martes, 1 de noviembre de 2022

«Las bienaventuranzas, un regalazo del Señor»... Un pequeño pensamiento para hoy


Las bienaventuranzas han sido siempre el leitmotiv de la vida de los santos, de los beatos, de los venerables, de los siervos de Dios y de todos aquellos que quieren comprometerse, sea cual sea su vocación, a seguir a Cristo e imitarle en todo. Hoy que celebramos la solemnidad de todos los santos, la Iglesia nos coloca el pasaje de las bienaventuranzas en san Mateo (Mt 5,1-12) como centro de la liturgia de la Palabra que nos motive a imitar a todos aquellos que las han hecho vida y por eso han alcanzado la plena felicidad. Y es que ser bienaventurado es ser feliz por la recompensa de Dios que viene no por portarse bien, sino por ser como Jesús y por responder con fe a sus demandas. Las bienaventuranzas son los principios o valores del reino de Dios; son el espíritu del Evangelio. Cada bienaventuranza es un rasgo del carácter de Cristo y una huella de su obra en la vida de sus discípulos–misioneros.

Escribiendo a uno de los seminaristas Misioneros de Cristo, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento le anota: «El Evangelio es la buena nueva, es la Persona misma de Jesús, es vivir la vida de Jesús en todas las circunstancias radicalmente, reproducir en ti sus mismos criterios, actitudes, respuestas, impregnarse de Él; ¿Cómo era Cristo? ¿Cómo actuaba? ¿Cómo oraba?… en una palabra: vivir las bienaventuranzas, el sermón de la montaña». (7 de julio de 1980). Y es que ella comprendió siempre muy bien que allí está la clave de esa felicidad a la que todos estamos llamados. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que las Bienaventuranzas son la respuesta «al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer». (Catecismo de la Iglesia Católica 1718).

Si alguien nos pregunta: ¿Qué hay que hacer para ser buen cristiano?, en las bienaventuranzas tenemos la respuesta de Jesús que nos indica estas cosas a contracorriente respecto a lo que habitualmente se hace en el mundo. Aquí está el ideal que intenta superar el egoísmo individual y colectivo para llegar a la solidaridad que el mundo busca. Aquí está el ideal para suprimir la violencia para construir la concordia y la paz. Aquí está el ideal para eliminar los determinismos, a fin de conseguir la plena libertad y la verdadera felicidad. Que María santísima nos ayude con su gracia a vivir las bienaventuranzas para edificar la civilización del amor con la que el Reino de Dios se empieza a vivir desde este mundo. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

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