jueves, 16 de julio de 2020

«Nuestra Señora del Carmen»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es la fiesta de la Virgen del Carmen. Esta conmemoración es una de las celebraciones marianas más populares y más queridas en el pueblo de Dios. Casi espontáneamente nos traslada a la tierra de la Biblia, donde en el siglo XII un grupo de ermitaños comenzó a venerar a la Virgen en las laderas de la cordillera del Monte Carmelo, que tengo la dicha de conocer. De este pequeño grupo de hermanos, reunidos junto a la fuente de Elías, nacerá lo que hoy es la Orden de los Carmelitas, consagrada a la Virgen del Monte Carmelo, Madre del Señor. En la Escritura se hace referencia muchas veces a la vegetación exuberante del sagrado monte del Carmelo (cf. Is 35,2; Cant 7,6; Am1,2), ligado desde antiguo a la experiencia de Dios a través de la vida y el ministerio del profeta Elías (1Re 18,19-46). La frondosidad y la belleza del Carmelo evocaban aquella otra belleza que adornó siempre a María: su docilidad a la palabra de Dios, su oración callada y su fe inquebrantable. A ella se le pueden aplicar con razón las palabras del profeta Isaías: «Le han dado la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón» (Is 35,2).

El Evangelio de hoy (Mt 11,28-30), nos pone a Jesús hablándonos con sencillez y haciéndonos una invitación: «Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera» y yo me pregunto: ¿Quién de nosotros no está ahora cansado y agobiado en medio de esta adversa situación que vivimos por la pandemia de este coronavirus que parece haberse querido instalar en nuestro mundo? Jesús nos invita a ir a Él y si lo vemos en la imagen de Nuestra Señora del Carmen lo vemos en brazos de su Madre en donde también nosotros encontraremos paz y tranquilidad. El escapulario de la Virgen del Carmen nos recuerda que María acompaña a los discípulos–misioneros de su Hijo, que anuncian la salvación en tierras de misión y desde las redes sociales, como ahora lo hacemos nosotros en esta dura realidad. Ella acompaña a cuantos dan testimonio del Evangelio en medio de este descreído mundo de nuestra sociedad materialista y enferma no solo de Covid-19, sino de egoísmo, envidia, soberbia y no sé cuántas cosas más.

Yo les invito a mirar detenidamente la imagen de Jesús Niño en brazos de Nuestra Señora del Carmen deteniéndonos especialmente en su rostro, feliz en el regazo mariano y como diciéndonos: «Yo less daré respiro»... «les procuraré una pausa»... «para que su carga sea más llevadera». Y les invito a que junto a María, a Nuestra Señora del Carmen le digamos al Señor: «Oh, Dios todopoderoso y eterno, alivio en la fatiga, fortaleza en la debilidad; de Ti todas las criaturas reciben aliento y vida. Venimos a Ti para invocar tu misericordia porque hoy conocemos de nuevo la fragilidad de nuestra condición humana al vivir la experiencia de una nueva epidemia viral. Te confiamos a los enfermos y sus familias, sana su cuerpo, mente y espíritu. Ayuda a todos los miembros de la sociedad a hacer lo que deben y a reforzar el espíritu de caridad entre ellos. Cuida y conforta a los médicos y profesionales de la salud en el desempeño de su servicio. Tú que eres la fuente de todo bien, bendice con abundancia a la familia humana, aleja todo mal de nosotros y concede una fe firme a todos los cristianos. Libéranos de esta epidemia que nos golpea para que podamos volver en paz a nuestras ocupaciones habituales para así alabarte y darte gracias con un corazón renovado. En ti, Padre santo, confiamos y a ti dirigimos nuestra súplica porque tú eres el autor de la vida, con tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y en la unidad del Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. ¡María, Señora del Monte Carmelo, salud de los enfermos, ruega por nosotros! ¡Bendecido jueves!

Padre Alfredo.

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