Contrastando con esta actitud de los escribas y fariseos está el estilo que enseña Jesús a los suyos. El Señor quiere que seamos como árboles que no sólo presenten una apariencia hermosa, sino que demos frutos. Que no sólo «digamos», sino que «cumplamos la voluntad de Dios». Exactamente como él, que predicaba lo que ya cumplía.
Actualmente enfrentamos un reto similar al que enfrentó Jesús: hay quienes guían a la comunidad, movimiento o grupo parroquial, pero que, en verdad, están lejos de vivir lo que enseñan. No debemos olvidar nunca que el maestro, la doctrina y la autoridad siguen siendo Jesucristo y su Evangelio. A la luz de Él y de su Palabra, con la ayuda de María santísima, la comunidad ha de discernir el verdadero camino de vida. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
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