrir un diálogo sincero, porque entiende que los asuntos que trata nos conciernen a toda la humanidad y no solo a una parte.

Debido a su importancia y la verdad que contienen, todo fiel debe concederle a las encíclicas asentimiento, obediencia y respeto. El Papa Pío XII observó que las encíclicas, aunque no son la forma usual de promulgar pronunciamientos infalibles, sí reflejan el Magisterio Ordinario de la Iglesia y merecen ese respeto de parte de los fieles, (Humani generis, 1950).

Podemos decir que la Encíclica tiene, hoy por hoy, un carácter universal, abierto, y que pretende dar luz, dentro del Magisterio Ordinario del Papa, a distintas situaciones de actualidad, tanto desde el carácter doctrinal o moral, como desde su posición como Pastor de la Iglesia, pero también como interlocutor con la sociedad y con el mundo actual.

La primera de la historia de la Iglesia fue escrita por el papa Benedicto XIV en 1766. Uno de los papas más prolíficos en encíclicas fue León XIII (1878-1903), que escribió 86. Pío X (1903-1914) redactó 16 y Benedicto XV (1914-1922) catorce. Pío XI (1922-1939) escribió 30, Pío XII (1939-1958) 41 y Juan XXIII (1958-1963) ocho. Pablo VI (1963-1978) redactó siete y a Juan Pablo I (1978-1978) no le dio tiempo a escribir, ya que falleció a los 33 días de ser elegido Papa. 

En sus casi 27 años de pontificado Juan Pablo II (1978-2005) elaboró 14, comenzado con la «Redemptor hominis», del 4 de marzo de 1979, apenas cinco meses después de su elección como Pontífice, en la que trazó los principios de su ministerio papal. Su última encíclica fue «Ecclesia de Eucaristia», publicada en abril de 2003, en la que trató sobre la Eucaristía.

Benedicto XVI presentó tres encíclicas: «Deus caritas est» (Dios es amor, el 25 de diciembre de 2005), sobre el amor y la caridad eclesiástica; «Spe salvi» (Salvados en la esperanza, el 29 de junio de 2009), sobre la esperanza cristiana; y «Caritas in veritate» (Caridad en la verdad, el 29 de junio de 2009), de carácter social. 

El Papa Francisco ha escrito tres: «Lumen fidei» (2013), iniciada por el papa Benedicto XVI; «Laudato si» (2015) y «Fratelli Tutti» (2020).

Padre Alfredo.

El proceso de canonización explicado...